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viernes 22 de septiembre de 2017

Reportajes

SIRO y Mercadona buscan trigos fuerza

Ricardo Migueláñez. Ingeniero Agrónomo. @rmiguelanez

Nuestro país necesita más de un millón de toneladas de trigo de alta fuerza (800.000 t se importan de Estados Unidos y 200.000 t de otros orígenes, como Canadá, Alemania o Francia), pero apenas producimos 200.000 toneladas, a pesar de ser un producto cada vez más demandado por harineras, galleteras y fabricantes de pastas. Se dice que atender esa creciente demanda puede lograrse solo con pequeños ajustes en el manejo del cultivo, respecto al trigo convencional, prestando una especial atención al fraccionamiento del abonado nitrogenado.

La realidad, sin embargo, corrobora que si ello fuese tan fácil y manejable para los agricultores y, sobre todo, para los que, como socios, entregan su cereal en las cooperativas, hace ya tiempo que se hubiesen puesto a producir lo que la industria transformadora agroalimentaria viene demandando (e importando, pues el 90% de los trigos fuerza que se consumen en España son importados) sin nada más que atender que a su propia rentabilidad.

En España ha existido siempre el cultivo de trigo de fuerza y, aunque ahora somos deficitarios, en el pasado no fue así. Este cultivo se perdió por una serie de razones, como la utilización de semilla no certificada y la pérdida de rentabilidad por el fuerte incremento de costes de producción en relación al precio de venta, compensado en parte por las ayudas de la PAC.

Las primas por calidad contribuyeron inicialmente a la expansión del trigo duro, más subvencionado que el trigo blando de fuerza, hasta que éstas desaparecieron en la anterior reforma. La mala planificación y orientación productiva, junto con la siembra excesiva derivó también en la producción de trigo duro de insuficiente calidad, que tuvo que destinarse en muchos caos a pienso.

Grupo Siro y el trigo de alto valor

En la jornada “AgroHorizonte 2020”, organizada por la Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León el pasado 24 de febrero, en Palencia, se analizaron precisamente las posibilidades de crecimiento, vinculadas a la demanda de la industria agroalimentaria del trigo de alto valor.

Esta iniciativa partió de la creación en marzo de 2014 de un Grupo de Trabajo sobre el sector de herbáceos de alto valor en Castilla y León, formado por cultivadores, representados a través de las organizaciones profesionales agrarias y las cooperativas (Urcacyl, ACOR y Agropal), empresas de fertilizantes (Fertiberia) y representantes del sector molturador y transformador (harineras y empresas, como Siro y Gullón), que elaboró un documento base para el debate posterior en esta Jornada técnica.

Por el lado de la industria transformadora, tuvo especial protagonismo el presidente del Grupo Siro, Juan Manuel González Serna, que se refirió a la “Puesta en valor de los trigos de calidad” y animó al sector productor a apostar por el trigo duro, por su alta demanda dentro del sector galletero, así como por su rentabilidad y productividad, y también a alcanzar acuerdos con todos los agentes de la cadena de valor de los distintos productos, “de forma que los que producen se pongan en contacto con los que venden para sacar la máxima rentabilidad y ahorrar, ya que cundo hay ahorro se pueden repartir ganancias”.

González Serna abogó en dicha Jornada en su apuesta por la innovación y por la transferencia de conocimiento. Y puso el ejemplo del grupo que preside, presentando una ponencia (“Grupo Siro: cultivamos futuro”), en la que, entre otras cosas, señaló que la empresa está ya cultivando 1.600 hectáreas en las provincias de Burgos y Palencia, en las que se analizan los costes por cultivos, las distintas variedades, los tipos de suelo, etcétera. Un estudio, añadió, que hacen llegar a los agricultores que estén interesados. En la campaña anterior, el Grupo alcanzó acuerdos para cultivar un total de 2.000 has, de las que se obtuvieron 12.000 t de trigo de fuerza.

