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domingo 19 de agosto de 2018

Reportajes
13/07/2018

Menor demanda, pero más sostenible, de alimentos

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

La OCDE-FAO ha publicado el informe “Agricultural Outlook 2018-2027” (Perspectivas Agrícolas 2018-2027), un trabajo conjunto de ambas instituciones que cuenta con la aportación de expertos de los gobiernos de sus países miembros, así como de organizaciones especializadas en productos alimentarios básicos.  Proporciona una evaluación consensuada de las perspectivas a 10 años de los mercados de productos agrícolas y pesqueros en los niveles nacional, regional y mundial.

En este amplio informe se enfrían las expectativas de futuro y se da una voltereta considerable (no de 360º, pero casi) a lo que muchos han venido repitiendo y que se ha convertido en un mantra: la población mundial crecerá desde 7.000 millones a 9.000 millones de personas en 2050 y para alimentar a esa creciente población se necesitará crecer/producir un 70% más que ahora en un entorno muy limitado y cada vez más escaso de recursos naturales, en el que la aplicación de la tecnología y de la innovación serán claves para incrementar la eficiencia y la productividad primaria en la producción de alimentos.

Nadie pone en duda que la innovación y la tecnología aplicada a la producción de alimentos continuarán siendo totalmente determinantes en esta próxima década y más allá. Es un fenómeno imparable, como venimos demostrando a través de los trabajos que se desarrollan en ese foro que es el Grupo de Innovación Sostenible (GIS)*, del que forman parte empresas agroalimentarias, centros de investigación, universidades y Administraciones públicas.  

Esto es así, porque solo hay una verdad: estamos en un Planeta en el que esos recursos naturales (tierra, agua dulce, aire, bosques, biodiversidad), vitales para nuestra producción agroalimentaria, dan señales de preocupante agotamiento. Lo que no contraviene esas nuevas formas “tecnológicas” de producir o reproducir, mejor dicho, alimentos en laboratorios sin apenas necesidad de esos recursos, que ya existen y llegarán.

José Graziano da Silva, director general de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), afirma que “la Revolución Verde del siglo pasado incrementó notablemente la capacidad del Planeta para alimentarse a sí mismo, pero ahora necesitamos una revolución de sostenibilidad, que incluye hacer frente a unos sistemas agrícolas con un uso intensivo de insumos y recursos con un alto coste para el medio ambiente. Necesitamos adoptar sistemas alimentarios sostenibles que ofrezcan alimentos saludables y nutritivos, al tiempo que se preserva el medio ambiente y la biodiversidad.”

¿Pero qué se deriva de ese informe para que saquemos tales conclusiones?  Pues bien, ahí se resume que una década después de las bruscas alzas en los precios de los alimentos en los años 2007 y 2008, las condiciones de los mercados agrícolas mundiales son muy diferentes.

La producción de la mayoría de los productos básicos aumentó mucho y en 2017 alcanzó cifras inusitadas en la mayoría de los cereales, los diversos tipos de carnes, los lácteos y el pescado, en tanto que las reservas de los cereales ascendieron a niveles sin precedentes. Al mismo tiempo, el crecimiento de la demanda comenzó a debilitarse –el ritmo de aumento en los próximos diez años será la mitad que en el último decenio en cereales, carne y pescado-.

Demanda más débil y bajos precios

Gran parte de ímpetu de la demanda durante la década pasada se debió al crecimiento ingreso “per capita” en China, que estimuló el consumo de carne, pescado y forraje por parte de dicho país. (Sin embargo), esta fuente de crecimiento de la demanda se está desacelerando y las nuevas fuentes de demanda mundial no son suficientes para mantener el crecimiento general.

Como resultado, según la OCDE/FAO, se espera que los precios de los productos agrícolas sigan bajos y, asimismo, dados los altos niveles de reservas, es poco probable que ocurra un repunte en los próximos años.

No estaríamos ante una caída de la demanda mundial de productos básicos, sino ante un crecimiento más débil de la misma que, según OCDE/FAO, “persistirá durante la próxima década”. El aumento de la población será el principal motor impulsor del aumento del consumo de la mayoría de los productos, aunque se prevé que la tasa de crecimiento demográfico baje, y se espera que el consumo “per capita” de muchos productos permanezca sin cambios en términos mundiales, en alimentos básicos como los cereales, raíces y tubérculos, cuyos niveles de demanda se acercan ya a los de saturación en muchos países.

