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martes 19 de marzo de 2019

Reportajes
12/03/2019

La PAC que quiere Francia

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

Lo que suceda en Francia, primer país agrícola de la UE y primer perceptor de ayudas de la PAC, en materia agraria y agroalimentaria, nunca puede pasar desapercibido. Para bien, por saber lo que tendríamos que hacer aquí, o para mal, para evitar repetirlo.

Francia presentó recientemente las bases de su posición para la negociación de la PAC 2020, en la que indica que “la soberanía alimentaria es un elemento clave de la soberanía europea y la política agrícola común contribuye a lograr este objetivo, cuya actualidad se ve confirmada por el crecimiento de la población mundial, combinada con los riesgos de producción inducidos por el cambio climático".

En el documento se señala que “la nueva PAC deberá acompañar la transformación de los sectores agrícola, agroalimentario y forestal europeos y, en un mundo más competitivo por la globalización del comercio; deberá ofrecer a los agricultores los medios para adaptarse a esta demanda social y para que generen una remuneración que les permita realizar esta transición. A nivel medioambiental, los servicios no comerciales prestados por la agricultura y la silvicultura deberán estar mejor remunerados, mientras que la ayuda estará condicionada a cumplir una normas mínimas.

La nueva PAC debe encarnar también una Europa que proteja tanto a los agricultores, como a los consumidores. De ahí la regulación ante el aumento de los riesgos y el apoyo a la resiliencia de los sistemas agrícolas y el desarrollo de los territorios rurales, en particular los más frágiles o los más alejados.

Además, la nueva PAC debe ser finalmente más legible y sencilla y, al mismo tiempo que apoya la innovación, prepara el futuro, protege contra los riesgos y garantiza la solidaridad entre sus Estados miembros en una Europa fuerte unida, se gane también el apoyo de todos los ciudadanos europeos.

Tractor Francia

Francia apoya una PAC fuerte, con normas y financiación común, que evite políticas nacionales divergentes que distorsionarían la competencia. Pide limitar al máximo el número de mecanismos facultativos y que sean los Estados miembros los que regulen esas flexibilidades en umbrales o límites que deberán respetarse.

Defiende un pago básico para todos los agricultores de la UE y apoya la propuesta de la Comisión sobre la convergencia interna y sobre la posibilidad de adoptar un sistema de un importe medio uniforme por territorio homogéneo.

Es contraria a la reducción del presupuesto de la PAC y pide que se mantenga en euros corrientes al nivel del actual presupuesto de la UE-27 para el periodo 2014-2020, con un primer pilar íntegramente financiado con fondos comunitarios y un segundo pilar cofinanciado, aunque considera no satisfactorios los porcentajes de cofinanciación propuestos por la Comisión.

La nueva PAC, según Francia, debe contribuir a una mejor estructuración sectorial, a la mejora de su competitividad, a la puesta en común de la oferta, al aumento de la contractualización y también al apoyo a los planteamientos de calidad (sistema europeo de IGP y DOP).

Francia acoge muy favorablemente la ampliación de los programas operativos a sectores distintos a las frutas y hortalizas, vino, apicultura, aceite de oliva y aceitunas de mesa y que se permita a los Estados combinar las ayudas asociadas y los programas operativos, fijando un único límite del 15% (en vez del 12% de pagos acoplados, de los que al menos el 2% para las proteínas y el 3% para los programas operativos) para todas las medidas de apoyo para sectores con problemas específicos.

Defiende también las medidas del segundo pilar de la PAC, que permiten formar a los agricultores, asesorarlos sobre la transformación de sus sistemas de producción hacia una mayor sostenibilidad y resistencia, y facilitar la innovación y la transferencia de conocimientos. Apoya la aplicación de estas acciones, las inversiones en la cadena agrícola y alimentaria, la bio-economía y la economía circular, junto al desarrollo de dinámicas territoriales y enfoques colectivos (cooperación, iniciativa Leader, EIP).

Ambición medioambiental

Francia es partidaria de la obligación de la PAC de acompañar la transición agroecológica de los agricultores hacia sistemas de producción más sobrios y eficientes en términos de utilización de insumos (energía, plaguicidas, fertilizantes, agua) y más resistentes. Y ante ello, defiende el objetivo de un gasto mínimo en medio ambiente para todo el presupuesto y que se asigne a la PAC objetivos claros, cuantificados en la medida de lo posible en estos ámbitos.

El país vecino apoya la “arquitectura medioambiental” propuesta por la Comisión a tres niveles: una condicionalidad que engloba las normas actuales sobre la ecologización (greening), la base común de prácticas para todos los agricultores de la Unión; un sistema ecológico obligatorio para los Estados miembros y facultativo para los agricultores, que permita remunerar prácticas más respetuosas con el medio ambiente en el marco del primer pilar de la PAC, y medidas agroambientales y climáticas en el marco del segundo pilar.

