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viernes 22 de septiembre de 2017

Reportajes

La RSC da alas al sector, dentro y fuera

Gema Boiza. Periodista. @GemaBoiza

Tras varios años de lucha contra corriente, la responsabilidad social ha conseguido hacerse un hueco en el tejido empresarial español, especialmente en el vinculado al turismo y al sector agroalimentario. Con un consumidor cada vez más sensible a los impactos sociales, económicos y medioambientales de los procesos de producción, la sostenibilidad ha encontrado en la crisis y en los cambios de consumo que ésta ha provocado un caldo de cultivo para desarrollarse y, ahora sí, se puede empezar a pensar que ha venido para quedarse.

Tanto es así que la propia industria de alimentación y bebidas ya tiene identificados y definidos sus retos en esta materia. Retos que según han confirmado a Qcom.es fuentes de la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) pasan por contribuir al desarrollo de un abastecimiento sostenible de materias primas, que preserven los recursos y la biodiversidad; por desarrollar acciones para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos; por promover el cálculo de la huella ambiental de los productos alimentarios; por fomentar la formación interna del personal de la industria alimentaria; y por recurrir a las buenas prácticas medioambientales a lo largo de toda la cadena agroalimentaria.

Prácticas que según los expertos de Forética consultados por esta publicación -Julia Moreno y Juan Parodi- mejoran la eficiencia de las compañías que las practican, fortalecen sus relaciones con sus grupos de interés y su cultura organizacional, mejoran su clima laboral y su productividad, reducen sus riesgos y mejoran su reputación tanto de puertas para dentro como para fuera.

Sostenibilidad: criterio de compra del consumidor

Y es que una particularidad del sector agroalimentario es su proximidad al consumidor final, al ciudadano. De ahí su alta exposición a los patrones de consumo responsable que se van desarrollando y asentando en la sociedad. Una sociedad en la que los consumidores se sienten cada vez más insatisfechos con aquellas industrias y marcas que no presentan comportamientos social ni medioambientalmente responsables.

De hecho, casi nueve de cada diez consumidores afirman que lo más importante para las empresas es actuar con integridad en todo momento, por encima de la innovación y la oferta de productos diferenciadores, según se desprende del estudio Authentic Brands 2014.

Ese informe, de Cohn & Wolfe, también indica que para los consumidores españoles el retail y la distribución son los sectores más auténticos, mientras que el bancario y el energético son los menos transparentes.

En este sentido, los expertos de Forética añaden que se observa una mayor concienciación y reconocimiento a la sostenibilidad de los productos y servicios que se comercializan. “Hay una preocupación creciente sobre el origen y los procesos productivos de los alimentos que se consumen, así como si su producción es respetuosa con la sociedad y el medio ambiente. Estos elementos juegan un papel cada vez más importante en sus decisiones de compra”, matizan.

Decisiones que sobre todo se observan en aquellos hogares sin hijos y con pocos miembros de clase media/alta, más proclives a incluir en su cesta de la compra productos de marcas sostenibles, es decir, aquéllas que incorporan algún tipo de sello ya sea de carácter medioambiental o social, según se desprende del estudio El Mercado de Marcas Sostenibles en España. De ese informe, de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE y la consultora Nielsen, también se extrae que cada uno de estos hogares gasta de media 68 euros en marcas de gran consumo ecológicas o sociales al año.

El hecho de que los clientes demanden ciertos comportamientos sostenibles o penalicen aquéllos que no lo son es uno de los catalizadores del nivel de integración de la responsabilidad social en la gestión y estrategia empresarial y, en consecuencia, el sector agroalimentario ha tenido que avanzar en esta materia a un ritmo más intenso que otros.

Filón para exportaciones e inversiones extranjeras

Un avance que también le ha permitido llegar más y mejor a mercados exteriores. “El desarrollo de políticas de sostenibilidad y responsabilidad social sólidas y robustas tiene un retorno para las empresas en términos de competitividad y fortalece el atractivo de España y su posición competitiva”, explican Moreno y Parodi.

No sólo eso. Las buenas prácticas en materia de sostenibilidad han contribuido a que el sector agroalimentario haya tenido el respaldo financiero de inversores internacionales, ahora más

conscientes de los riesgos sociales y ambientales del sector, y más exigentes a la hora de pedir transparencia y un desempeño responsable de todas las empresas en las que invierten su capital.

Además, tal y como se indica en el informe RSE y Marca España: empresas sostenibles, país competitivo de Forética, “las compañías con mejor calificación en materia de sostenibilidad tienen un mejor comportamiento bursátil y mejores ratios de desempeño financiero”.

En cuanto a las prácticas más frecuentes de RSE en el sector agroalimentario, Moreno y Parodi apuntan que éstas se centran principalmente en dos ámbitos: la relación con los empleados y con el medio ambiente.

Aunque muchas de estas mejoras vienen impulsadas, en muchos casos, por directivas europeas o normas nacionales que obligan a hacer más eficientes los procesos productivos, otras veces, sin embargo, nacen de la convicción de la organización, que de manera voluntaria, supera las exigencias establecidas por la legislación.  

Eso sí, desde Forética sostienen que las empresas grandes son las que más facilidades –por su músculo económico principalmente- tienen para llevar a cabo una política de responsabilidad social. Teniendo en cuenta que el sector agroalimentario español está compuesto por empresas de pequeña y mediana talla, todavía hay mucho camino por recorrer en materia de sostenibilidad. Aun así, son ya muchos los ejemplos que el sector tiene para mostrar su implicación en la responsabilidad social.

Productos con mayor RSE

Así, el sector del jamón serrano ha llevado a cabo una reducción del contenido de sal incluso superior al 50% gracias al empleo de mejoras tecnológicas durante su elaboración y en la selección de la materia prima, y actualmente más del 75% de la categoría de patatas fritas y snacks se elabora ya con aceites con alto contenido en ácidos grasos insaturados como el de oliva, girasol alto oleico o maíz.

Además, un 25% de los yogures del mercado, en los últimos siete años, ha reducido un 40% el contenido de grasa; mientras que el 55% del volumen total del mercado de los platos con base de carne han reducido la cantidad de grasas trans en un 75%. Mientras, la categoría de bebidas refrescantes light o sin calorías alcanza ya el 30% de la producción total del sector; o el 56,20% del volumen total del mercado de salsas ha reducido un 30,17% la cantidad de sodio.

La lectura medioambiental de esas acciones es que se ha reducido el impacto que tiene en el entorno la generación de productos alimentarios en cada una de las etapas de su ciclo de vida, desde su producción hasta su consumo, pasando por el transporte, procesado, distribución y venta.

Un ejemplo de ello es que se ha reducido el consumo anual de agua en un 33% de 2006 a 2010. Y es que sólo el sector de las bebidas refrescantes consiguió reducir ese consumo en un 8% entre los años 2010 y 2012. Además, en el periodo 2002-2011, la industria alimentaria consiguió reducir su intensidad energética en un 46%.

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