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viernes 20 de abril de 2018

Reportajes
20/03/2018

Cambio climático y relaciones comerciales internacionales

Redacción Qcom.es

Hasta ahora, normalmente, cuando se hace referencia a los efectos del cambio climático en el sector agrario y agroalimentario, se pone el foco sobre lo que afecta y puede afectar a cada país, a cada producción, a nivel local, regional o comunitario. En cambio, poco se conoce sobre los efectos que la evolución del clima puede tener a medio y largo plazo en otras regiones o zonas del mundo que, además, son suministradoras de materias primas y de alimentos que atienden las demandas necesarias en la Unión Europea.

Para dar respuesta a esta preocupación está en marcha el proyecto IMPREX (www.imprex.eu) (“Mejora las Predicciones y la Gestión de los Extremos Hidrológicos”), que revela las consecuencias que el cambio climático tiene o puede tener sobre la escasez de agua y la sequía en muchas partes del mundo, y que podría hacer vulnerables los suministros de ciertas materias primas básicas o alimentos que demanda el mercado comunitario.

Como queda constatado en los últimos años, el cambio climático está provocando ya una escasez de agua y episodios de sequía extrema o, por el contrario, de inundaciones en diversas regiones del mundo, con implicaciones e impacto directo en la Unión Europea, ya que muchos de los bienes que son consumidos o utilizados aquí se producen fuera de las fronteras comunitarias.

Se teme que en un futuro no muy lejano, los suministros al mercado comunitario de soja, arroz, caña de azúcar, algodón, almendras, uvas…etc., podrían verse afectados por la gravedad de esta situación agroclimática. A largo plazo, otros productos de los que la UE tiene gran dependencia, como el café o el cacao, podrían ver también su oferta alterada en los países productores por el cambio climático, al modificarse los patrones normales de lluvias y, por tanto, incrementarse los riesgos de sequía o de otros problemas relacionadas con un insumo clave, como es el agua (escasez o inundaciones). La primera consecuencia de todo ello es que el suministro de estos alimentos sería mucho más caro, e incluso habría dificultades para encontrarlos en el mercado en un determinado momento.

soja

Ahora mismo, el caso más paradigmático es el de la soja, de cuyas importaciones la Unión Europea depende casi por completo para satisfacer la demanda de alimentación de los sectores ganaderos productores de carne y de leche, al tener que importar de 30 a 35 millones de toneladas por año y producir internamente solo alrededor de un millón de toneladas.    

España es, además, el primer importador de cereales (maíz y trigo), y de soja de la Unión Europea, con los que atiende la demanda de alimentación de su ganadería de cría intensiva (porcino y aves, vacuno de abasto) y de su vacuno de leche. En la última campaña completa, la 2016/17,  Países Bajos importó de países terceros casi 3,7 millones de toneladas de soja, un 26% del total, mientras que España adquirió más de 3,2 millones, un 23% del total.

Elevado déficit sojero

El déficit en la producción de soja en la UE plantea un riesgo significativo para su economía y, especialmente, para su industria cárnica, debido a la alta demanda que existe de esta materia prima para la formulación de piensos, su alta dependencia de las importaciones y la vulnerabilidad del cultivo por la sequía y la falta de agua en algunas regiones productoras.

El informe del proyecto Imprex refleja que en la actualidad el 57% del suministro de soja que recibe la Unión Europea es vulnerable a la escasez de agua. Esto lleva a que un porcentaje significativo de la producción comunitaria de carne y de leche estaría en riesgo, sobre todo la de aquellos países que dependen de la importación de esta oleaginosa de Argentina y Estados Unidos, dado que sequías prolongadas y escasez de agua en estas regiones podrían interrumpir o limitar el suministro habitual o causar un importante incremento de su precio. En Brasil, por otro lado, el 96% de la producción sojera está clasificada como de bajo riesgo de sequía y escasez de agua.

blue

El mapa adjunto muestra la imagen de la vulnerabilidad en la producción mundial de soja. Tampoco hay que desdeñar que cualquier interrupción en el suministro de esta oleaginosa tendrá también un impacto en otros granos. Las fluctuaciones en su precio afectarían a la demanda y a las cadenas de suministro de otros productos, caso del trigo y el maíz para la fabricación de piensos.