Sobre la condicionalidad, Francia espera que no se traduzca en un retroceso en los requisitos y el “greening” aplicados en el actual periodo y que se refuerce y simplifique con medidas sencillas y eficaces para responder a problemas identificados, como la protección del suelo, la reducción de pesticidas, la conservación de la biodiversidad, la gestión del agua, la prevención de las enfermedades animales y vegetales, la mejora de calidad del aire y el bienestar animal.

Francia está a favor también de “eco-esquema” obligatorio para los Estados miembros, ya que “cumple con nuestro objetivo de pagar un incentivo a tanto alzado por los servicios medioambientales prestados por la agricultura y no remunerados suficientemente por el mercado. Este sistema debería fomentar los cambios en las prácticas agrícolas y, en particular, el desarrollo de la certificación de la agricultura ecológica, la certificación medioambiental, etc.

Las medidas agroambientales y climáticas, a juicio de Francia, deben apoyar mejor los enfoques individuales y colectivos de la transición agroecológica, siendo más atractivas e incentivadoras y más sencillas. Que se reconozca el riesgo asociado con el cambio de práctica y se añade un componente incentivador a los montantes de ayuda a estas medidas.

Riesgos climáticos, sanitarios y económicos

Francia desea que la PAC contribuya a una mejor prevención de los riesgos, mediante la mejora de la capacidad de resistencia de las explotaciones, y sigue comprometida con los instrumentos reguladores existentes, que deben defenderse y modernizarse para que sean más receptivos, “pero desearía que la opinión pública respondiera mejor en caso de crisis”.

Apoya el desarrollo de instrumentos de gestión de riesgos, como los seguros y los fondos de inversión, y que se les preste apoyo financiero para hacer frente con eficacia a los riesgos y que se tenga en cuenta la frecuencia de los mismos. Recuerda la importancia de los pagos directos como red de seguridad esencial, pero demanda también un marco jurídico seguro que permita a los Estados aplicar disposiciones fiscales para fomentar la creación de ahorros preventivos en caso de acontecimientos imprevistos.

Este país está a favor de crear una “reserva de crisis” específica para el sector agrícola, que debería ser europea, plurianual y reactiva, y cuya reposición (de fondos) debería efectuarse principalmente mediante créditos prorrogados, luego mediante créditos consignados en el presupuesto no consumidos y disponibles en el marco del FEAGA y, como último recurso, mediante otras fuentes de financiación.

Relevo generacional y vitalidad rural

Francia ve el relevo generacional como un desafío económico y demográfico central para la economía y los sectores agrícolas y para la sostenibilidad de la agricultura. Condición esencial para mantener la vitalidad y el dinamismo de las zonas rurales (recuerda que el 40% de los agricultores podría jubilarse para el año 2022), así como para mantener una diversidad de empresas que den empleo en el sector agrícola y agroalimentario.

Por tanto, la política a favor de la instalación y el relevo generacional sigue siendo una prioridad para Francia, que apoya los instrumentos propuestos por la Comisión, como orientar las ayudas –pagos redistributivos- a las explotaciones con la tasa de empleo más elevada.

Defiende también las indemnizaciones compensatorias por las desventajas naturales, como ayuda esencial para mantener la actividad agrícola en los territorios más frágiles. Esta debe orientarse hacia las explotaciones más sostenibles y más adecuadas para mantener estas zonas desfavorecidas, como el apoyo a la ganadería extensiva, que debe incluirse en el gasto medioambiental.

PAC más sencilla y comprensible

Los agricultores perciben el apoyo de la PAC más como una complejidad administrativa, que como una contribución al dinamismo del sector. Francia considera que es necesario que la PAC sea más comprensible para los ciudadanos, en particular en lo referido a su contribución a la seguridad alimentaria y de los productos, y a su capacidad para apoyar la transición agroecológica. Debería, por tanto, simplificarse tanto en el reglamento europeo, como en la aplicación nacional para que sus objetivos y beneficios sean claros y comprensibles para todos.

Francia apoya el modelo de aplicación de la CE, a través de los planes estratégicos nacionales, ligado al cumplimiento de objetivos comunes europeos, pero este modelo “no debe conducir a un aumento de la complejidad, sino que, por el contrario, debe garantizar un enfoque común, que es esencial para el éxito de la PAC”. La mayor subsidiariedad concedida a los Estados miembros debe ir acompañada de garantías en cuanto a su buena gestión en toda la UE y a la protección de los intereses financieros comunitarios.

Aunque Francia apoya el uso de las nuevas tecnologías, que son fuente de simplificación, éstas deben ponerse sobre todo al servicio de los agricultores y de los Estados miembros, con previsión de un periodo de transición que permita el despliegue efectivo del seguimiento, pues no todas las herramientas estarán operativas en un futuro cercano.

Francia solicita, por último, un periodo de transición de dos años, a partir del inicio de la nueva programación de la PAC, habida cuenta de los importantes cambios que supone la aplicación del nuevo marco de rendimiento (es decir, ayudas ligadas a resultados objetivos).

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