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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

4 DE junio DE 2019

Aceite de oliva: dime de lo que presumes y te diré...

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

Dicen que quien ignora la Historia, lo que fue el pasado, está condenado a repetirlo y, a mayores, a sufrir sus consecuencias. Y eso parece que está volviendo a suceder en nuestro sector patrio de aceite de oliva, a tenor de los comentarios y de las opiniones vertidas y oídas durante la última edición ferial de Expoliva.

Se nos llena la boca, sobre todo a nuestros políticos, al decir que somos líderes del mundo mundial en superficie de olivar, producción, comercialización y exportación de aceite de oliva, y que superamos ya a Italia en todas esas facetas, pero somos incapaces y suspendemos irremediablemente en mantener unos precios en origen dignos y equilibrados. Unos precios que llevan a muchos oleicultores a plantearse qué está pasando que no les salen las cuentas, que gastan más y tienen más costes que nunca e ingresan menos, incluso teniendo una muy buena cosecha de aceituna.

Y lo que pasa es que la cadena de valor del aceite de oliva no funciona nada bien, porque a uno de sus eslabones se le deja al albur, a la intemperie, a que soporte todo el peso del resto. A esos otros eslabones esta situación les va de maravilla: tienen producción suficiente al precio que les da casi la gana para no solo mantener sus márgenes de rentabilidad y beneficio, sino incluso para aumentarlos, haciendo que el consumidor pague un poco menos de PVP en los lineales de la distribución para tenerlo a su lado o, al menos, no en su contra.

Es la ley de la oferta y la demanda, dirán algunos y con razón. Si la oferta no se sabe defender por sí misma (o no la dejan, Competencia está al loro), no van a venir otros, y menos nuestras Administraciones públicas por lo que se ve, a sacarle las castañas del fuego.

Primero, se vuelven a pedir ayudas para el almacenamiento privado de aceite de oliva, que lo único que lleva es a retirar coyunturalmente del mercado y con apoyo comunitario un volumen determinado de aceite de oliva para luego, pasado un tiempo, volver a soltarlo a ese mismo mercado, esperando una recuperación de los precios de venta.

Pero aquí surge el primer problema: cómo vamos a pedir a Bruselas que active esta medida si no se cumplen los requisitos reglamentarios: es decir, que los precios estén durante unas cuantas semanas en torno a unos “irreales” 1.779 €/tn para el virgen extra; a unos 1.710 €/tn para el virgen y a 1,524 €/tn para el lampante (B 1º), con recorte adicional de 36,7 €/tn por cada grado de acidez libre superior a 2 grados. Cómo se va a pedir, cuando se han constatado oficialmente unos costes medios de producción de entre 2.400 €/tn y 2.600 €/tn.

Y desde el MAPA se dice con cierta solemnidad: vamos a demandar a la Comisión Europea y al Consejo de Ministros de Agricultura una actualización de esos umbrales de precios de referencia, que desencadenan la medida de almacenamiento privado, porque son muy bajos y no responden a la realidad de la producción de aceite de oliva. Pero hombre, ¡cuántas veces lo hemos pedido y cuántas veces nos han ignorado o nos lo han denegado!  Ni se sabe. Y eso, menos mal, que somos con diferencia los líderes europeos y mundiales del sector, y se supone que tenemos algo que decir y peso suficiente como para demandar esto o aquello que consideramos de justicia universal.

La historia se repite

Baste recordar que, durante las negociaciones de la última reforma de la PAC de 2013, esa de la que tanto nos vanagloriamos por mantener el presupuesto comunitario para nuestros agricultores, el Gobierno del entonces ministro Miguel Arias Cañete puso sobre la mesa de forma reiterada su petición de que se actualizaran esos umbrales, que ya se encontraban entonces por debajo de los costes de producción. No hubo manera o presión suficiente o no se nos hizo caso. No cambió la situación y en esas aún estamos: volviendo a repetir la historia.

En estas circunstancias, sin dejar de exigir esa actualización (quizás para incluirla en la nueva reforma de la PAC en ciernes) y como ahora mismo la medida de almacenamiento privado de aceite de oliva no nos vale (vete a saber si dentro de unos meses, si siguen así de mal las cosas con la próxima cosecha, nos servirá), nos fijamos en otra medida que sobre el papel parece que permite la PAC actual: la autorregulación de la oferta. Una medida, vuelta a recordar, que ya se propuso y se intentó poner en marcha en el otoño de 2016, sin que fuera posible.

El objetivo de esta medida es reducir la gran volatilidad tanto de los precios en origen, como al consumo, con el fin de cumplir los objetivos de la PAC, establecidos en el artículo 39 del Tratado de la UE, en particular los referidos a estabilizar los mercados y asegurar el suministro de alimentos a precios razonables al consumidor.

La normativa actual (Reglamento (UE) 1308/2013, por el que se crea la Organización Común de Mercados Agrícolas (OCMA), en sus artículos 152 y 156 permite que sean las organizaciones de productores y sus asociaciones, así como las organizaciones interprofesionales, las que puedan llevar a cabo el almacenamiento con sus propios recursos.

En otras palabras, a diferencia de la medida de almacenamiento privado, no habría ayudas públicas para acometer una retirada puntual de producción de aceite de oliva, sino que tendría que ser el propio sector oleícola el que la financiase, estando perfectamente definida, limitada y acotada para que no venga la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) como Paco con las rebajas. Y, conociendo a nuestra CNMC nacional, aún así.

