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lunes 25 de septiembre de 2017

Reportajes

Sol Daurella gana a Marcos de Quinto en la lucha por el poder en Coca-Cola

Teresa Sánchez

Coca-Cola anunció el pasado 20 de octubre el nombramiento de Marcos de Quinto, hasta ahora presidente de la filial en la Península Ibérica, como nuevo 'chief marketing officer' de la compañía, es decir, director mundial de Marketing. Y la pregunta corrió entonces como la pólvora por los despachos de la empresa y los pasillos de sus fábricas.

¿Es un ascenso, una promoción tras tantos años de carrera y dedicación al grupo, o 'una patada hacia arriba? ¿Se premia su labor o se castiga el hecho de que todavía no se haya conseguido cerrar el Expediente de Regulación de Empleo? Lo que parece evidente, según reconocen fuentes próximas a la compañía, es que tras una dura batalla por el poder en el último año y medio entre De Quinto y Sol Daurella, presidenta del nuevo embotellador único en España, Coca-Cola Iberian Partners, ha sido ésta última la que ha ganado la batalla.

Cuando a finales del año pasado, la embotelladora anunció por primera vez la necesidad de hacer una reestructuración de empleo -con 1.280 trabajadores afectados en un principio- y planteó el cierre de cuatro fábricas (las de Madrid, Asturias, Alicante y Palma de Mallorca), Marcos de Quinto quiso dejar muy claro que Coca-Cola no era la responsable. "Esta no es mi empresa y éste no es mi ERE", aseguró en varias ocasiones, intentando que la marca, a la que durante años se había asociado con el concepto de la felicidad, no saliera castigada.

Su posición disgustó sin embargo profundamente a Daurella, que lejos de tomar una posición pública para explicar el ERE tanto a los sindicatos, como a la opinión pública y a la propia Administración,  se decantó por quedar en un segundo plano, exigiendo a la central en Atlanta que tomara cartas en el asunto y exigiera al presidente de su filial española actuar en consecuencia. El resultado fue evidente según avanzaban los meses y la negociación iba encallando, Marcos de Quinto se vio obligado a actuar.

Fue Coca-Cola y no su embotellador la que hizo declaraciones públicas a los medios de comunicación, fue Marcos de Quinto el que debatió con los sindicatos -más allá de la negociación- y fue él también el que se reunió con distintos miembros del Gobierno y responsables de las comunidades autónomas afectadas por los cierres para explicarles el proceso. Todo hasta que el pasado mes de junio la Audiencia Nacional decidió declarar nulo el proceso.

Coca-Cola Iberian Partners había reducido el número de afectados a 1.190 y había mejorado sensiblemente las condiciones económicas del ERE, planteando además una reducción drástica del número de despidos en favor de las bajas voluntarias, las prejubilaciones y las recolocaciones dentro de la compañía, pero los tribunales acabaron por quitarle la razón. La compañía se veía obligada así a iniciar un nuevo proceso de negociación con los sindicatos y Daurella, que lejos de asumir su propio fracaso, no dudo en culpabilizar a Marcos de Quinto cada vez que tuvo una oportunidad, exigiendo además responsabilidades en Atlanta.

Los sindicatos han asumido ahora que las fábricas no se van a abrir, pero la Audiencia debe pronunciarse aún en los próximos días sobre si acepta o no la ejecución provisional de la sentencia de junio, lo que obligaría a la readmisión inmediata de los 234 despedidos de forma forzosa en la fábrica madrileña de Fuenlabrada. Todo, a la espera en cualquier caso de lo que pueda decidir el Tribunal Supremo, que es el que tiene la última palabra, una vez que Coca-Cola interpuso el correspondiente recurso.

Como la negociación con los trabajadores parece rota, el futuro de la empresa aparece así plagado de incertidumbres, con Marcos de Quinto en proceso de salida y con Sol Daurella ganando, en cualquier caso, poder mientras se decide quién es el nuevo presidente de Coca-Cola España, un puesto que de un modo u otro, la máxima responsable del embotellador quiere tener bajo su control.

Es un éxito sí de la empresaria catalana, pero no significa tampoco de todos modos una derrota de Marcos de Quinto, algo que para la multinacional habría sido un símbolo de debilidad. Hay que tener en cuenta que el puesto para el que ha sido designado y que hasta la fecha ocupaba Joe Tripodi, que se jubilará y dejará la multinacional a finales del mes de febrero de 2015, equivale en la práctica a ser prácticamente el número dos del grupo.

En Coca-Cola, el negocio recae en cada una de las embotelladoras en el mundo y la fuente principal de actividad es el desarrollo de las distintas marcas que la integran. Más que de refrescos, se podría decir, de hecho, que se trata de una empresa de publicidad y marketing. En la empresa nadie duda así tampoco que, al margen del éxito de Daurella, el nombramiento de Marcos de Quinto es un premio a su carrera después de 14 años al frente de la compañía en España y más de tres décadas dedicado a ella.

Licenciado en Economía por la Universidad Complutense de Madrid, en la presidencia de Coca-Cola España desde el año 2000 y habiendo ocupado con anterioridad diferentes puestos en el área de marketing en España, en la División del Sudeste y Oeste de Asia, y en Alemania, además de haber sido director general en Singapur y Malasia, abandona ahora su puesto al frente de una de las filiales más rentables del grupo. Pero lo hace por la puerta grande y para ser, en los últimos años de su carrera, una de las personas con mayor peso en el gigante mundial de los refrescos.

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