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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

11 DE junio DE 2019

La calidad tenía un precio

Vidal Maté. @trigo_limpioVM

Es un dato objetivo que existe una mayor sensibilización entre los consumidores para la adquisición de productos más sanos o de una mayor calidad y ahí están, no solo los datos sobre la evolución de este tipo de oferta por parte del sector agrario y de la industria, productos bio, ecológicos, integrados, bajos en, sin, y sobre todo, el tratamiento que cada vez dan a los mismos en sus lineales a los grandes grupos de la distribución.

Es un hecho que hay una mayor sensibilización en la sociedad en defensa del bienestar animal, en contra del maltrato de los animales, de las producciones intensivas donde los animales puedan ser considerados como tornillos, y que aumenta la demanda de productos de cabañas bien tratadas, donde los animales vivan relajados, que pasten en libertad y que su crianza sea lo más natural en el tiempo.

En función de esa nueva demanda y la mayor sensibilización de la sociedad, en unos casos dando cumplimiento a disposiciones comunitarias y en otros simplemente respondiendo a esa demanda social,   diferentes cabañas ganaderas tuvieron que hacer frente en los últimos años a elevadas inversiones para que los cerdos tuvieran más metros para moverse en las granjas, para que los pollos pudieran pasearse por el suelo de los gallineros sin agobios de espacio y pastar en el campo o para que las gallinas dejaran de poner huevos en batería y en formación y pasaran igualmente a paseantes de gallinero de corral.

La gran distribución ha sugerido recientemente a interprofesionales ganaderas la posibilidad de que los sectores establecieran un sello de calidad diferenciada con una certificadora reconocida que fuera más allá del cumplimiento estricto de las disposiciones comunitarias sobre el bienestar animal y la bioseguridad de las producciones, algo en cuya reglamentación se halla trabajando el sector con el porcino a la cabeza, pero que contemplaría ese tipo de condiciones para cada una de las cabañas. Dar un plus de imagen a la calidad y se debería entender que también con un mayor precio que apoyaría esa misma distribución que sugirió la idea.

Es bueno el interés de la gran distribución por ofrecer a los consumidores eso que demandan en materia de calidad, de seguridad alimentaria o de bienestar animal. Los más ágiles en ese circo de la gran distribución se apuntaron los primeros en ofrecer los huevos de gallina que ya no está estresada en su jaula, a las leches de pasto o de pastoreo, los pollos de pueblo cuya calificación formal no existe o los pollos de corral cuya denominación la registró en su día el grupo Coren. Todo de lo más natural. Pero, la apuesta hecha ya por una gran parte del sector agrario, ganaderos y agricultores, empeñados en producir menos, pero de mayor calidad tras un proceso de un mayor coste en infraestructuras y en el manejo diario, necesita, de entrada un precio que asegure su rentabilidad y su continuidad. No se puede reclamar la oferta que los consumidores demandan si no se remunera adecuadamente al inicio de la cadena y donde los márgenes que suponen los mayores precios de venta no se reparten mejor.

La calidad, el bienestar animal, la bioseguridad, las producciones ecológicas, las cabañas extensivas… tienen otra imagen ante la sociedad, pero también un mayor coste y un precio. Porque, de lo contrario, la falta de precios en origen habrá matado a las estrategias de calidad o de bienestar animal de industrias y de distribución por falta de productores.

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