En su ponencia, el presidente del Grupo Siro, que vende bajo la marca “Hacendado” nada menos que el 88% de su producción como interproveedor a la cadena de distribución minorista Mercadona, señaló que son el segundo fabricante nacional de galletas, con 99.000 t (23% de la cuota de mercado en volumen se fabrica para Mercadona); el segundo fabricante nacional de pasta, con 75.000 t (33% cuota de mercado); el primer fabricante nacional de pan de molde, con 90.000 t (31% cuota de mercado); el segundo fabricante nacional, con 20.000 t de cereales  (12,3%); el segundo fabricante nacional de bollería, con 86.000 t (32% de cuota); el primer fabricante nacional de pastelería, con 4.600 t (32% de cuota de mercado), y el tercer fabricante de coproductos, con 44.000 toneladas.

Cuenta con dos instalaciones en Aguilar de Campoo (Palencia), otras dos en Venta de Baños (Palencia); la Fundación Grupo Siro, en Cevico Navero (Palencia); en Briviesca (Burgos), Montblanc (Tarragona), Paterna (Valencia); Navarrés (Valencia); Madrid, Jaén, Antequera (Málaga), Medina del Campo (Valladolid) y Toro (Zamora), así como el centro de I+D+i en El Espinar (Segovia).

Su facturación anual se elevó en 2014 a 610 millones de euros, un 8% y 45 millones más que en el año anterior y casi un 50% y 200 millones más que en 2010. El pasado año realizó inversiones por 34 millones de euros, frente a los 46 millones de 2013. Su ebitda (resultado bruto antes de amortizaciones) fue de 97 millones en 2014, diez millones y un 11,5% más que un año antes, y cuenta con 4.065 personas empleadas el pasado año, tras aumentarlas en 210 respecto a 2013.  

Necesidad triguera

El presidente del Grupo Siro afirmó en su intervención que sus necesidades como industria transformadora son de 340.000 t, que deberían producirse en 80.000 has de cultivo de trigo, con un mínimo de 240.000 has en rotación de cultivos; De esta demanda de trigo, 90.000 t corresponden a trigo blando galletero y a 27.000 has; otras 125.000 t a trigo blando fuerza, con 21.000 has en regadío, y 125.000 t a trigo duro en 32.000 has.

Según datos del Magrama, de julio de 2014,  el 47,2% de la superficie nacional destinada a cultivo de trigo blando, unas 883.707 has, está en Castilla y León, con una producción de 2,75 millones de toneladas (48,6% del total nacional) y un rendimiento medio de 3.110 kilos/ha, frente a los 3.020 kg/ha de media nacional. En cambio, apenas el 0,5% de la superficie nacional destinada a cultivo de trigo duro, con 1.596 has en la provincia de Burgos, está en esta región, con una producción de 4.720 toneladas (0,6% del total nacional) y un rendimiento medio de 2.960 kg/ha, frente una media nacional de 2.390 kg/ha.

No obstante, en cifras promedio del último quinquenio (2010-2014), los rendimientos del trigo blando en Castilla y León han mejorado un 7%, hasta los 3.540 kg/ha, mientras que en trigo duro ese aumento en la provincia de Burgos, que es donde aún se cultivo, se ha incrementado en ese mismo periodo en un 30%, hasta cifra promedio de 3.030 kg/ha.

Y la pregunta es sobre si ¿se pueden todavía seguir mejorando los rendimientos productivos? Según González Serna, a pesar de los programas de mejora de los trigos, llevados a cabo por diferentes instituciones públicas de investigación (Itacyl, IRTA, IFAPA, ITAP) y de proyectos como el Tricalreg (trigos blandos de alta calidad en regadíos de Castilla y León) del año 2009, la realidad es que hoy producimos un conjunto de variedades mezcladas, que no se sabe dónde van, ni para qué se emplean. 

Esto denota, sin duda, que con carácter general sigue habiendo cierto distanciamiento entre la realidad de lo que cultivan y producen los agricultores (y sus motivaciones tendrán para hacerlo de una manera y no de otra), lo que marcan los distintos programas de mejora que se llevan a cabo y, por supuesto, lo que demanda (e importa) la industria de transformación que se debería cultivar y producir.

Programa Caspopdona

El Grupo Siro aplica el denominado Modelo de Calidad Total entre todos los eslabones de la cadena agroalimentaria, empezando por el sector primario. Se trata del programa Caspopdona (Cadena Agroalimentaria Sostenible, Proveedor 0, Proveedor, Mercadona), que promueve la utilización de materias primas de origen nacional y un trabajo directo, a través de la promoción de acuerdos, con todos los eslabones de la cadena alimentaria.

