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martes 19 de marzo de 2019

Reportajes
06/03/2019

No bajar la guardia con los antimicrobianos

Durante días casi han coincidido dos informes que vienen a poner sobre la palestra el interés que despierta el uso de los antimicrobianos para la salud de los animales y por ende para la salud humana.

Por un lado, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) difundía su tercer informe anual que mostraba una evolución positiva de la regulación y el seguimiento de este asunto por los países, y una disminución del uso de antimicrobianos, salvo algunos “de importancia crítica” (CIA), como la colistina, que sigue usándose con frecuencia en algunas regiones.

Por otro lado, días después, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) revelaban en otro informe la creciente resistencia a los antibióticos usados para tratar enfermedades, que cada vez son menos efectivos. “No hay ningún signo de disminución” de la resistencia a los antibióticos en la UE, concluía el informe anual conjunto presentado por estas instituciones.

Este informe se centra en los datos de 2017 relativo a humanos, porcino y terneros de menos de un año edad, y viene a confirmar el aumento de la resistencia a los antibióticos, ya identificada en estudios anteriores. La consecuencia es la pérdida de eficacia de los antimicrobianos usados para tratar enfermedades transmisibles entre el animal y el hombre.

Para el comisario de Salud Pública y Seguridad de los Alimentos de la UE, Vytenis Andriukaitis, “el informe publicado debe hacer sonar otra vez las alarmas y demuestra que estamos entrando en un mundo donde cada vez más las infecciones comunes se vuelven difíciles o incluso  a veces imposibles de tratar.

Andriukaitis aseguró que “las ambiciosas políticas nacionales en algunas países, que limitan el uso de antimicrobianos, han llevado a una disminución de la resistencia antimicrobiana, por lo que debemos actuar en conjunto, en todos los países y en todos los sectores de salud pública, salud animal y medio ambiente bajo el paraguas del enfoque “Una Sola Salud”.

Esa preocupación va en sintonía con los resultados del tercer informe anual denominado “OIE Annual report on antimicrobial agents intended for use in animals”, en el que participaron 155 países, un récord que demuestra una mayor comprensión y una priorización del problema a escala internacional.

La OIE pretende ayudar a los países, con independencia de los recursos financieros de que dispongan, a garantizar que los antibióticos y otros medicamentos veterinarios importantes se utilicen de forma prudente y responsable. Y una de sus recomendaciones clave es que “los países suspendan progresivamente el uso como promotores del crecimiento de los agentes antimicrobianos considerados de importancia crítica.”

El uso general de antimicrobianos como promotores del crecimiento ha disminuido de 60 a 45 países, desde la última recogida de datos. Sin embargo, los antimicrobianos claves, clasificados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “Antimicrobianos de Importancia Crítica” (CIA), como la colistina, se continúan utilizando con frecuencia en varias regiones con ese propósito y, lo que es más grave, debido a esta práctica, muchos de los medicamentos que consideramos actualmente eficaces están en peligro tanto para los animales, como para las personas.

Marco regulatorio

El desarrollo de un marco regulatorio sólido se convierte así en un componente clave para proteger a los agentes antimicrobianos, asegurando su uso responsable y prudente tanto en la sanidad, como en la producción animal.

Este marco regulatorio es también un instrumento poderoso para eliminar el uso de antimicrobianos como promotores del crecimiento, aunque los enfoques voluntarios pueden ser efectivos en ciertos países. Unos 72 países aún no disponen de un marco reglamentario sobre el uso de promotores de crecimiento, menos que los 110 países que carecían del mismo  en el primer informe de la OIE sobre este asunto, lo que sugiere un progreso considerable en la puesta en marcha de regulaciones sobre el uso de agentes antimicrobianos.

A pesar de esta mejora, la situación no está como para echar las campanas al vuelo. Para Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, “si bien muchos países ya han tomado medidas clave, como el establecimiento de sistemas de vigilancia y la regulación del uso de antimicrobianos en la salud humana y animal, todavía nos queda un largo camino por recorrer. Trabajar juntos es la única manera de evitar el enorme coste humano, social, económico y ambiental de la resistencia a los antimicrobianos (RAM).”

La OIE ve alentador a que cada vez sean más países que recopilan datos y los suministran tanto de forma cualitativa, como cuantitativa (cantidades de agentes antimicrobianos utilizados) para cooperar en este ámbito.  En este tercer informe hay un aumento del 23% de los datos, con una participación fundamental de todos los sectores involucrados en la lucha contra la RAM, tanto reguladores, como veterinarios, ganaderos, empresas e industria alimentaria.

Para el director general de la Organización de Naciones  Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), José Graziano da Silva, “los antimicrobianos son importantes para proteger la salud de las personas y de los animales, así como los medios de subsistencia y la seguridad e  inocuidad de los alimentos. Pero estos medicamentos deben usarse de manera responsable y, por eso, alentamos a los países a que se comprometan con todos los sectores involucrados en promover ese uso prudente y responsable, incluso en los sectores agrícolas.”