Aunque oficialmente no hay nada claro, parece ser que la Organización Interprofesional del Aceite de Oliva español, en la que están representadas todas las ramas de la producción, industria y comercialización, está dispuesta a respaldar la propuesta de autorregulación del sector, planteada ya en su día por Cooperativas Agro-alimentarias, por lo que ha pedido al Ministerio de Agricultura que “meta prisa” a Bruselas para que se pronuncie si no hay problema (legalmente y con la bendición de Competencia) de ponerse en marcha.

El propio Ministerio está estudiando (¡ah!, ¿pero no se había estudiado ya en 2016?) si es posible su aplicación y cómo hacerlo, puesto que se da por seguro que, de hacerse, se llevaría a cabo a través de una “extensión de norma”, aprobada por la Interprofesional, que obligaría a su cumplimiento a todo el sector.

Ganar tiempo

Entre que nos ponemos, nos sentamos y nos levantamos, estaríamos ante una medida que, como pronto, no se pondría en marcha (si es que finalmente se pone), antes del inicio de la nueva campaña 2019/20, a partir del 1 de octubre, con los olivares dispuestos para otra nueva cosecha.  A lo mejor, de lo que se trata en realidad es de ganar tiempo, a ver si la situación del mercado mejora y se resuelve por sí sola.

La variable de los precios en origen es solo una, quizás la más mediática, de lo que viene ocurriendo en este sector durante los últimos años, donde la comercialización, sobre todo la exportación, ha crecido de forma exponencial. En la actual campaña 2018/19 se da casi por seguro que se logrará un récord de envío de aceite de oliva al exterior de más de 1,2 millones de toneladas, pero veremos.

En el factor “precio” está incidiendo seguramente el factor estructural de las explotaciones de olivar, con unos costes de producción y unos rendimientos productivos muy heterogéneos, según se trate de un olivar tradicional en secano, en llano o en pendiente, de baja densidad y productividad, con demanda de mucha mano de obra, sobre todo en época de recolección, o se trate de un olivar de regadío localizado o por goteo, con fertirrigación, intensivo o superintensivo, en seto y totalmente mecanizado, con poco aporte de mano de obra, y elevada productividad.

Entre unos y otros olivos, los costes de producción no son, ni pueden ser los mismos, y tampoco los rendimientos productivos, por lo que el kilo de aceituna para molino y su correspondiente en aceite de oliva tampoco puede salir al mismo precio. Esto es algo que se tiene que haberse estudiado ya bastante porque, a partir de ahí, se puede saber a cómo se puede vender cada kilo o cada litro de aceite de oliva desde la almazara.

Factor psicológico

Luego está también, si se quiere, el factor psicológico. Ese intangible que facilita la labor de algunos operadores y pone de los nervios a otros. Bien, estamos en que hay una muy buena producción nacional de aceite de oliva esta campaña, que se va a quedar muy cerca de 1,8 millones de toneladas. También que hay mucho menos aceite de oliva fuera, en Italia, en Túnez, a nivel mundial y que nos tendrían que venir a comprar. La ecuación fácil es que si fuera no hay aceite, si somos casi los únicos que disponemos del mismo y nos tienen que venir a comprar, los precios en origen tendrían que terminar subiendo.

Entonces, ¿por qué hasta ahora no lo han hecho?, ¿por qué no levantan las cotizaciones cuando la comercialización de aceite, tanto al mercado interior, como sobre todo al exterior, va bastante bien?  Ahí entra el factor psicológico. Hay presión de la oferta para vender, porque hay suficiente oferta, pero la demanda aguanta ahí, para algunos más de la cuenta, porque piensa que puede incluso comprar más barato. No es que no compre, pero lo hace lo justo como para atender los compromisos puntuales y más urgentes, y porque va y “ve” más allá. Va hacia el aceite que pueda llegar en la nueva campaña 2019/20, tanto en nuestro país, como sobre todo fuera, donde se puede prever una recuperación de la cosecha de aceituna.

Si sumamos unos stocks altos  al final de la presente campaña a una nueva producción más o menos normal en la siguiente, sin ser tan elevada como la actual, y también algo mejor fuera, en países como Italia, Grecia, Túnez o Portugal, por poner los más afectados en ésta, puede ser que nos encontremos con una importante disponibilidad de aceite de oliva a nivel mundial. Esa es la presión, más psicológica que real, que ahora mismo pende sobre el sector productor: aun quedando todavía bastantes meses para que concluya la campaña actual y para que tengamos nueva cosecha, ya se está “pensando” en la siguiente, con el miedo metido en el cuerpo por cómo afectará a unas cotizaciones en origen, de por sí muy bajas.

Para acabar: es bastante lógico que se piense en la autorregulación de la oferta de aceite de oliva y cuanto antes mejor. Por ejemplo, solo el Patrimonio Comunal Olivarero cuenta con almacenes para retirar más de 350.000 toneladas del mercado. Es normal que se hagan votos en pro de la calidad de nuestro aceite de oliva y de una mayor comercialización exterior, con la apertura de nuevos mercados y nuevos consumidores (no hay que olvidar que esta grasa vegetal, tan saludable, solo representa alrededor del 5% del consumo total mundial de grasas vegetales, o sea, que existe potencial). Es normal que se esté dando vueltas sobre qué puede hacerse en las actuales circunstancias y de que tenga que ser el propio sector el que proponga medidas para que la Administración (CE, MAPA, CC.AA.) disponga. Entonces, no queda más que ponerse a trabajar en serio y desear la mejor suerte en este empeño.

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