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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

15 DE enero DE 2021

Quién recibe nuestra querida PAC

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

El Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA) publicó hace unos días el informe “Ayudas directas y Desarrollo  Rural 2019”, que analiza la edad y el sexo de los perceptores a nivel nacional y por comunidades autónomas. El Ministerio de Agricultura lo “aprovechó” a su favor para incidir en que va a impulsar políticas en la próxima PAC, a través del Plan Estratégico nacional, centradas en la perspectiva de género y en “medidas que atiendan las necesidades de las mujeres y jóvenes para lograr un crecimiento justo, inteligente, sostenible e integrador de la actividad agraria en el medio rural.”

Este último párrafo, como eslogan publicitario del MAPA incluido en la nota del Gabinete de Prensa, puede estar muy bien, pero las palabras no logran esconder la realidad cruda y dura con la que se enfrentan muchos jóvenes y muchas mujeres para continuar subsistiendo en el día a día del sector agrario y en el medio rural. Las medidas adoptadas hasta ahora por parte de todas las Administraciones públicas son bastante insuficientes y no han posibilitado en lo más mínimo revertir una situación difícil, que está muy lejos de ser la ideal para el mantenimiento de la actividad y la vida en nuestros pueblos.

Además, el informe del FEGA sobre la distribución de las ayudas directas y de Desarrollo Rural por edad y sexo invita a muchas más reflexiones que las explicitadas por el propio MAPA. Una de las más inmediatas se refiere a los cambios que con el tiempo se observan en el tipo de perceptores de estos pagos según su naturaleza jurídica.

Personas físicas o jurídicas

En el informe de 2012, las personas físicas suponían el 95% de los perceptores totales y las personas jurídicas (cooperativas, SAT, comunidades de bienes, sociedades limitadas (S.L.) o sociedades anónimas (S.A.) el 5% restante. En 2019 bajaba el porcentaje de perceptores personas físicas hasta el 91,85% y, subía el de perceptores que eran personas jurídicas, hasta el 8,14% del total.

Este cambio es mucho más acusado si se analizan los importes de ayudas PAC percibidos. En 2012, las personas físicas recibían el 73% del total y las personas jurídicas, el 27% restante, mientras que siete años más tarde, en 2019, las personas físicas fueron perceptoras del 62,57% del total de estos pagos, más de 10 puntos porcentuales menos, y las personas jurídicas, del 37,43%, unos 10 puntos más que en 2012.

Esta tendencia en la distribución de las ayudas PAC no es negativa en sí misma, pero deja bastante claro la pérdida de peso de los agricultores autónomos individuales y, por ende, de las explotaciones de tipo familiar, a favor de perceptores de otro tipo de entidades jurídicas que, o bien pueden ser asociativas (cooperativas, SAT, comunidad de bienes…) o, bien, plenamente empresariales.

En estas últimas, la mayor parte de las veces el agricultor o ganadero es simplemente un trabajador asalariado, que incluso ni vive en el medio rural, de una empresa o conglomerado industrial, como ya sucede en los sectores de integración de cría intensiva de ganado (porcino, aves, conejos, vacuno de carne…). Un tipo de actividad agraria que, paulatinamente, se va extendiendo a otros sectores productivos (lácteo, hortofruticultura intensiva, oleícola…), en los que, en ocasiones, la mayoría del capital social está en manos de un fondo de inversión (la denominada “uberización” progresiva del campo, a la que se refiere COAG).

De todas formas, en un momento en que cobra tanta importancia el tratamiento de los datos (Big data), no se entiende que no se profundice más en este tipo de análisis que podrían contribuir posteriormente -y mucho- a la toma de decisiones más acertadas y oportunas y, sobre todo, a su adopción más eficaz.

“Jubilados” con ayudas PAC

Otro punto importante de este informe es que el número de perceptores de igual o más de 65 años y el importe percibido continúan siendo bastante elevados. En el informe de 2012,  hasta un 40,57% del total de perceptores (333.851) de las ayudas directas contaba con 65 o más años de edad. En 2019, el porcentaje disminuía hasta el 38% del total, con 232.427 perceptores, con un descenso, por tanto, de 2,57 puntos y de 101.424 perceptores a lo largo de este periodo, sin duda un número aún importante.

