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lunes 25 de septiembre de 2017

Reportajes

Fraude masivo en la agricultura ecológica

Teresa Sánchez

La alimentación ecológica se ha convertido en una fuente masiva de fraude en toda Europa, lo que ha hecho saltar ya todas las alarmas en Bruselas. El problema de fondo es que la demanda de alimentos ecológica se ha disparado, multiplicándose por cuatro en los últimos diez años ante la preocupación cada vez mayor de los consumidores por la frescura y la calidad de los alimentos.

Es un crecimiento tan fuerte que ha provocado que aparezcan cada vez más en los supermercados productos que se venden como ecológicos cuando en realidad no lo son. De hecho, Bruselas ha detectado ya numerosos casos en los que se distribuye con la etiqueta de orgánico un producto que no tiene la oportuna certificación y que tan sólo incorpora algunos ingredientes cuyo origen sí que sería ecológico.

El comisario de Agricultura de la Comisión Europea, Dacian Ciolos, admite que "existe una gran tentación de fraude" y que "es necesario que los controles sean más eficientes" y se garantice una total transparencia del producto para evitar cualquier tipo de engaño, que sería muy perjudicial. "Si perdemos la confianza del consumidor, después será muy difícil que podamos recuperarla", ha llegado a asegurar.

Uno de los casos más significativos en los últimos años fue el de la crisis provocada en 2011 por un brote de la bacteria E. Coli que generó medio centenar de víctimas mortales y miles de afectados en toda Europa. Aunque en un principio se señaló a los pepinos españoles como el origen de la infección bacteriana, posteriormente se apunto a una granja ecológica de brotes de soja en Alemania. Es un hecho que despertó duras críticas contra este sector, que en cualquier caso, está sujeto a dos reglamentaciones y exigencias distintas: la de la industria alimentaria como tal y la de los cultivos ecológicos.

El problema de fondo es que la agricultura ecológica, de productos como la soja o el maíz, ofrece un rendimiento de entre un 30 a un 40 por ciento inferior al resto, que utiliza biotecnología para lograr una mayor productividad, lo que supone una invitación al fraude, según explican desde Bruselas. De hecho, mientras que en Alemania se ha prohibido completamente el cultivo transgénico de maíz, en España las principales organizaciones agrarias vienen defendiendo desde hace tiempo la libertad de poder elegir porque, según dicen, "no sería sostenible económicamente producir todo el maíz con semillas no transgénicas".

A falta todavía de que se hagan públicos los datos del último ejercicio, el gasto de los consumidores europeos en productos bio ascendió a 19.700 millones de euros en 2012, cifra que representa un incremento del 9 por ciento respecto al año anterior. En la Unión Europea hay más de 186.000 explotaciones ecológicas, que cultivan un área de 2,9 millones de hectáreas, el 5,4 por ciento de la superficie agrícola total. España es el Estado miembro con mayor superficie de agricultura ecológica (1,8 millones de hectáreas), seguido de Italia (1,1 millones), Alemania (1 millón), Francia (970.000) y Reino Unido (630.000).

La agricultura ecológica u orgánica está basada en el cultivo de una explotación autónoma con la utilización óptima de sus recursos naturales, sin emplear en ningún caso productos químicos u organismos genéticamente modificados (OGMs) ni para el abono ni para combatir las plagas. Y todo ello, además, de manera sostenible y equilibrada.

En la Unión Europea, la agricultura ecológica está regulada desde el 1 de enero de 2009, fecha en la que entró en vigor el Reglamento aprobado año y medio antes sobre la producción y etiquetado de este tipo de productos. En él se especifica de forma muy clara cuáles son las técnicas autorizadas para este tipo de cultivo, que deben llevar obligatoriamente el sello oficial de la agricultura ecológica de la Unión Europea, aunque se permite también añadir los logotipos del país o la región de origen.

La reglamentación en este sentido es muy estricta y un cultivo ecológico debe estar basado en métodos preventivos, potenciando el buen desarrollo de las plantas y por tanto su resistencia natural a plagas y enfermedades.

En la misma línea también, y aunque se permite el uso de diversas semillas, que no tienen por qué provenir necesariamente de la agricultura ecológica, se es muy exigente con la fertilización del terreno, una de las bases del cultivo, que habitualmente debe ser de producción propia, como ocurre con el compost, un abono orgánico de origen vegetal o animal.

El comisario Ciolos quiere impulsar, sin embargo, un nuevo reglamento que refuerce los controles y los extienda a todos los actores de la cadena, y no sólo a los productores como hasta ahora, ya que la mayoría de los casos de fraude detectados afectaban a la transformación y a las cadenas de distribución. Los controles se basarán en análisis de riesgo para concentrarlos allí donde las probabilidades de fraude son más altas.

La Comisión propone además eliminar la mayoría de las vigentes excepciones y derogaciones aplicables a la agricultura ecológica en términos de sustancias autorizadas y control. De este modo, Europa quiere acabar con el riesgo de tratamiento desigual entre los agricultores y estimular la innovación y los avances en el sector. La reforma permitirá así, según Bruselas, responder al fuerte aumento de la demanda sin disminuir la calidad de la producción.

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