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lunes 25 de septiembre de 2017

Reportajes

El desastre de los frescos

Rocio Anton. @rocio_anton

El sector de frutas y hortalizas ha sufrido este año un problema de bajas cotizaciones en origen en una buena parte de sus producciones: la fresa, la sandía, el tomate, la naranja, las frutas de hueso… Según los agricultores, pocos productos hortícolas se han librado de la crisis de precios.

Una de las causas ha sido el aumento de la producción, pero no solo en España. “Dependemos mucho de las cosechas y de la climatología europea y este año las producciones centroeuropeas también se han adelantado”, explica Andrés Góngora, responsable de frutas y hortalizas de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG).

De hecho, el comité mixto hispano-italo-francés de frutas y hortalizas constató durante una reunión en julio el grave deterioro de los mercados europeos, con una caída de las cotizaciones de entre el 25% y el 30% respecto a la media de las últimas campañas en las producciones de fruta de hueso y de manzana. Entonces, según datos de COAG, los melocotones cotizaban a 0,20-0,25 euros por kilo, por debajo de los costes de producción (0,45 euros por kilo).

El director general de la Federación de Productores Exportadores de Frutas y Hortalizas (Fepex), José María Pozancos, advierte de que el sector cuenta con un catálogo muy amplio de productos, cuyas cotizaciones muestran un comportamiento desigual, e incluso, dentro de una misma categoría, se producen variaciones de precios en función del periodo de comercialización. No obstante, reconoce que, con carácter general, en la primera mitad del año hubo una tendencia a la baja de los precios, tanto en origen como en destino, debido a un exceso de oferta en el mercado comunitario.

Ataques en Francia

En este escenario de bajas cotizaciones a escala europea, este verano se produjeron en Francia varios ataques contra camiones que transportaban fruta española, en el marco de una serie de protestas de los fruticultores del país contra lo que consideraban competencia desleal de los productores españoles.

Sin embargo, las organizaciones agrarias recalcaron que el campo español también está padeciendo la crisis de precios que sufren los agricultores galos y señalaron como “las verdaderas responsables” del problema a las grandes cadenas de distribución y a las importaciones ‘low cost’.

“La distribución responde solo a fines lucrativos: hace triquiñuelas para meter productos en promoción, busca productos de terceros países y es la causante de los precios irregulares, altos y bajos”, subraya Góngora.

En la misma línea se pronuncia Benjamín Faulí, responsable de frutas y hortalizas de Asaja: “la distribución lo que quiere es comprar lo más barato posible. Los agricultores no podemos fijar el precio y tenemos muy pocas armas. La Ley de la Cadena regula la formalización de contratos, pero no establece precios mínimos. Estamos condenados”.

“El mercado funciona”

Desde la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas) inciden en que España dispone de “la mejor información sobre formación de precios en productos frescos que existe y, gracias a ella, podemos asegurarnos de que el mercado funciona correctamente, aunque esto no sea suficiente para solucionar los problemas de los productores”.

El director general de Fepex coincide en que el mercado funciona y defiende que la fuerte volatilidad de los precios se explica más por un problema de desequilibrio entre la oferta y la demanda que por el comportamiento de los operadores. “Cuando ha habido equilibrio entre la oferta y la demanda, los precios han sido satisfactorios para todos los eslabones de la cadena”, sostiene Pozancos, quien aboga por “poner énfasis” en la reforma de los mecanismos de gestión de crisis previstos en la Organización Común de Mercados (OCM) de los productos agrarios, dado que se ha demostrado que los actuales “no son los más idóneos”.

También COAG apuesta por revisar las medidas de gestión de crisis, estableciendo un sistema de retiradas “ágil y accesible a todos los agricultores, financiado al 100% con fondos públicos y que actúe automáticamente con una compensación digna cuando los precios alcancen niveles que comprometan seriamente la rentabilidad del agricultor”.

Cierre del mercado ruso

La decisión de Rusia de prohibir la importación de frutas y hortalizas europeas, entre otros productos agroalimentarios, durante al menos un año, ha sido “la gota que ha colmado el vaso” para el sector hortícola español, según destaca Faulí. El representante de Asaja pronostica una situación de sobreoferta en el mercado interno europeo y un desplome de los precios, primero en la fruta de hueso, pero también en caquis, cítricos, berenjenas, tomates y pepinos, entre otros productos.

Desde Cooperativas Agroalimentarias, su presidente sectorial, Cirilo Arnandis, advierte de que ahora es el momento en el que se inician las grandes campañas de hortalizas de invierno en grandes zonas productoras como Andalucía y Murcia, con gran incertidumbre sobre la repercusión que puede tener el cierre de este mercado.

Por su parte, el secretario de Agricultura de UPA, Ignacio Senovilla, lamenta que “inmediatamente después del veto ruso ‘alguien’ –en referencia a las cadenas de distribución y a los intermediarios— ya está haciendo su particular agosto”. “Si ahora se están cayendo los precios por el veto ruso es porque no tenemos compromisos de que esos productos los tienen que comprar a un precio que cubra los costes de producción”, añade, antes de criticar la, a su juicio, falta de efectividad de la Ley de la Cadena Alimentaria.

Leyes de la cadena y de la integración cooperativa

COAG considera que la nueva normativa sobre la cadena “se queda corta” para un sector como el hortofrutícola, que comercializa un alto porcentaje de su producción en Europa. “Los tiros deben ir por ahí, pero necesitamos una norma europea”, apunta Góngora.

Para Asedas, luchar contra las malas prácticas no es suficiente para asegurar un futuro sostenible del eslabón más débil de la cadena. “La pérdida de instrumentos de regulación de mercados sin los cambios estructurales en el eslabón productor ha colocado a parte de la cadena en situación de debilidad”, indican fuentes de la asociación.

“Alterar el mercado no es la solución; mejorar su funcionamiento ayudará”, subraya Asedas, que considera que la Ley de integración cooperativa constituye un “primer paso importante” y confía en que los representantes políticos autonómicos “tengan visión de futuro y apliquen sus principios de forma eficiente”.

Asedas incide en que solo una cadena que coopere tendrá la capacidad y la flexibilidad de adaptarse a los cambios que ha sufrido el consumidor durante la crisis y asegurar su futuro. “Se ha avanzado mucho en este aspecto en los últimos años, pero aún hay mucho trabajo por hacer; es responsabilidad de todos construir una cadena agroalimentaria de valor compartido para el futuro”, concluye.

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