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lunes 25 de septiembre de 2017

Reportajes

La Interprofesional del Vino español, más cerca

Rocío Antón. Periodista @rocio_anton

España tiene la mayor superficie de viñedo del mundo, con más de un millón de hectáreas, y en esta última campaña ha superado a Francia y se ha posicionado como segundo país productor de vino (con 42,7 millones de hectolitros), por detrás de Italia, aunque sería también líder en producción si se contabilizaran los hectolitros destinados a mostos.

Con estos datos, sorprende que el sector no tenga operativa una organización interprofesional de carácter estatal que sirva de punto de encuentro y conjugue los intereses de bodegas, cooperativas y viticultores.

En el año 2000 se creó una interprofesión del vino de mesa, IVIM, pero el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente revocó en 2013 su reconocimiento como organización interprofesional por falta de actividad. “Las expectativas que se pusieron en esta organización fueron demasiado elevadas”, explican en el sector.

Tras esa experiencia fallida, la Federación Española del Vino (FEV), Cooperativas Agroalimentarias y las organizaciones agrarias Asaja, COAG y UPA han comenzado ahora a dar “pasos pequeños, pero firmes” hacia la constitución de una nueva Interprofesional del Vino, que podría estar en operativa en 2015.

La necesidad de una Interprofesional.

Para las organizaciones agrarias, la Interprofesional es una herramienta necesaria después de que en la Organización Común de Mercados (OCM) “se eliminara todo tipo de medidas de regulación y se dejara al sector en manos del mercado puro y duro”, explica el responsable del sector vitivinícola de COAG, Alejandro García-Gasco.

Además, según expertos del sector, en estos momentos se da una “oportunidad histórica” para poner en marcha esta organización, después de que el vino español haya vivido dos años totalmente diferentes: si en la campaña de 2012 hubo una cosecha reducida y los precios registraron fuertes subidas, en 2013 la vendimia ha sido récord y los precios se han moderado, oscilaciones que reflejan la conveniencia de contar con “algún órgano que gestione” el sector.

Al margen de las grandes oscilaciones en la producción y sus consecuencias en el mercado, las investigaciones antidumping y antisubvención iniciadas el año pasado por China contra los vinos europeos –con una selección aleatoria de las bodegas que serían investigadas-- también “despertaron la conciencia” de la industria y las cooperativas acerca de la necesidad de disponer de un mecanismo (como la extensión de norma) que permita “mutualizar riesgos comunes”, según indica el secretario general de la FEV, Pau Roca.

En todo caso, prácticamente todos los agentes coinciden en la utilidad de una organización de este tipo como “punto de encuentro donde hablar y tratar de solucionar los problemas que afectan a todo el sector”, apunta José Ugarrio, de Asaja. “Si conseguimos darle empaque, va a ser útil en un sector que no se comunica nada, pese a que somos vasos comunicantes”, advierte, por su parte, el presidente de Cooperativas Agroalimentarias, Ángel Villafranca.

Primeros debates

La nueva Interprofesional, que incluirá a todos los tipos de vino, los de mesa y los amparados por denominaciones de origen o indicaciones geográficas protegidas, nacerá con el propósito de incentivar el consumo interior, implementar actividades de I+D+i y desarrollar campañas de promoción exterior y de respuesta a posibles actuaciones de países terceros como las recientes investigaciones de China.

Estos son los tres objetivos prioritarios para la patronal de las bodegas, en tanto que las organizaciones agrarias añaden otros tantos: introducir contratos-tipo entre viticultores e industria, realizar estudios de mercado y establecer algún “mecanismo de regulación de la oferta”. “Hay que producir para vender”, apuntan.

Ángel Villafranca, sin embargo, manifiesta sus dudas de que la organización pueda servir para controlar la producción y advierte de que ninguna otra interprofesión actúa en esa área, aunque sí apuesta por orientar las producciones a lo que demandan los mercados.

En cuanto a la representatividad, previsiblemente la Interprofesional estará organizada en dos ramas, una centrada en la producción (representada por Asaja, COAG y UPA) y otra en la comercialización (FEV). Cooperativas Agroalimentarias podría ubicarse en ambas.

