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lunes 25 de septiembre de 2017

Reportajes

Al Capital Riesgo también se le atraganta Campofrío

Teresa Sánchez

Quisieron hacer dinero rápido. Pagaron muy cara su entrada justo antes de la crisis buscando rentabilidades futuras prácticamente inalcanzables y, con el estallido de la burbuja, ven ahora como pierden gran parte de su inversión. Es lo que les está pasando a los fondos de capital riesgo con el sector alimentario.

Los mejores ejemplos lo constituyen, sin duda, Panrico y Telepizza, pero no son los únicos. Aunque ha pasado más desapercibido, el último revés para este tipo de firmas ha sido el de Campofrío.

La víctima en este caso ha sido Oaktree, un fondo buitre norteamericano experto en comprar a bajo precio compañías con problemas para tratar de reestructurarlas y venderlas después con fuertes plusvalías. Eso en teoría. Porque en la práctica se ha atragantado con Panrico -tiene el cien por cien de la empresa tras haber asumido en junio toda la deuda- y sufre ahora también pérdidas con Campofrío.

Oaktree entró en la cárnica española tras su fusión con el negocio europeo de la norteamericana Smithfield Foods en 2008. La firma, que estaba presente ya en el capital de ésta última, se hizo entonces con una participación del 24% en Campofrío tras un intercambio accionarial que posibilitó la integración de los dos grupos.

En abril de 2011, Smithfield y el presidente de Campofrío, Pedro Ballvé, dueño de un 12,4% del capital, acordaron una OPA, que no llegó a lanzarse después a 9,5 euros por título.

A mediados de noviembre, Oaktree -junto a otros accionistas, como Ballvé y Caixabank- acordaron vender sus títulos a 6,8 euros por acción al grupo mexicano Sigma, que presentó inmediatamente una opa sobre el resto al mismo precio. Eso decir, que han vendido un 28,4% por debajo de lo que podrían haberlo hecho hace dos años.

Pero el problema no ha acabado ahí. Como el mayor accionista de Campofrío es en estos momentos el gigante chino Shuanghui, que tiene un paquete del 37% tras haber comprado el grupo Smithfield, y que se mostró desde el primer momento dispuesto a plantar batalla, a los mexicanos no les quedó otro remedio que negociar.

Así, el pasado 23 de diciembre tuvieron que presentar otra oferta mejorada a 6,91 euros, acordando con los chinos repartirse la propiedad. Eso supone que, al margen de las minusvalías generadas en los últimos años, en apenas unos días, Oaktree, que vendió por 166 millones, ha perdido 1,61%. Y eso sin tener en cuenta las minusvalías arrastradas en los últimos años. En 2011, de hecho, cuando Ballvé y Smithfield anunciaron la fusión y Oaktree entró en el capital, la compañía burgalesa cotizaba por encima de 9 euros, con lo que la participación estaba valorada en 212 millones.

El caso de Campofrío es sin embargo distinto al resto en los que el capital riesgo también ha fracasado, porque Oaktree no tenía el mando.De hecho, una de las razones fundamentales que explica los problemas que este tipo de firmas tiene para rentabilizar sus inversiones radica en que cuando se hacen con el control de una compañía, le traspasan la deuda asumida para la adquisición, lo que, ante la caída de consumo y las dificultades para generar caja, acaban arrastrando a las empresas a una situación financiera sumamente delicada.

Es lo que ha ocurrido por ejemplo en Telepizza, donde los altos costes financieros asumidos tras su compra por parte de Permira -la operación se elevó a 570 millones- han generado unas pérdidas de 195 millones de euros desde que este fondo acordó su entrada en el capital en el año 2006.

El objetivo de Permira era permanecer durante un plazo aproximado de cinco a seis años y después vender o sacar a bolsa la empresa, pero las previsiones no se han cumplido y el fuerte endeudamiento que ha tenido que asumir la compañía ha imposibilitado una salida rentable. A Permira, fondo que dirige en España Carlos Mallo, no le queda así más remedio que acelerar la expansión internacional para reducir la dependencia del mercado español e intentar rentabilizar la empresa antes de poder plantearse cualquier opción de salida.

Pero si a Permira le ha salido mal la inversión, mucho peor aún les ha ido a Apax, primero, y a Oaktree, después, con la empresa de bollería industrial Panrico. Apax desembarcó en el capital de Panrico en 2005, protagonizando una de las mayores operaciones de inversión en la industria alimentaria en ese momento al valorar la compañía en 900 millones de euros.

Fue una operación completamente muy rentable para la familia Costafreda, la antigua propietaria, pero ruinosa para el capital riesgo. Al no poder hacer frente a la deuda, de más de 600 millones, en 2010 Apax acabó entregando la compañía a la banca acreedora. Todo hasta que en 2012 Oaktree se hizo con el control del grupo, elevando el pasado mes de junio su participación hasta el cien por cien de las acciones. Panrico acumula en los últimos seis años unas pérdidas de más de 700 millones de euros, está en concurso de acreedores y ha bordeado en más de una ocasión la liquidación.

No resulta extraño así que otras firmas, como Atitlán Capital, controlada por la familia Roig, los dueños de Mercadona, hayan apostado también por ir desinvirtiendo poco a poco. En lo que va de año Atitlán ha vendido ya Ibersnacks, Dafsa, Bynsa y Naturvega, interproveedores en todos los casos de la cadena valenciana.

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