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viernes 22 de septiembre de 2017

Reportajes

Los Ferrero ganan a los Ventura en la división de Nutrexpa

Teresa Sánchez

Ocurrió el pasado 19 de junio. Las familias catalanas Ferrero y Ventura, propietarias de Nutrexpa, anunciaban la escisión en dos del grupo y el reparto del negocio. En teoría, a partes iguales a partir del próximo 1 de enero de 2015. Los Ferrero se quedan con Cola-Cao, Nocilla, el chocolate Paladín, los batidos Okey o el edulcorante Mesura y los Ventura con las galletas Cuétara y Artiach, los caldos Aneto, los patés La Piara y los populares bollos infantiles Phoskitos.

Sobre el papel todo parece pactado y fácil así de ejecutar. En la práctica, sin embargo, las cosas pueden ser muy distintas. El actual presidente Javier Ventura, fue nombrado en 2009 por un periodo de cuatro años, y debía haber dejado ya el puesto, de carácter rotatorio a un Ferrero, cosa que no ha sucedido ante las desavenencias internas y la pelea por la gestión de la empresa.

Una vez acordada la división, los Ventura se encuentran ahora con marcas con mucho más potencial de crecimiento, según incluso los informes internos que maneja la propia compañía, y con Javier Ventura como único accionista, con un poder absoluto sobre el negocio. Los Ferrero, que se tendrán que repartir el accionariado de la nueva empresa entre cinco hermanos, se enfrentan, en cambio, a marcas con menor capacidad de desarrollo, que tienen mucho más complicado competir en el segmento de la salud y, lo que es peor, con mala imagen nutricional.

Fuentes del mercado explican que "los Ventura están convencidos de que a marcas como Cola Cao, Nocilla o Paladín les puede acabar pasando algo parecido a lo que ha ocurrido con Panrico, la dueña de Donuts y Bollycao, que ha sufrido un desplome sin precedentes en sus ventas. Salvo el caso de Cola Cao, se trata de enseñas con una imagen que necesita modernizarse y que tienen muy complicado competir en un mercado donde cada vez hay mayor conciencia de lucha contra la obesidad y mayor preocupación por la salud".

Aunque las cosas pueden cambiar en un futuro dependiendo de la gestión que se lleve a cabo, en el sector alimentario nadie duda así de que los Ventura se han quedado con la parte más atractiva del negocio, con más facilidad a la hora de la gestión, y probablemente también, más saneada financieramente. Los Ferrero asumen un negocio rentable a corto plazo, pero que puede tener muchos problemas en un futuro próximo.

La empresa, que está controlada por los dos clanes familiares a través del holding Leviritas, facturó 569 millones de euros en el último ejercicio, tiene unos activos valorados en cerca de 550 millones y una deuda, que también habrá que dividir, por otros 152 millones de euros. Y es aquí también donde pueden surgir las fracturas. Repartir los activos puede ser relativamente fácil una vez pactadas ya las líneas generales, pero quedarse con las deudas puede ser otra cosa. Sobre todo porque aunque gran parte del pasivo correspondería en teoría a la parte que se quedan los Ventura, no parece que estos vayan a poner las cosas fáciles a la hora de negociar la partición definitiva.

El problema de fondo es que los Ventura y los Ferrero empezaron a chocar ya hace años. Las discordias empezaron a partir, sobre todo, de 2009. Javier Ventura Ferrero sustituyó en ese momento en la presidencia a su primo Ignacio Ferrero, que había dirigido a la empresa durante 20 años, sin grandes operaciones corporativas, con un crecimiento pausado que se tranformó enseguida en la toma de decisiones mucho más arriesgadas. El cambio de rumbo era evidente.

Los Ventura, mucho más marketinianos y con una cultura empresarial más progresista, apostaban por diversificar el negocio. Los Ferrero, en cambio, más financieros y conservadores, no lo veían del todo claro. Pero Javier Ventura no era ya sólo el máximo ejecutivo sino también el primer accionista de la compañía con un 50 por ciento del capital.

Dos años antes, en 2007, se había hecho con el 25 por ciento de su hermano José María a cambio del 100 por cien de los laboratorios Ordesa, el fabricante de las papillas infantiles Blevit. Tenía la mitad de las acciones y enfrente los Ferrero estaban divididos. Ignacio Ferrero posee sólo un 10 por ciento, ya que el 40 por ciento restante esta dividido entre sus hermanos Xavier, Antonio, Nuria y Jordi. La batalla por el poder en Nutrexpa se inclinaba así de forma clara a favor de Javier Ventura, que prontó empezó a tomar decisiones.

Una de sus primeras -pocos meses antes incluso de llegar a la presidencia- fue la compra a finales de 2008 de las galletas Cuétara al grupo SOS (actual Deoleo) por 215 millones de euros. Ventura conseguía que Nutrexpa se hiciera cargo de las cuatro fábricas de la galletera -Villarejo de Salvanés (Madrid), Jaén, Reinosa (Cantabria) y Portugal- y una plantilla de 850 empleados. Pero lo más importante era que pasaba a controlar enseñas ademñas de la propia Cuétara, como Tosta Rica o Campurrianas y que el grupo superaba por primera vez la barrera de los 500 millones de euros de facturación.

Ventura dejó claro desde el primer momento que esa era la línea a seguir. De hecho, tan sólo cuatro años después, y en contra de la opinión de gran parte de la familia Ferrero, adquirió Artiach al grupo Panrico, que atravesaba ya serios problemas financieros. Con esta operación Nutrexpa se convirtió en el segundo mayor fabricante español de galletas en valor, ya que a la marca Cuétara sumó entonces un catálogo de enseñas tan conocidas como Chiquilín, Artinata, Marbú, Dinosaurus y Filipinos.

Así, la empresa catalana pasó controlar una cuota de mercado del 23,5 por ciento, en términos de valor, por detrás tan sólo de la multinacional estadounidense Kraft, líder del sector. En volumen de producción, la nueva compañía pasó además a liderar el ránking del sector, con una cuota del 20,6 por ciento.

Era algo que satisfacía a los Ventura, pero que preocupaba a los Ferrero, más partidarios del crecimiento orgánico. Pero si el choque con Javier Ventura empezaba a ser claro, mucho más evidente fue la pelea interna entre la hija de éste, Georgina Ventura, que se incorporó procedente de Chupa-Chups, y el clan Ferrero.

Su llegada a la comisión delegada, según admiten en el entorno de la empresa, amenazaba con provocar un grave choque de trenes, lo que obligó a que su padre y sus tíos negociaran el reparto. Si no hubiera sido así, las peleas internas entre la nueva generación podían haber causado un daño irreparable al negocio. El tiempo dirá ahora quien tenía la razón: si los Ventura y su gestión, mucho más agresiva, o los Ferrero, más tradicionales y pausados en la forma de hacer las cosas.

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