Este colectivo cobró en 2012 casi un 29% del total de las ayudas directas PAC y 1.112 millones de euros, bajando en 2019 hasta un 26,41% del total y 937,5 millones, es decir, cerca de 3 puntos porcentuales y 175 millones de euros menos. Una cifra todavía considerable, con una media de poco más de 4.000 euros por perceptor.

Hay que reconocer que hoy en día, dependiendo de sectores, un agricultor o ganadero de entre 65 y 70 años puede permanecer perfectamente, en condiciones normales de salud, en la actividad agraria sin excesivos problemas, incluso estando jubilado, gracias a la importante tecnificación e innovación que se ha desarrollado en el sector agrario en las últimas décadas.

A partir de esa edad, sin embargo, parece no solo más complicado continuar ejerciendo directamente el trabajo en la agricultura o la ganadería, salvo que como gestor de su explotación tenga empleados por cuenta ajena (o acuda a una empresa de servicios) que realicen las labores que exigen un mayor esfuerzo físico. O también que cuente con algún hijo/a o pariente familiar que vaya cogiendo el relevo en la actividad. Como lo es también que a esa edad es especialmente difícil que un agricultor o ganadero muestre especial interés en continuar invirtiendo profesionalmente en la mejora o en aumentar la dimensión de su explotación.

En este caso se echa de menos también un análisis pormenorizado de este tramo de perceptores de igual o más de 65 años de edad, e incluso de aquéllos en el tramo a partir de 70 años, que de una forma u otra continúan en la actividad y percibiendo ayudas directas de la PAC. Estas ayudas, ¿sirven exclusivamente para complementar su escasa pensión? ¿Sirven como un ingreso extra al margen de la actividad agraria, que ya no llevan a cabo o que realizan marginalmente? ¿Se utilizan para reducir el coste de las cesiones o arrendamientos de tierras de cultivo o aprovechamiento de pastos a terceras personas o a sociedades no titulares de la explotación? ¿Son un impedimento para que agricultores o ganaderos jóvenes puedan aumentar la dimensión de sus explotaciones o invertir en mejora y modernización?

Por descontado que esto no parece preocupar apenas a la Administración. Lo que quieren, principalmente las CC.AA. es poder seguir “utilizando” las competencias de gestión administrativa de la que disponen para la distribución de las ayudas comunitarias directas de la PAC a los perceptores de su territorio, en beneficio de su propia imagen. Y así, se aprestan a divulgar una y otra vez, antes, durante y después, su concesión, como si se fueran dádivas o regalías para el campo, cuando su objetivo real es simplemente compensar -muchas veces ni eso- la renta de agricultores y ganaderos, ante los bajos precios de venta de sus alimentos y materias primas en el mercado.

Jóvenes y no tanto

En tercer lugar, el MAPA saca pecho con el ligero incremento de los importes de ayudas directas que tienen como destino los agricultores jóvenes (menos de 40 años). Según el informe del FEGA, frente a los datos de 2017, se da un ligero incremento de los importes de ayudas que tienen ese destino, que pasan del 14 % al 14,59 %, con un aumento en un par de años de unos 20 millones de euros, de 498 millones de 2017 a poco más de 518 millones de euros de 2019, que representan, tomen nota, un 55,2% y 420 millones menos que lo que percibieron en ese año los beneficiarios mayores de 65 años.

El número de perceptores jóvenes (menos de 40 años), en 2017 suponía menos del 9% del total, con 60.538 beneficiarios (4.184, un 0,62% del total, menores de 25 años), mientras que en 2019 eran un 8,93% del total, con 54.598 beneficiarios  (4.228, un 0,69% del total, menores de 25 años. Es decir, un 8,54% y 5.940 perceptores menos. ¿Es para tirar cohetes? ¿En qué se basa el MAPA para decir que hay un “paulatino avance de jóvenes -y mujeres- como perceptores de ayudas, al menos de ayudas directas?

Si se los compara con los perceptores mayores de 65 años en 2019, los agricultores jóvenes que recibieron ayudas directas de la PAC en ese ejercicio suponen apenas un 23,5% de aquéllos y son 177.829 menos o, dicho de otra forma, representan casi 4,3 veces menos, que se dice pronto.