Este grupo, según afirmó su presidente, persigue entre sus objetivos un modelo sostenible en la producción de cereales en Castilla y León, replicable en todo el campo español; impulsar el cultivo de variedades de trigo que aúnen los intereses agrícola e industrial, consiguiendo el máximo valor para el “Jefe” (cliente o consumidor); trabajar con estabilidad en el sector primario y eliminar los riesgos de un mercado volátil, así como generar un modelo de trabajo “escalable”, que aporte valor a todos los eslabones de la cadena.

Y, para ello, está dando una serie de pasos: 1) trabajar con las principales casas de semillas (Limagrain, RAGT y Marisa); campos de ensayo de trigos blandos, cebadas, triticales, centenos…, y multiplicación de semilla. 2) Abrir líneas de investigación para la recuperación del trigo duro en Castilla y león, con dos campos de ensayo de este cereal en vega y páramo y con 8 variedades seleccionadas. 3) Colaborar con Fertiberia y el Itacyl para el estudio de la optimización de abonados en trigos de fuerza y media fuerza. 4) Contratar y distribuir semilla con agricultores: 100 has (80 has de trigo duro y 20 has de trigo blando de fuerza), y 5) promover la investigación agroalimentaria, a través del I Premio Fundación Grupo Siro.

Lo que se busca en una estrategia a largo plazo es poder recomendar las variedades de trigo blando y de trigo duro apropiadas para cada tipo de suelo y clima, que satisfagan las necesidades de los productos que elaboran; estudiar los costes de los cultivos de forma individual, por cultivo y finca, y seleccionar los cultivos óptimos en rotación, atendiendo a la demanda del mercado y la rentabilidad en campo. En suma, trabajar con el sector agrario de Castilla y León, colaborando con el cultivo de trigo blando de fuerza y trigo duro (trigos que aporten valor) para cubrir el consumo de la empresa, salir al mercado, reducir volatilidades, trabajar con rentabilidad, etcétera.

Hándicaps productivos

A pesar de todo, la realidad se enfrenta a una serie de hándicaps, que se pusieron encima de la mesa por las organizaciones y cooperativas agrarias que, en principio, son partidarias también, como no podría ser de otra forma, de orientar la producción a la demanda real del mercado, pero siempre que esa demanda genere un mayor valor añadido a la producción agrícola, produciendo aquello en lo que se sea más eficiente.

Entre estos hándicaps están las elevadas exigencias de cultivo de los trigos de alto valor añadido, que se contraponen con su rentabilidad final para el agricultor, máxime teniendo en cuenta el difícil escenario edafoclimático de esta región, que incide en una variabilidad, muchas veces extrema, de los rendimientos productivos.

El cultivo de trigos de fuerza exige, además, dosis determinadas de siembra de semilla certificada; un abonado exigente (nitrogenado en varias aplicaciones); tratamientos fungicidas e insecticidas y, en su caso, manejo adecuado del riego. Se trata de un cultivo no apto para todas las zonas, pues no da el resultado de volumen, valor y calidad esperados en los secanos.

Incluso salvando estos inconvenientes, se considera que la industria transformadora debería definir sus necesidades con más claridad y poner en valor todos los años la cosecha, buscando una fórmula adecuada y estable para calcular el precio del producto, que tenga en cuenta los costes reales de producción, un margen específico de rentabilidad y el pago de primas por calidad y por volatilidad.  

Otro hándicap, aunque quizás no sea el más decisivo, es el de crearse una fuerte dependencia productiva de un único comprador (agricultor-industria transformadora- distribución) que, en determinadas condiciones, se ve con cierto escepticismo, aunque pueda ofrecer estabilidad en el tiempo. Algo así como la obligación de poner todos los huevos en la misma cesta.

Además, no hay que obviar que en el sector de cultivos herbáceos, las relaciones interprofesionales han brillado hasta ahora por su ausencia y ni tan siquiera los diferentes eslabones han sido capaces de ponerse de acuerdo para regularse a través de contratos tipo homologados. Claro que todo puede cambiar de aquí en adelante.

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