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domingo 21 de abril de 2019

Opinión
05/02/2019

Europa ningunea al sector citrícola

Carles Peris. Secretario general de LA UNIÓ de Llauradors

Una representación del sector citrícola de la Comunitat Valenciana viajamos a Bruselas hace unos días para hacer patente y visible nuestro malestar por el continuo maltrato que sufrimos. Creo que la Comisión Europea debería tener claro que está legislando muchas veces en contra de su propia agricultura y de sus propios agricultores, castigando al modelo tradicional europeo de profesionales agrícolas que son los que, en caso de crisis, estarían garantizando una soberanía alimentaria a la Unión Europea.

La respuesta del otro día en Bruselas por parte de la Comisión Europea, y por boca de Joao Onofre, alto funcionario europeo responsable de unidad de la Dirección General de Agricultura, fue que no existen datos estadísticos que demuestran que haya habido un incremento sustancial de importaciones de Suráfrica u otros países como para que se hunda la campaña de cítricos y que los problemas son internos del sector por la falta de organización, por la climatología adversa, los calibres bajos, o la falta de demanda, por las estructuras, ordenación varietal y un largo etcétera. Efectivamente, nosotros somos autocríticos y sabemos que tenemos carencias que mejorar, pero una cosa no quita la otra.

El portavoz de la Comisión acabó poniéndonos deberes y rebatiendo. Llegados a este punto me permitiréis que diga que cuando uno actúa a la defensiva es porque sabe que no lo hace de forma clara y que realmente hay argumentos más que de sobra para modificar y mejorar las decisiones aprobadas desde la Comisión para el sector citrícola.

Voy a cuestionar sus medidas. Empezaré por decir que la PAC es una gran herramienta para la agricultura, la ganadería y el medio rural, a la cual la UE dedica un volumen importante de su presupuesto. Es justo reconocerlo, pero también que es mejorable y que su punto básico, el de garantizar una renta digna a los agricultores, no se ha conseguido ni de lejos. Únicamente el 19% de todo el valor de la cadena agroalimentaria va al bolsillo del productor, según datos del propio Ministerio de Agricultura.

Otro aspecto de vital importancia en la PAC es que se genere una agricultura sostenible y que garantice un producto de calidad y con la máxima seguridad alimentaria. ¿Cómo es posible que solo los productores europeos sean los que apliquen las normativas europeas en cuanto a las materias activas y otras agriculturas puedan utilizar más materias activas, el uso de las cuales además está prohibido a Europa? ¿Únicamente tenemos que ser responsables con el medio ambiente, con la fauna y con los consumidores, nosotros?

Existen informes de la EFSA -organismo europeo en materia de seguridad y sanidad vegetal- que avalan el tratamiento en frío durante el viaje para dar seguridad y evitar que se introduzcan plagas de un país a otro, una cosa que no es nueva porque nuestra citricultura está obligada a hacerlo cuando exporta en algunos países. ¿Por qué la Comisión Europea no obliga a ningún país tercero a aplicarlo? Tan amantes que son de hacer informes, aportar datos y de la buena organización, ¿por qué no se plantean unificar los criterios de protocolos de exportación?, ¿por qué no unifican las normas de control aduanero para todos los puertos europeos?

¿Saben realmente lo que supondría la entrada de plagas y enfermedades de cuarentena como la del Citrus Black spot o la HLB? Tranquilos, yo se lo digo. En el primer caso hacer muchas aplicaciones fitosanitarias para el control con un consecuente incremento de costes inasumible para el productor y en el segundo caso la desaparición de la citricultura como la conocemos en Europa. Tienen el ejemplo de Florida, con la inversión que le está costando en los Estados Unidos.

Dicho esto, que hagan ya un informe del impacto económico negativo que tiene este descontrol sobre los productores cuando se introduce una nueva plaga que no existía en Europa, para no decir de la inversión que tienen que afrontar las Administraciones Públicas para investigación y control de las plagas. Para poner solo algunos ejemplos, tenemos la Xylella fastidiosa o el Cotonet de les Valls. Como mínimo es cuestionable la política que utilizan, por no tildarla de irresponsable, puesto que no hacer las cosas bien implica un gasto innecesario al erario público que podría destinarse a otros menesteres.

Ya está bien de penalizar a la agricultura, a la citricultura, como moneda de cambio de los grandes intereses de las multinacionales y equilibren las reglas del juego. Lo único que están consiguiendo es que sea una agricultura de ricos, en la que las grandes empresas son las únicas beneficiadas porque tienen capacidad de deslocalizar sus explotaciones en países terceros, donde se aprovechan de la falta de reciprocidad laboral, fitosanitaria y de condiciones de seguridad en los protocolos de exportación, compitiendo de forma desleal con los productores europeos.

Y para finalizar, ¿por qué no presentan los informes de lo que les supone en términos de renta a los habitantes o agricultores de esos países terceros? Porque esa excusa de los beneficios se arguye continuamente para firmar estos acuerdos comerciales. Igual es que como me imagino, solo se benefician las grandes fortunas de aquí y de allá y no los pueblos en vías de desarrollo.

Para concluir me gustaría decirle a nuestro ministro de Agricultura, Luis Planas, que deje de ser correa de transmisión de la Comisión Europea, que defienda a los agricultores de su tierra con uñas y dientes. Con sus continuas declaraciones diciendo lo mismo que los máximos responsables de la política agrícola europea, demuestra un desinterés muy grande y un agravio para aquellas personas que votan aquí y han posibilitado que acceda al cargo que tiene.

Reflexionen porque el mundo rural europeo somos nosotros y por tanto tienen que escucharnos y hacernos caso, para así competir con las mismas reglas de juego y crear una Europa unida que sepa escuchar y rectificar para mejorar y crear un equilibrio entre sus habitantes.

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