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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

13 DE septiembre DE 2018

La seguridad alimentaria de la UE

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (AESA) presentó recientemente su tradicional y último informe sobre residuos fitosanitarios en alimentos, en este caso del año 2016. Este amplio estudio viene a confirmar, como se encargó de recalcar el comisario europeo de Sanidad, Vytenis Andriukatis, el elevado nivel de calidad y seguridad de los alimentos que consumimos en la Unión Europea y, por ende, el compromiso del sector productor agrario con este objetivo central.

Esto viene a cuento puesto que la sociedad civil muchas veces no es consciente de esta situación y solo se fija y pone atención sobre los puntuales escándalos sanitarios y fitosanitarios que en ocasiones salpican los medios de comunicación, pero no en todo lo bueno (con su coste económico, como es lógico) que la UE viene realizando en este ámbito. Aún más, se podría decir que, por lo general, la ciudadanía da por sentado lo de la seguridad alimentaria, cuando ni de lejos es así, sin ser consciente de los esfuerzos humanos y los costes y las exigencias económicas que todo ello supone. Todo lo que hay detrás para que un alimento llegue sano y seguro a nuestras mesas.

Pero hay decirlo y repetirlo una vez más. Como en años anteriores, el informe de la EFSA confirma el alto nivel de cumplimiento de los rigurosos estándares europeos de seguridad alimentaria, con datos 84.657 muestras analizadas por los Estados miembros de la UE, más Noruega e Islandia, y en las que se buscaron un total de 791 productos fitosanitarios.

El informe concluye que el 96,2% de los productos alimentarios de la Unión se encontraban dentro de los Límites Máximos de Residuos (LMRs) y un 50,7% estaban libres de residuos cuantificables.  Este porcentaje es ligeramente superior al de los años anterior, con un 97,2% en 2015 y un 97,1% en 2014, debido a que se incluyen nuevos productos fitoquímicos, como el clorato, que es analizado por vez primera.

El informe destaca también que el grado de cumplimiento fue mucho mayor en los productores europeos, llegó hasta el 97,6%, por debajo de los LMRs, frente a los de fuera de la UE o importados. En el caso de España los resultados estuvieron en línea con los de los demás países analizados, ya que de las 2.300 muestras de alimentos analizadas, el 96,8% se encontraba dentro de los límites máximos de residuos permitidos.

El 3,9% de las muestras analizadas de alimentos no trasformados contenía residuos que superaban su LMR, frente al 2,8% de los productos transformados

La AESA estima que los riesgos para la salud de los consumidores son bajos si se considera una “cesta de la compra”, compuesta por productos alimentos de consumo más habitual, por ejemplo de manzanas, repollo, pera, lechuga, melocotones, frescas, tomates, centeno, vino, leche de vaca y manteca de cerdo tanto a corto, como a largo plazo.

Buenas prácticas

Los LMRs son un índice que indica el correcto uso de los productos fitosanitarios, en el sentido de que en su aplicación se respetan las instrucciones que figuran en el etiquetado de los envases, tal y como fueron aprobados y autorizados. Los resultados del informe demuestran, a la vez, las buenas prácticas observadas por los agricultores en el manejo, aplicación y gestión de estos insumos clave para la sanidad de la producción agraria, siendo la mejor garantía de seguridad.

Los resultados de la evolución de la exposición alimentaria apoyan la conclusión de que la presencia de residuos en los productos cubiertos por el Programa Coordinado de Control de la Unión (EUCP) es poco probable que tenga efecto a largo plazo sobre la salud de los consumidores y que es baja la probabilidad de que la exposición a dichos residuos, que superen el umbral toxicológico para la exposición a corto plazo, puedan tener consecuencias negativas en la salud del consumidor.

El programa EUCP tiene como objetivo generar los datos de los indicadores que son estadísticamente representativos de superación de los LMRs para alimentos de origen vegetal y animal en el mercado común europeo, y que pueden ser utilizados para calcular la exposición real de los consumidores de la UE a tales residuos.

A este programa de control coordinado se suma el programa de control que lleva a cabo cada Estado miembro de la UE, en el que se analizan los niveles de residuos de productos fitosanitarios que pueden estar presentes en los alimentos comunitarios, pero también los de los alimentos importados procedentes de países terceros, los alimentos para bebés, los alimentos ecológicos y los productos de origen animal.

La EFSA destaca que en los alimentos importados, el 3,8% de las muestras analizadas en ese año presentaron niveles de residuos que superan los límites máximos fijados por la UE. Aunque teniendo en cuenta la incertidumbre analítica, el 2,2% de las muestras superaban claramente esos límites, lo que llevó a que se desencadenaran acciones legales o administrativas por parte de las autoridades de control fitosanitario pertinente.