En cambio,  la previsión es que el aumento de la demanda de productos cárnicos se desacelere, debido a la variación regional en preferencias y restricciones del ingreso disponible, en tanto que la demanda de productos animales, como los lácteos, continuará creciendo rápidamente en la próxima década. En otros productos, como el azúcar o los aceites vegetales, se espera un aumento del consumo “per capita” en los países en desarrollo.

En conjunto, el informe de la OCDE/FAO proyecta que la producción agrícola y pesquera mundial aumente alrededor del 20% en la próxima década, aunque con grandes variaciones entre las diferentes regiones. Se espera un fuerte crecimiento en África subsahariana, Asia del Sur y del Este y la región de Oriente Medio y África del Norte.

Por el contrario, el incremento productivo será menor en el mundo desarrollado, en especial en Europa Occidental, y se deberá principalmente a la intensificación y a las ganancias en eficiencia (aquí la innovación tecnológica aplicada será clave) y, en parte, al aumento de la base productiva mediante la expansión de los rebaños y la conversión de terrenos de pasto en terrenos de cultivo.    

Vulnerabilidad comercial

En el plano comercial, el estudio proyecta que las exportaciones de casi todos los productos agrícolas se mantendrán concentradas entre grupos estables de países proveedores clave, con la presencia emergente de la Federación de Rusia y Ucrania en los mercados mundiales de cereales. “Es posible que la alta concentración de mercados de exportación aumente la vulnerabilidad de los mercados mundiales a los “shocks” de oferta, debido a factores naturales y de políticas públicas.”

Y apunta ya algo que está de plena actualidad con la política comercial proteccionista de los  Estados Unidos de Donald Trump: “más allá de los riesgos tradicionales que afectan a los mercados agrícolas, hay crecientes incertidumbres respecto a la posibilidad de que el proteccionismo aumente a nivel mundial”. Más aún cuando “el comercio agrícola es un elemento importante para garantizar la seguridad alimentaria, lo cual resalta la necesidad de un entorno de políticas comerciales favorecedoras.”    

Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) señaló que “mientras se prevé un incremento de las exportaciones totales de países y regiones con gran superficie terrestre, sobre todo  en las Américas, muchos países más pobres, con población en aumento y recursos de tierra limitados, serán cada vez más dependientes de las importaciones de alimentos para nutrir a su población. Será esencial que tanto exportadores, como importadores tengan acceso a un entorno abierto y predecible de políticas comerciales.”                                                      

José Graziano da Silva añadió que “las barreras comerciales podrían afectar a algunos productos agrícolas, sobre todo con altibajos de precios y con una desestabilización de la producción y del aprovisionamiento.”  Ciertas zonas, como Oriente Medio y el Norte de África (MENA), con población en aumento y unos recursos limitados de tierras disponibles, seguirán tanto o más dependientes de las importaciones de alimentos en los diez próximos años, como en los diez últimos, por lo que instó a “refundar las bases del multilateralismo y a reforzar el papel de la Organización Mundial de Comercio (OMC) para abordar posibles contenciosos.”  

En los países MENA más del  70% de la demanda de carne, más del 75% de la leche y más del 90% del pescado tienen que importarse, pero también casi el 50% del arroz y, con carácter general el 40% de los cereales, añadió Da Silva.

*El Grupo de Innovación Sostenible (GIS) para el sector alimentario es un foro de trabajo y punto de encuentro interprofesional e interinstitucional, referente de esta materia en España. Su objetivo fundamental es apoyar a aquellas empresas o instituciones que apuestan por la innovación aplicada en el sector agroalimentario y, sobre todo, por trasladarla a una sociedad que desconoce en muchos casos el esfuerzo que realizan cada año para satisfacer sus necesidades y hacerlo de forma sostenible. Estamos presentes en todos los eslabones de la cadena agroalimentaria, desde el sector productor hasta la distribución, pasando por la industria transformadora y llegando incluso, si fuese necesario, a la restauración. Además, estamos también en contacto con las Administraciones Públicas nacionales y autonómicas, y con los medios de comunicación generalistas y especializados, para cerrar sinergias que permitan un trabajo conjunto y  en la misma dirección. Todo para lograr un espacio de diálogo entre los diversos agentes e interlocutores que facilite una visión holística de toda la cadena agroalimentaria.

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