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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

23 DE noviembre DE 2021

La Covid-19 frena los ODS

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

Cinco años después de la adopción de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 parece claro que los progresos alcanzados durante este lustro han sido bastante insuficientes, también en el ámbito de la agricultura sostenible y la alimentación.

La pandemia de Covid-19, que se recrudeció durante todo el año 2020 y que sigue causando estragos en el casi acabado 2021, desató una crisis inesperada y sin precedentes, que ha venido obstaculizando aún más de lo que ya se preveía el progreso en la consecución de los ODS, afectando sobre todo a las personas con menos recursos y más vulnerables, a la salud y a la economía mundial, poniendo patas arriba muchos de los aspectos de la actividad y de la vida humana.

Ya, en septiembre de 2019, el Foro Político de Alto Nivel de Naciones Unidas concluía que el mundo estaba “fuera de camino” para cumplir con los ODS en el Horizonte de 2030, cuando quedaba apenas una década. La irrupción y eclosión mundial de la pandemia de Covid-19 posiblemente nos haya alejado aún más de ese objetivo, en vez de acercarnos.

Naciones Unidas reconoce, no obstante, que algo se ha avanzando y se han logrado progresos en algunos ámbitos, como la mejora de la salud materno-infantil, la ampliación del acceso a la electricidad y el aumento de la representación de las mujeres en el Gobierno. Pero estos avances contrastan con el retroceso experimentado en el ámbito de la alimentación y de la agricultura, donde se producido un incremento de la inseguridad alimentaria; un deterioro alarmante del entorno natural por el cambio climático y la actividad humana, y la persistencia de las desigualdades dominantes en el mundo.

De hecho, la pandemia de Covid-19 y sus efectos adversos sobre la economía -con la reciente subida de los precios de las importaciones de los alimentos, que aún está lejos de concluir- podría haber empujado a otros 83-132 millones de personas al hambre crónica en 2020, pasando del 8,4% al 10,4% de la población mundial afectada en un solo año, hasta alcanzar la cifra de 811 millones de personas,  tras haber permanecido prácticamente estancada durante los cinco años precedentes.

Mucho nos tememos que la situación tampoco haya mejorado durante este casi concluso 2021, después de que desde verano los precios de muchos alimentos y de las materias primas básicas se hayan disparado a nivel mundial por la tensión entre oferta y demanda, por los problemas de la logística de suministro y por  la pandemia de Covid-19, que sigue sin remitir lo suficiente en gran parte del Planeta (Europa, Estados Unidos, África, etc.).

Por lo general, los progresos para lograr las metas previstas en los ODS relacionadas con la agricultura, la alimentación y el medio ambiente siguen estando fuera de alcance a nivel mundial, salvo que se adopten urgentemente medidas correctivas.

A la vez, no es desdeñable el alto porcentaje de alimentos que se pierden después de la cosecha en las explotaciones y en las etapas siguientes de transporte, almacenamiento y procesamiento, estimados por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en un 13,8% a nivel mundial y que, en términos económicos, supone más de 400.000 millones de dólares al año, además de otro 17% de alimentos que simplemente se desperdician.

Inseguridad alimentaria

El último informe anual de Naciones Unidas “The Sustainable Development Goals Report 2020” revela algunas conclusiones en relación al cumplimiento de los ODS, señalando que, aproximadamente, unos 71 millones de personas habrían vuelto a caer en la extrema pobreza durante el pasado año, siendo el primer aumento desde el año 1998. La pérdida de ingresos, la limitada protección social y el incremento de los precios podrían haber puesto en riesgo de pobreza y hambre incluso a personas que anteriormente estaban a salvo.

Aunque la prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave se había ido incrementando lentamente a nivel mundial desde 2014, el aumento producido en 2020, debido principal, pero no únicamente, a los efectos devastadores de la pandemia de Covid-19, fue igual al aumento de los cinco años anteriores combinados.

Esta difícil situación afecta mucho más a los ingresos y productividad de los productores de alimentos a pequeña escala que a los de gran escala, sobre todo en los países en desarrollo encuestados por la FAO. Y,  a la vez, más a las mujeres productoras de alimentos, con menos ingresos, que a los hombres, a pesar de que a menudo su productividad está a la par o incluso es mejor que la del colectivo masculino.

Otra de las disparidades que persisten a nivel mundial es la de género en la propiedad de la tierra agrícola. En 29 de los 33 países evaluados, son menos las mujeres que tienen relativamente derechos de acceso a la tierra que sus homólogos masculinos. El grado en que los marcos legales garantizan la igualdad entre ambos sexos varía de muy bajo a medio en más del 60% de los 36 países analizados.

En cuanto a los recursos fitogenéticos, se indica que la tasa de crecimiento de las existencias mundiales se ha desacelerado en la última década, alcanzando su nivel más bajo, con un 0,2% en 2020.  Solo el 2,6% de las razas de ganado locales a nivel mundial tienen suficiente material en bancos de genes para reconstituir la raza en caso de extinción, algo bastante grave si se tiene en cuenta que el 74% de las razas ganaderas locales evaluadas están ya afrontando ese riesgo extremo.