El informe de 2012 incluye más tramos por edad en el reparto de ayudas directas, con uno que va de 35 a 44 años. Siendo así, en ese ejercicio, estos jóvenes de hasta 44 años percibieron un 21,12% del importe total de las ayudas directas y casi 812 millones de euros (apenas 13 millones, un 0,34% del total, los de menos de 25 años), mientras que el número de perceptores fue de 122.308, un 14,87% del total (0,21% y 1.696 los de menos de 25 años).

Sí es cierto que, como destaca el MAPA, en el caso de las ayudas de los programas de Desarrollo Rural, la situación es mejor para los jóvenes menores de 40 años que en las ayudas directas, pues estos pasaron de percibir el 31,83 % de los importes en 2017, con casi 192 millones de euros de Gasto Público Total (FEOGA + AGE+ CC.AA.), al 37,06 % en el ejercicio 2019, con casi 265 millones de euros.

En número de beneficiarios, los perceptores de estas ayudas de Desarrollo Rural representaban en 2017 un 15,6% del total, sumando 23.774 (2.398 de menos de 25 años), frente a los 33.065 (21,65%) mayores de 65 años en ese ejercicio. Y en el ejercicio de 2019 eran el 16,5% del total de los beneficiarios, con 24.450 (2.561 menores de 25 años), frente a los 28.853 (19,42%) de igual o más de 65 años de edad. Teniendo en cuenta, además, que para percibir estas ayudas se exige en la mayoría de los casos inversiones adicionales en la explotación del propio beneficiario.

Cuestión de género

Por último, la cuestión de género. Las mujeres percibieron en 2019 un 27,2% del total de las ayudas directas del primer pilar de la PAC, con casi 965 millones de euros, representando un 37,2% del total de los perceptores, con 227.250 beneficiarias. Las de edad de igual o más de 65 años (94.732, un 41,7% del total de este género) recibieron 357,6 millones (37,1% del total percibido por el colectivo femenino), mientras que las de menos de 25 años de edad (877, un 0,4% del total), cobraron apenas 8,1 millones de euros (0,8%).

En 2017, las mujeres percibieron un 27,3% de las ayudas directas de la PAC, con 971,5 millones de euros, representando un 37,1% del total de perceptores, con 252.214 beneficiarias. Las que en ese ejercicio tenían igual o más de 65 años (102.728, un 40,7% del total del colectivo femenino) percibieron 351,7 millones de euros (36,2% del total del mismo). Mientras que las de menos de 25 años de edad (914, un 0,4% del total) cobraron en ese año 6,8 millones de euros (0,7%).

Si nos remontamos al informe de 2012, es decir, a la PAC de 2008-2012 del pago único, las 292.039 mujeres perceptoras representaban entonces el 35,5% de los beneficiarios totales, y percibieron 1.027,9 millones de euros de ayudas directas (26,7% del total). Entonces, las perceptoras de igual o más de 65 años sumaban 118.501 (40,6% del total del colectivo beneficiario) y percibieron 378,09 millones de euros (36,8% del total destinado al mismo). Mientras que las de menos de 25 años de edad eran apenas 514 (0,18% del colectivo) y percibieron 2,86 millones de euros (0,28%).

En Desarrollo Rural, aunque podría esperarse ratios mejores, no es así. Las mujeres perceptoras de ayudas públicas en 2019 representaron el 31,4% de todos los beneficiarios (46.593) y un 26,3% del importe total (188,24 millones de euros). En 2017, eran el 32,8% del total (50.125), percibiendo el 28% del importe (casi168 millones). Es decir, se fue a menos.

En resumidas cuentas, dos breves apuntes: el colectivo femenino continúa percibiendo durante todos estos años menos del 30% de los pagos directos de la PAC, representando alrededor de poco más del 37% de todos los beneficiarios de estas ayudas, (En Desarrollo Rural, el 26,3% del gasto público total y el 31,4% de los beneficiarios totales). Y aunque las perceptoras de igual o más de 65 años vienen disminuyendo en número, las que deberían tomar el relevo generacional siguen siendo muy insuficientes. Conclusión: Nada que pueda celebrarse y mucho, muchísimo trabajo por hacer  en la PAC que entrará en vigor en 2023.

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