No bajar la guardia, a pesar de los progresos, es una máxima que se tiene también en cuenta.  Como dijo Damen Sally Davies, oficial médico en jefe de Inglaterra, co-coordinadora del Grupo de la IACG de las Naciones Unidas en RAM, “reconocemos el progreso significativo para garantizar el uso prudente de los antimicrobianos en los animales en los últimos años, pero aún queda mucho por hacer.”

El PRAM español

Con ese objetivo, en España, tras la resolución del Parlamento Europeo, de noviembre de 2011, por la que se establece un Plan Director en la UE para combatir las resistencias a los antimicrobianos en 2012, se comienza a elaborar lo que hoy se conoce como el Plan Nacional frente a la Resistencia de los Antibióticos (PRAM), coordinado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, en la que también ha participado desde un primer momento el Ministerio de Agricultura (MAPA).

Las líneas estratégicas del PRAM son vigilar el consumo de antibióticos y las resistencias antimicrobianas; controlar las resistencias bacterianas; identificar e impulsar medidas alternativas y/o complementarias de prevención y tratamiento; definir prioridades en materia de investigación; formar e informar a los profesionales sanitarios, y comunicar y sensibilizar a la población en su conjunto.

El primer PRAM tuvo una vigencia de 4 años (2014-2018) y en el ámbito de la sanidad animal, como señaló Valentín Almansa,  director general de Sanidad de la Producción Agraria del Ministerio de Agricultura, en un reciente artículo de colaboración en la revista “Código 84”, “ha provocado un cambio de tendencia en el consumo de antibióticos, reduciendo un 14% su consumo.”

Además de la adhesión voluntaria a este plan por parte de los diferentes sectores ganaderos en el menor plazo posible, el PRAM ha comportado como hecho relevante, “el compromiso de los sectores ganaderos en la reducción del uso de antibióticos a través de los denominados “Plan Reduce”. El primero se centró en la reducción del uso de la colistina, con resultados muy satisfactorios, al recortarse radicalmente su uso en porcino y avicultura de carne.

El MAPA elaboró también, declaró Almansa, un plan de vigilancia del uso de la colistina para 2017-2018, que ha permitido observar un uso más responsable y ajustado de esta sustancia a las recomendaciones dadas por la UE.

En la actualidad, se ha iniciado la puesta en marcha del Segundo Plan Estratégico frente a las resistencias a los antimicrobianos, con vigencia de 2019-2021 y, en paralelo, ha empezado a funcionar la aplicación  informática “Presvet”, regulada por RD 191/2018 y adscrita al MAPA, a través de la cual las autoridades competentes tendrán la información necesaria relativa al consumo real de los antimicrobianos en las explotaciones ganaderas y por especies, mediante las prescripciones veterinarias, lo que permitirá, si fuera necesario, adoptar medidas correctoras, en base a datos reales de consumo de antibióticos.

Almansa señala en su artículo que la colaboración y el esfuerzo de todos los agentes implicados (médicos, veterinarios, farmacéuticos y demás profesionales sanitarios, así como los sectores industriales, productivos, centros de investigación públicos y privados, expertos en la materia, etc.) en este ámbito es imprescindible. “Todos  somos necesarios. Nadie sobra y, por supuesto, nadie puede desentenderse. Nos atañe a todos, y a todos nos exige y nos va a exigir seguir trabajando”

Actualizar categorías

Por su parte, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) inició recientemente una consulta pública –abierta hasta el próximo 30 de abril- para actualizar las categorías de los antimicrobianos usados en animales, con el fin de redefinir su clasificación, según el riesgo que su uso puede provocar en la salud pública, a través del posible desarrollo de resistencias, y teniendo en cuenta la experiencia adquirida desde la publicación inicial de la categorización de antimicrobianos en 2014.

La EMA propone ahora una clasificación que tenga en cuenta todos los antimicrobianos, con criterios adicionales, como la disponibilidad de antimicrobianos alternativos en medicina veterinaria. Fija cuatro categorías:

Categoría A (“a evitar”). Incluye clases de antimicrobianos no autorizados actualmente en la UE en la medicina veterinaria. Su uso está prohibido en animales productores de alimentos y solo puede administrarse en animales de compañía a título individual y en excepcionales circunstancias.

Categoría B (“restricción”). Las quinolonas, cefalosporinas y polimixinas de tercera y cuarta generación. Su uso en animales debe restringirse para mitigar el riesgo para la salud pública.

Categoría C (“precaución”). En general, incluye a los antimicrobianos para los cuales existen alternativas en medicina humana en la UE, pero solo algunas en ciertas indicaciones en la medicina veterinaria. Solo deben usarse cuando no haya sustancias antimicrobianas en la categoría D, que sean efectivas.

Categoría D (“prudencia”). Es la de menor riesgo. Los antimicrobianos aquí incluidos pueden usarse en animales, pero siempre de forma prudente. Es decir, debe evitarse su uso innecesario y por largos periodos de tratamiento. El tratamiento grupal debe restringirse a situaciones en las que el tratamiento individual no es factible.

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