Los productos alimentarios importados presentaron, según destaca el informe 2016 de la AESA, una tasa de no conformidad (respecto a los niveles autorizados de LMRs) bastante superior a los de la UE, llegando a ser del 7,2% sobre el total de muestras analizadas, frente al 2,4% de los alimentos comunitarios.

Los porcentajes más elevados llegaban de alimentos procedentes de países como Laos, Vietnam, China, Uganda, Sri Lanka, Tailandia, Pakistán, Camboya y Surinam. Y los productos frescos con niveles de rebasamiento más importantes, superiores al 10% del total analizado, fueron la albahaca, los berros, la fruta de la pasión, los tés, las hierbas frescas y flores comestibles, granadas, rúcula, okra, champiñones silvestres, hígado de ovino y de vacuno, perejil, nabos…etc.  En cuanto a los productos transformados, los que más frecuentemente superaron los LMRs de pesticidas fueron las hojas de parra, tomates, champiñones silvestres, pimientos, arroz, uva de mesa, maíz dulce y aceitunas de mesa.

También se analizaron casi 5.500 muestras de alimentos ecológicos y el 98,7% de las mismas (99,3% en 2015) se situó en niveles inferiores a los límites legales y el 83,1% estaba libre de residuos cuantificables.

En el 30,1% de las muestras de alimentos analizados se detectaron residuos de más de un fitoquímico, frente al 28% en 2015, más frecuente en la grosella espinosa (85,7%), lúpulo (81,8%), pomelo (73,1%), grosella (70%), moras (68,4%), uva de mesa (68,1%), frambuesa  (66,9%) y fresas (65,4%)

Desde 2015, la EFSA analiza con especial atención los residuos del polémico glifosato. En este último informe se señala que, en conjunto, el 3,6% de las muestras analizadas de alimentos contenían residuos cuantificables de este herbicida, sobre todo en cereales.

 

No bajar la guardia

A partir de los citados resultados, y a pesar de los elevados estándares exigidos y contemplados, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria no baja la guardia y lanza una serie de recomendaciones, que son más o menos habituales, para que se continúe con la mejora de la eficiencia de los sistemas europeos de control de residuos fitosanitarios en alimentos, con el fin de elevar aún más si cabe el nivel de protección del consumidor comunitario

Esta agencia llama también la atención en sus conclusiones de que una serie de sustancias no aprobadas se detectaron en varias ocasiones en muestras analizadas de productos de la UE, superando incluso en determinados casos el límite máximo de residuos, sobre todo en manzanas, frescas, lechuga, melocotones y tomates.

En concreto, en manzanas: carbendazima, difenilamina y propargita; en fresas: propargita, hexaconazol, dicofol, diclorvos y carbendazima; en lechuga: linurón; en melocotones: propargita y carbendazim, y en tomates: procimidona, carbaryl, clorfenapir, dicofol, hexaconazol, fenpropatrina y propargita.

La EFSA recomienda que, teniendo en cuenta que estos resultados dan una indicación de posibles usos indebidos de sustancias activas no aprobadas, los Estados miembros tendría que realizar un seguimiento de estas sustancias no autorizadas, investigando los motivos y tomando las medidas correctoras donde sea apropiado.

A partir de los citados resultados, y pese a los elevados estándares exigidos y contemplados, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria no baja la guardia y lanza una serie de recomendaciones concretas (punto 6 del informe) para que pueda continuarse con la mejora de la eficiencia de los sistemas europeos de control de residuos fitosanitarios en alimentos, con el fin de elevar aún más si cabe el nivel de protección del consumidor comunitario.

El informe de la EFSA entronca de manera directa con el objetivo de la Comisión Europea de seguir fomentando la confianza y seguridad en el procedimiento de la UE para la evaluación del riesgo en la cadena alimentaria aumentando la transparencia y la sostenibilidad, en un intento de hacerlo más eficiente, coherente y transparente con el objetivo último de generar, a su vez, confianza entre los consumidores, que deben conocer siempre la verdad a través de una mejor comunicación e información, y garantizar su viabilidad a largo plazo.

En esta línea, los productores agrarios, a través de las organizaciones agrarias y cooperativas de la UE en el COPA-Cogeca, se mostraron preocupados por la posibilidad de que la evaluación de los riesgos de los productos fitosanitarios se politice y, por ello, hicieron un llamamiento para que se vigilen que las decisiones relativas a la seguridad alimentaria se basan y se apoyan en pruebas científicas sólidas y para que la AESA siga desempeñando un papel central clave a la hora de proporcionar dictámenes científicos y sólidos y garantías plenas a los consumidores comunitarios.

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