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miércoles 20 de febrero de 2019

Opinión
04/02/2019

El origen y más

Vidal Maté. @trigo_limpioVM

A finales del pasado mes de enero entró en vigor la exigencia de informar sobre el origen de la leche en los envases, así como en el resto de los productos donde el porcentaje en el peso del mismo, la leche sea superior al 50% y, en los próximos meses se ampliará la misma exigencia en el caso de la miel. Por ahora, no hay más peticiones en cartera.

Sobre el papel, se trata de una exigencia que debería impulsar la demanda de los productores españoles y, a la postre, contribuir a la mejora de los precios de los mismos para la industria y, si funciona eso de la cadena, también para los ganaderos. Sin embargo, está demostrado que anteriores tímidas iniciativas en esta misma dirección como la denominada “Precios Lácteos Sostenibles” las siglas PLS en los envases de la leche, no funcionaron en absoluto y la leche siguió campando a sus anchas en origen, tampoco aumentó la demanda, lo que pondría en evidencia que algo no funcionó, la información o la sensibilidad del consumidor por lo nacional.

De entrada, lo de la leyenda PLS fueron unas siglas que nunca salieron los despachos y que se quedaron simplemente para el conocimiento del quienes habían tenido la idea. No llegó su significar nada lo de producto sostenible para apoyar la viabilidad de las explotaciones españolas ante el consumidor nacional. A esta falta de información suficiente, se suma, lamentablemente, la no existencia de una conciencia en el consumidor español en contra de lo que sucede en otros países del entorno que son capaces de montar para cada producto la fiesta de la banderita. Existe una cierta conciencia autonómica aupada desde las campañas institucionales de promoción del consumo para los productos de la tierra y apoyada en algunos casos, por eso de vender imagen de integración y compromiso, desde algunos grupos de distribución, en base a los proveedores locales.

Pero, existen otros problemas que no se han solucionado ni se van a solventar solo con exigencias sobre el origen de los productos.

Las etiquetas con este tipo de información pueden suponer un empuje para esa demanda, de entrada, siempre que además se cumplan otras condiciones: primero, que exista una suficiente información hacia los consumidores, campañas para la lectura de los etiquetados, no solamente para ver el origen sino todo lo demás que viene en la misma; segunda, que las etiquetas contribuyan a informar con caracteres adecuados y atractivos sobre el origen; tercero, que los productos tengan una correcta presentación y tipos de envases pensado en el consumidor.

En la llamada al consumo nacional, a estas alturas no se puede pedir, a diferencia de lo que sucede en los países vecinos, que los productos tenga cada uno su banderita para hacer la llamada a los consumidores, lo cual tiene evidentes guiños a la una renacionalización del mercado. Bruselas no dice nada al respecto, lo está consintiendo y, a la vista de ello pues eso, ”… el último ”.

Tal como estamos en este país, un importante fabricante que comercializa sus productos con la marca España y que colocaba la bandera en sus etiquetas, me reconocía ya tiempo ha, que en determinados territorios de la península ello le suponía vender menos, mientras era un dato positivo en el exterior. En estos meses del año, ya es casi norma la entrada masiva de patata francesa, la llamada de conservación, patata vieja conservada a una determinada temperatura que abarrotan los espacios de toda la distribución, en la mayor parte de los casos, bien envasadita, en sus bolsas y su color blanco como recién sacadas y de alguna manera, estandarizadas, compartiendo territorio con patata nacional a granel y no precisamente con la cara lavada, aunque su calidad pueda ser superior.

Las etiquetas en origen pueden suponer una ayuda para vender más producción nacional, evitar la progresiva desaparición de algunos cultivos como el espárrago de Navarra, los champiñones de Rioja o de Albacete y de paso contribuir a elevar los precios  en la cadena, aunque sean los mismos industriales españoles quienes se fueron a otras latitudes para cultivar lo mismo, solo mirando los costes. Pero, poco más lejos se puede ir si además no se apoya esa exigencia en el etiquetado con una mayor información al consumidor, aunque se ponga por las nubes la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia siempre mirando por la defensa del campo hasta que no quede uno en pie y, además que  la producción o la industria no hagan más atractivo su producto desde la presentación a los envases, en función de las nueva demandas de los hogares, aunque lo cierto es que se han dado grandes avances.  

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