Sin trabas

García-Gasco asegura que “de momento” no hay ninguna cuestión que “entorpezca” el debate, ni siquiera en torno a la representatividad que cada organización tendrá en la interprofesión. “Si fuéramos a las reuniones con esa mentalidad, la interprofesional nacería muerta, no serviría”, subraya Ugarrio.

Pau Roca, por su parte, propone que se establezcan “revisiones frecuentes y periódicas de la representatividad de cada uno”. “Tenemos que estar en función de nuestra representatividad, que es variable, y hay que medirla de forma continua”, sostiene.

También tendrán que discutir cómo se estructuran las extensiones de norma (acuerdos de obligado cumplimiento para todos los productores y operadores del sector, incluidas las aportaciones económicas que financiarán las actividades de la Interprofesional). La FEV plantea que se apruebe una extensión de norma para cada objetivo y se negocie el porcentaje de interés de cada sector, productor o industria, en cada una de ellas.

“Vocación de sumar”

La Interprofesional del Vino quiere nacer además con la vocación de “sumar”, por lo que las organizaciones agrarias abogan por incorporar de algún modo a los productores de mosto y el sector alcoholero. También pretende aprovechar herramientas como el Observatorio Español del Mercado del Vino o la Plataforma Tecnológica del Vino para desarrollar las actividades relacionadas con los estudios de mercado y la I+D+i.

Por otro lado, según destaca el secretario general de UPA en Castilla-La Mancha, Julián Morcillo, los debates sobre la creación de la interprofesión se están dirigiendo con “mucho tacto para que nadie sienta” que se pueden invadir las competencias de otras organizaciones territoriales ya existentes, como las de Rioja o La Mancha. Pau Roca asegura que existe “una separación muy clara de objetivos y funciones”. “No nos podemos permitir no tener una Interprofesional nacional”, recalca.

No obstante, en algunos consejos reguladores se percibe cierto malestar por el hecho de que organizaciones ya constituidas no hayan sido informadas de la iniciativa estatal.

De otro lado, desde la Conferencia Española de Consejos Reguladores Vitivinícolas afirman que han solicitado en varias ocasiones al Ministerio información acerca de las necesidades y objetivos que la Interprofesional pretende cubrir, al entender que su actividad afectará a todos los actores relevantes del sector, pero hasta el momento no han recibido ningún tipo de respuesta oficial.

Al ser preguntada por este asunto el pasado 10 de junio en su primera comparecencia en el Congreso de los Diputados, la ministra de Agricultura, Isabel García Tejerina, afirmó que las denominaciones de origen serían “bienvenidas” a la interprofesional, aunque “por definición” las interprofesionales están constituidas por el sector y creadas a iniciativa del sector y el Ministerio sólo lo “acompaña en el proceso”.

La FEV, Cooperativas Agroalimentarias y Asaja, COAG y UPA recuerdan que los consejos reguladores están integrados por estas mismas organizaciones, por lo que no tendría sentido esa duplicidad en las reuniones, mientras que éstos replican que no todas las bodegas ni todos los viticultores presentes en los consejos reguladores están representados por estas organizaciones.

En todo caso, se quiere dotar a la Interprofesional de un carácter puramente estatal, por lo que sus actividades de promoción del consumo, promoción exterior e investigación y desarrollo, entre otras, buscan beneficiar al conjunto del sector del vino.

Problemas en el granel

Los debates en torno a la puesta en marcha de la Interprofesional coinciden con el problema que está sufriendo este año el vino a granel en algunas regiones, donde la cosecha “excepcional” del año pasado y la ralentización del consumo han provocado que muchos depósitos de las bodegas se encuentren llenos a pocas semanas de la nueva campaña.

Para el presidente de Cooperativas Agroalimentarias se trata de una situación “muy preocupante”, por lo que ha planteado al Ministerio la articulación de una batería de medidas extraordinarias a corto plazo para atajar el problema. Villafranca aboga por hacer autocrítica y subraya que el sector está muy atomizado, por lo que se está impulsando la creación de organizaciones de productores para “autorregularse de cara a la próxima campaña”.

Desde COAG, Alejandro García-Gasco, advierte de que “si no se pone remedio a esta situación de forma urgente, (el problema) puede salpicar al futuro”. También Julián Morcillo (UPA) reclama una “solución a corto plazo” a la administración, “con independencia de que el sector se organice para el futuro”.

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