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jueves 18 de abril de 2019

Opinión
10/04/2019

Asegurar el seguro agrario

Vidal Maté. @trigo_limpioVM

Las compañías de seguros andan estos días cruzando los dedos ante la posibilidad de que en este ejercicio se multipliquen los pagos por indemnizaciones ante los daños provocados por la sequía en algunas zonas antes de la llegada de estas lluvias y, sobre todo, por el importante adelanto de la floración en frutas y viñedo, las heladas habidas ya en las últimas semanas en más de 12.000 hectáreas y, sobre todo, por las que se temen para las próximas que volverían a desajustar más gravemente las cuentas entre ingresos por primas e indemnizaciones.

Los agricultores insisten en sus quejas por la subida del importe de las primas soportada en los últimos años por el ajuste de ayudas, especialmente en líneas como herbáceos o frutales y, aunque a regañadientes, siguen rellenando sus pólizas. Es lo que les queda.

Desde la Administración central se mantiene la partida ya histórica de los211 millones, no porque su montante sea elevado, sino simplemente por el tiempo que lleva estabilizada, cifra a la que necesariamente se han tenido que sumar en los últimos años diferentes partidas de créditos extraordinarios para evitar nuevas subidas de primas, medida a la que se han subido con apoyos de diferente intensidad las Comunidades Autónomas.

En conjunto, tres datos, unos con miedo a seguir tirando de reservas, otros descontentos/resignados y otros arañando partidas, que pondrían de manifiesto la existencia, por razones diversas, de síntomas de que algo no marcha como debiera o como marcaban los patrones en la política del seguro agrario y que necesitaría de debates y, de respuestas equilibradas para asegurar el futuro del seguro, si de verdad es cierto que estamos ante nuevos riesgos climáticos.

Desmantelados los mecanismos para la regulación de los mercados que contribuían a una defensa de los ingresos de las explotaciones y sin disponer de  estructuras organizativas suficientes para operar  en los mismos desde posiciones de fuerza,  el seguro agrario se mantiene como uno de los mecanismos importantes de apoyo a las rentas del sector agrario, pero donde debe existir siempre un equilibrio entre los intereses de los agricultores por el importe de las primas y  sus coberturas y, obviamente considerando igualmente los intereses de  las compañías   aseguradas que no van de ONG, como las empresas de semillas, sino para

Cuarenta años de vida, aunque se han producido  modificaciones y ajustes, son un   periodo suficiente como para sacar conclusiones sobre su desarrollo en el pasado y  ante la necesidad de  hace frente a un futuro marcado por nuevos escenario de siniestralidad que unos ven como oscilaciones normales y otros como los efectos visibles del calentamiento  o el cambio climático.

Durante los últimos cinco años, el volumen de las pólizas contratadas ha experimentado un descenso del 8% desde unas 450.000 a  la 420.000  del último ejercicio probablemente por el aumento medio de las primas ante la reducción de las  ayudas.

En el mismo periodo, por el contrario, se ha registrado un incremento del 26%  del capital asegurado pasando el mismo de 11.000 a más de 14.000  millones de euros. Entre 2014 y 2018 el montante de las primas  percibidas por las  empresas aseguradoras  creció más del 25% pasando de 586 a 755 millones de euros. La evolución de las diferencias entre primas cobradas y pagos es lo que trae a las aseguradoras por la calle de la amargura. En 2014 el montante de las primas fue de 586 millones  frente a pagos de 497 millones en siniestros. En 2015 las primas se fueron a 664 y la siniestralidad a 487 millones. En 2916, con unas primas de 720 millones los pagos ascendieron a 486  millones. En 2017 con primas de 789 millones  los pagos ya se elevaron  a los 737 millones y en 2018,  con unas primas  de 755 millones, los siniestros ya ascendieron a la misma cantidad, circunstancia que,  para el funcionamiento de la actividad de las  empresas  supuso tirar de reservas.

En total, en ese periodo, la diferencia bruta entre las primas cobradas y pagos en siniestralidad sumaron  550 millones de euros, un buen  colchón para asumir otros gastos de la actividad. Las alarmas en las compañías aseguradoras han saltado  este año ante el temor a que con unas primas  similares se disparen los daños por siniestros ante la excepcionalidad de las condiciones climatológicas.

Guardando la casa, con las ayudas a las primas congeladas, desde las aseguradoras  se trata  de buscar una salida logrando el equilibrio entre primas y pagos por siniestros en  cada una de las  producciones y tipos de cobertura, lo que supondría un fuerte encarecimiento de  las más negativas.  Tras años  de clamar por una mayor universalización del seguro para lograr el equilibrio entre todos los sectores,  desde las aseguradoras y desde   las propia Administración, parece se habría renunciado ya a ese objetivo y se entiende que uno no asegura  una producción cuando históricamente no ha tenido ese riesgo, como uno no asegura  una piscina contra incendios.

En todo caso, con  el cambio climático o el  calentamiento global, a la sombra de  alta siniestralidad por circunstancias extremas, el seguro  se   verá forzado a nuevos debates- ajustes. Pero, por su importancia para el sector agrario, es  importante asegurar también su futuro para que  agricultores y ganaderos puedan seguir pagado primas ajustadas  a las coberturas que necesitan y  que las aseguradoras saquen también el jornal a sus riesgos y a su trabajo.

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