Por otro lado, durante el pasado año, la proporción de países que se vieron afectados en general por precios altos o moderadamente altos de los alimentos aumentó de forma drástica, después de años observándose una tendencia a la baja.

Esta situación, como venimos observando, es muy probable que empeore en el presente 2021, debido al incremento de los precios de las materias primas, alimentarias o no; de la subida del coste de los fletes de transporte marítimo y de las dificultades del transporte terrestre (falta de conductores en camiones); de los precios de los combustibles fósiles (gas natural, petróleo) y, por ende, de gran parte de los precios de insumos básicos para el desarrollo de la actividad agrícola y ganadera (fertilizantes, plaguicidas, semillas, gasóleo, maquinaria, etcétera).

Sigue siendo también preocupante el estrés hídrico que se mantiene en bastantes regiones del mundo, alcanzando un 18,4%  a nivel global, con un aumento del 0,2% desde 2015. Zonas como África Occidental  y Septentrional, y el Sur de Asia registraron en 2020 un nivel de estrés hídrico extremadamente alto, de más del 70%. Aún así, se observó una mejora del 10% en la eficiencia del uso del agua en todos los sectores económicos.

Igualmente, se produjeron progresos en los marcos regulatorios e institucionales para proteger los derechos de acceso para la pesca en pequeña escala y se crearon instrumentos legales para combatir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (IUU), a pesar de lo cual los niveles biológicamente sostenibles de peces en el mundo bajaron al 65,8%, que es el nivel más bajo observado desde que se viene observando (1974) esta tendencia.

Se vio también que la tasa de deforestación se desaceleró tímidamente en las regiones tropicales, pero la superficie forestal se ido reduciendo del 31,9% de la superficie terrestre total que ocupaba en el año 2000 al 31,2% en 2020, lo que representa una pérdida neta de casi 100 millones de hectáreas de bosques en el mundo.

Aún así, se constataron avances en la ordenación forestal sostenible de la mayoría de las regiones del mundo, con un mantenimiento o aumento de la biomasa forestal aérea por hectárea, de la proporción de área forestal en áreas protegidas y bajo planes de manejo a largo plazo, y del área forestal certificada.

Nuevo marco estratégico

Durante el presente año, la FAO adoptó un nuevo Marco Estratégico con los ODS 1 (Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo); ODS 2 (Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición, y promover la agricultura sostenible) y ODS 10 (Reducir la desigualdad en y entre los países), como pilares básicos, analizando también por primera vez indicadores seleccionados, con implicación clave para la alimentación y la agricultura, con información valiosa sobre las pérdidas agrícolas debidas a desastres, sobre la distribución de los derechos de tenencia de la tierra, y sobre el impacto de las políticas y regulaciones mercantiles internacionales en el comercio agrícola, en especial en los países en desarrollo y los países menos desarrollados.

La reciente Cumbre sobre Sistemas Alimentarios de septiembre de 2021 trazó las líneas generales de cómo el mundo necesita avanzar para remodelar las estructuras bajo las cuales se producen, transforman y  distribuyen nuestros alimentos. Reunió los esfuerzos y las aportaciones de un proceso global para transformar los actuales sistemas alimentarios con soluciones innovadoras y audaces, en el que el papel del sector privado es clave, a pesar de que su contribución no está suficientemente definida, medida o valorada en la Agenda de los ODS y en los ámbitos de la agricultura y la alimentación.

Como señaló el director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA), David Beasley en el Día Mundial de la Alimentación, el pasado 16 de octubre: “en este momento nos enfrentamos a desafíos sin precedentes para la seguridad alimentaria y solo lograremos acabar con el hambre si nos aseguramos de que nuestros sistemas alimentarios mundiales sean adecuados para el siglo XXI y apoyen una alimentación saludable para todos, especialmente para las comunidades más vulnerables.”

En esta misma línea, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, afirmó en su discurso que “la forma en que producimos, consumimos y desperdiciamos los alimentos está cobrando un alto precio en nuestro Planeta. Está ejerciendo una presión histórica sobre nuestros recursos naturales, el clima y el medio ambiente, y nos cuesta billones de dólares al año. Pero el poder de cambiar las cosas está en nuestras manos.”

En términos de acceso a los alimentos, en este encuentro, el propio Papa Francisco volvió a recordar la paradoja real en la que vive la Humanidad, “por un lado, más de 3.000 millones de personas no tienen acceso a una dieta nutritiva, mientras que, por otro lado, casi 2.000 millones de personas tienen sobrepeso u obesidad, debido a la mala alimentación y a un estilo de vida sedentario.”

La pandemia de Covid-19 y sus efectos adversos sobre la población mundial, lejos de socavar los principios y objetivos de los ODS de la Agenda 2030, nos demuestran que éstos son más pertinentes y necesarios que nunca para frenar e intentar revertir la actual situación en todos sus ámbitos y, por supuesto, en lograr una agricultura más sostenible y unos alimentos suficientes, más saludables y mucho más seguros.

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