Vulnerabilidad de las importaciones de soja en la UE debido a la escasez de agua

Esta fuerte dependencia exterior ha llevado a la Comisión Europea, al Parlamento Europeo y a buena parte de los Estados miembros a comprometerse en el diseño de una estrategia comunitaria para impulsar la producción propia de proteína vegetal (oleaginosas, proteaginosas, leguminosas) en la Unión Europea. El fin está claro: recortar las elevadas importaciones de soja y derivados  (torta y harina) de países terceros.

Impactos del clima

Los impactos del cambio climático fuera de las fronteras comunitarias se prevén que representen un riesgo creciente para los importadores de productos agroalimentarios de la UE. Precisamente, el proyecto IMPREX, subvencionado por el programa Horizonte 2020, tiene como objetivo general mejorar la capacidad de la sociedad para anticiparse y responder a los impactos del cambio climático.

El sector privado, los gobiernos de cada Estado miembro y la UE tendrán que desempeñar un papel en apoyo de los productores de materias primas que deben ser importadas desde los países en desarrollo para mitigar de forma efectiva los impactos del cambio climático.

sequía

Las estrategias políticas y comerciales deberán considerar que la economía de la UE es altamente dependiente de ciertos bienes producidos en regiones vulnerables a los impactos relacionados con la escasez de agua, y para ello promover más acciones que contribuyan a mitigar sus consecuencias negativas, abordando estas dependencias sobre una base sectorial, a través de Estrategias de adaptación al cambio climático y de política comercial agrícola, así como otras de desarrollo internacional paneuropeo y regional.

También deberán abordarse los riesgos asociados del cambio climático en el desarrollo de las futuras relaciones bilaterales con socios comerciales, así como teniendo en cuenta la importancia estratégica de ciertas regiones, como el Sudeste Asiático y América del Sur, donde es probable que aumenten los impactos negativos inducidos por el clima sobre los recursos hídricos, afectando al normal suministro hacia Europa de materias primas procedentes de estas regiones.

Otra actuación estratégica podría ser canalizar inversiones en medidas que, por ejemplo, aumenten la resistencia a la sequía o que fortalezcan la gobernanza del agua para garantizar la sostenibilidad y el uso eficiente y equitativo de este recurso en las regiones productoras clave; reorientando las inversiones y las ayudas hacia medidas que permitan a los países socios exportadores invertir a su vez en prácticas sostenibles, en la mejora de infraestructuras y en  instalaciones para realizar un mejor seguimiento o monitorización de los impactos del cambio climático.

Otras acciones a desarrollar serían alentar a todas las empresas de la UE que dependen de suministros internacionales de productos básicos a “mapear” sus dependencias para comprender las vulnerabilidades del agua en el sostenimiento de sus negocios, así como proporcionar un mejor acceso a la información relacionada con los impactos del cambio climático y sobre los riesgos financieros asociados a sectores productivos sensibles clave, como la carne y los productos lácteos, el cacao, el café, arroz y el algodón; construir mejores redes y asociaciones que promuevan  el intercambio de conocimientos y crear nuevas oportunidades para atraer fondos y apoyo de los gobiernos a la gestión de los riesgos asociados con el cambio climático fuera de las fronteras de la Unión.

protección

En resumen, la adaptación al cambio climático de la UE debería ampliar su alcance más allá de las fronteras comunitarias, con el fin de responder a preguntas tales como ¿cómo son los impactos del cambio climático fuera de la UE que afectan o pueden afectar a la industria agroalimentaria europeo y a la economía en su conjunto?; ¿cuáles son los factores determinantes de la vulnerabilidad de los importadores agroalimentarios al cambio climático?; ¿qué se requiere entre los productores e importadores agroalimentarios para mejorar la resiliencia climática?  

El análisis que lleva a cabo el proyecto IMPREX sobre la economía del agua intenta contribuir a responder a estas preguntas y, más allá de esto, contiene un enorme potencial para ayudar a poner en marcha la Estrategia de Adaptación Climática de la UE en relación a otros aspectos que mejoren las capacidades de la sociedad para planificar, anticiparse y dar respuesta también a futuros riesgos y sucesos hidrológicos extremos, como inundaciones o sequía.

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