Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria
  • facebook (en nueva ventana)
  • twitter (en nueva ventana)
  • Google plus (en nueva ventana)
  • RSS Avisos
Búsqueda en los contenidos de la web

lunes 17 de diciembre de 2018

Reportajes
07/12/2017

Proteína vegetal 'made in EU' (I)

  • La Unión Europea necesita una estrategia para reducir la fuerte dependencia exterior de estos productos

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

La Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural del Parlamento Europeo ha emplazado a la Comisión Europea a que elabore una estrategia para la promoción de las proteaginosas y leguminosas en el sector agrícola europeo, a fin de reducir la fuerte dependencia comercial exterior de proteína vegetal que existe en la UE, aprovechando también las nuevas orientaciones que se quieren dar a la futura Política Agrícola Común (PAC) en su aportación para frenar los efectos adversos del cambio climático.

No es la primera vez y tampoco será la última, porque los productores y las cooperativas de la UE han insistido mucho sobre este asunto, sin que desde Bruselas se les esté haciendo apenas caso. Es más, el ponente europarlamentario, Jean-Paul Denanot, recuerda que en los últimos 15 años, el Parlamento Europeo se ha pronunciado varias veces sobre las proteínas vegetales y sobre la necesidad de poner en marcha un plan europeo en la materia. “Por desgracia, añade Denanot, estas iniciativas no han tenido un seguimiento real y perdura la dependencia de la Unión respecto del abastecimiento de proteínas vegetales”, aun que hay anotar que en junio pasado el propio comisario de Agricultura, Phil Hogan, anunció una iniciativa sobre una “estrategia proteína” para Europea, después de que el Consejo realizara también su “declaración soja”.

El problema de las proteínas utilizadas en la alimentación animal solo se ha abordado desde el punto de vista de las materias primas ricas en proteínas y de nuestro déficit en proteínas vegetales, que, como apunta Denanot, “hemos intentado resolver sobre todo mediante importaciones de soja,” pero ahora se quiere pensar de otro modo sobre este tema, recordando también el papel de las proteínas en la alimentación humana.

El ponente europarlamentario  considera que el problema de la proteína es más complejo y se encuentra en el centro de dos grandes retos, como son en la actualidad dar respuesta a la seguridad alimentaria y al medio ambiente y el cambio climático. El desafío en materia de seguridad alimentaria se enmarca en la actual necesidad de los flujos de abastecimiento de proteínas vegetales importadas para cubrir las necesidades de los animales de granja.

En el informe del PE se indica que el mercado mundial de proteínas, asociado al de tortas de soja, ha experimentado estos últimos años cambios considerables, que podrían generar tensiones en el futuro, pues algunas regiones del mundo se han convertido en consumidoras muy importantes de proteínas, particularmente de carne.

Desde hace más de 50 años, el consumo de soja se ha disparado en todos los países agrícolas y esta materia prima ocupa hoy el 45% del mercado mundial de proteínas. En Europa, el consumo de esta oleaginosa ha pasado de 2,42 millones de toneladas en 1960 a unos 36 millones de toneladas en la actualidad. En otros lugares, especialmente en China, el consumo se ha incrementado enormemente y este país es hoy el primer importador mundial de soja, que procede principalmente del mayor productor y exportador mundial, Brasil.

Para Denanot, “es necesario prestar mucha atención a un hecho: China, que absorbe más de las dos terceras partes de la producción de Brasil, ha creado una estrategia de seguridad de su abastecimiento que podría, en el futuro, amenazar nuestro propio abastecimiento y el de otros compradores de soja. Nuestra factura de esta proteaginosa podría aumentar considerablemente, corriendo el riesgo de tener un autoabastecimiento insuficiente o nulo”.

Producción y mercado mundial

Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la producción mundial de semillas oleaginosas en la campaña 2017/18 estará sobre las 577 millones de toneladas, de las cuales un 60,3% corresponde a haba de soja, con 347,9 millones, repartiéndose el resto entre los 71,9 millones de colza; 46,3 millones de pipa de girasol; 44,3 millones de semilla de algodón; 43 millones de guisantes, cacahuetes, maní; 18 millones de grano de palma, y 5,5 millones de copra (pulpa seca de coco).

El primer productor mundial de haba de soja es Estados Unidos, con una cosecha estimada en la campaña 2017/18 de 120,6 millones de toneladas, seguido de Brasil (107 millones); Argentina (57 millones), China (14,2 millones), India (10 millones), Paraguay (9,4 millones) y Canadá (8,2 millones de toneladas.

En semilla de colza, la Unión Europea lidera la producción mundial con 22 millones de toneladas, un 30,6% del total mundial, seguido de Canadá (19,9 millones), China (13,1 millones), India (7,2 millones) y Australia (3 millones), mientras que en pipa de girasol Ucrania ocupa el liderazgo mundial, con 13,5 millones de toneladas (casi un 30% del total), seguido de Rusia (11 millones), la UE-28 (8,5 millones), Argentina (4 millones) y China (2,9 millones).

En  la última campaña, la producción y el consumo mundial de haba de soja se han acercado bastante, frente a una producción de 348 millones de toneladas, el consumo se estima en 344 millones, marcando un nuevo récord histórico, con solo 4 millones de diferencia. Mientras que la tendencia de la demanda ha sido alcista en todos estos años, la oferta se ha mostrado errática, de acuerdo a las condiciones agroclimáticas en las que se han desarrollado las cosechas.

En 2016, la producción fue de 351 millones de toneladas y el consumo de 330 millones, pero un año antes, producción y consumo se igualaron en 314 millones. Gracias al margen del año 2016, los stocks mundiales se han podido mantener sobre los 95-96 millones de toneladas en estas dos últimas campañas.

En la Unión Europea, la superficie de semillas oleaginosas en la campaña 2017/18 es de casi 12,1 millones de hectáreas, con un aumento del 4% sobre la campaña anterior y del 4,8% sobre la media (11,5 millones) de las últimas cinco. Más de la mitad de esa superficie es de semilla de colza (6,8 millones), quedando otro 36% para pipa de girasol (4,3 millones) y el resto para soja (920.000 ha) y semilla de lino (70.000 ha).  

En esta superficie se estima una producción de oleaginosas de 34,1 millones de toneladas, de las que un 65,4% corresponde a colza, con 22,3 millones, dejando 9 millones para girasol; otros 2,7 millones para soja y 100.000 toneladas para semilla de lino.

Francia (5,51 millones de toneladas), Alemania (4,71 millones), Polonia (2,66 millones), Reino Unido (1,89 millones), Rumania (1,68 millones) y República Checa (1,25 millones) son los principales países productores de semilla de colza. España ocupa un lugar muy discreto, aunque con cierta tendencia al alza (no en esta última campaña de siembras de otoño), con 88.000 ha y una producción de solo 205.000 toneladas.

En  pipa de girasol, el primer país productor es Rumania, con 2,25 millones de toneladas, una cuarta parte del total comunitario, seguido de Bulgaria (1,9 millones); Hungría (1,87 millones); Francia (1,3 millones) y España (770.000 toneladas).

En haba de soja, los mayores productores son Italia, con 1,08 millones de toneladas, un 40% del total comunitario, seguido lejos por Rumania (420.000 toneladas); Francia (400.000 tm); Croacia (210.000 tm); Austria (170.000 tm) y Hungría (160.000 tm). España, con una superficie de solo 2.000 hectáreas, la producción es de unas 5.000 toneladas.

(El artículo continuará en una segunda entrega)

<< volver

MÁS EN Reportajes

11/12/2018