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viernes 24 de mayo de 2019

Alimentos

¡Qué no falte una buena copa de vino en tu mesa!

Aunque no existe unanimidad sobre el lugar en el que comenzaron a cultivarse las primeras viñas en España, diversas fuentes aseguran que la tradición vinícola de nuestro país dio comienzo en el litoral sudoccidental andaluz hace 3.000 años cuando los fenicios ocupaban la Península.

Desde entonces, el vino ha sido un alimento esencial en nuestra mesa que forma parte de nuestra cultura. Cada vino con sus peculiaridades y características enriquece cada plato de nuestra cocina, de hecho forma parte de la Dieta Mediterránea.

Tipos de Vino

Según su método de elaboración el vino se pude clasificar en:

- Vinos tranquilos: generalmente suelen ser vinos secos. Dentro de esta clasificación se encuentran los vinos blancos, los vinos tintos y los rosados.

- Vinos especiales: estos vinos suelen ser dulces o semidulces y tienen un elevado contenido en alcohol.

Asimismo, estos se clasifican en función de su período de reposo en bodega.

- Vinos jóvenes: no han estado criados en madera y conservan las características de las uvas de las que se elaboran. Se deben consumir preferentemente a los 12 ó 14 meses de su vendimia.

- Vinos de crianza: son vinos que han pasado tiempo de crianza en madera y/o botella. Se pueden consumir a más largo plazo, entre 3 y 10 años. Suelen ser vinos tintos.

Por su grado de dulzor, los vinos los podemos catalogar como:

- Vinos secos: contienen menos de 5 gramos por litro de azúcares.

- Vinos semisecos: contienen de 5 a 15 gramos por litro de azúcares.

- Vinos abocados: contienen de 15 a 30 gramos por litro de azúcares.

- Vinos semidulces: contienen 30 a 50 gramos por litros de azúcares.

- Vinos dulces: contienen más de 50 gramos por litro de azúcares.

El vino, protector del sistema cardiovascular

La costumbre de acompañar la comida con un vaso de vino se ha convertido en un hábito con efectos beneficiosos sobre la salud. Numerosos estudios destacan el efecto protector del vino sobre el sistema cardiovascular, ya que beber vino con moderación reduce la mortalidad por infarto y las enfermedades cardiovasculares en general.

Además, el vino es un poderoso antioxidante y antiinflamatorio por lo que actúa como inhibidor en las primeras fases de la arterioesclerosis, una enfermedad inflamatoria de las arterias.

¿Cómo combinar una comida con un buen vino?

Tradicionalmente se ha asociado vino tinto con carne y vino blanco con pescado, pero la multitud de bodegas y marcas existentes en el mercado enriquecen la variedad de vinos y por supuesto nuestra gastronomía.

A la hora de escoger un vino, el tipo de plato que se cocina es importante pero también lo es la manera en la que ha sido cocinado. Las reglas generales de combinación son las siguientes:

Los vinos tintos ligeros son aconsejables para acompañar al cordero asado, a la carne de ternera, a la de ave, las pastas o las verduras, por ejemplo.

En el caso de los vinos tintos de cuerpo (crianza, reserva, gran reserva) son idóneos para acompañar guisos y estofados, platos a base de caza o quesos fuertes.

Todos los pescados no requieren un vino blanco, aunque sí es aconsejable decantarse por un vino blanco si lo que vamos a cocinar es un pescado blanco o marisco. Los vinos blancos secos ligeros son complemento perfecto de las ostras, la langosta a la plancha, los langostinos, las gambas y los mariscos en general.

Los vinos blancos secos son los acompañantes ideales de los calamares, los pescados cocidos en general, los fritos o asados, el centollo o las sopas con base de pescado.

Y para los postres con chocolate, hojaldre o bizcocho son muy aconsejables los vinos dulces.

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