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martes 22 de agosto de 2017

Reportajes
03/11/2016

Endeudamiento agrario con dos caras

Vidal Maté. @trigolimpio_VM

El Ministerio de Agricultura hacía públicos recientemente los datos sobre el endeudamiento del sector agrario al segundo semestre de este año, y donde, por segundo año consecutivo, según cifras del Banco de España, se reflejaba una línea de incremento que desde 2014 ha supuesto pasar de 15.998 millones de euros a los actuales 17.775 millones.

¿Endeudarse más es un signo de un sector que invierte para el futuro de forma coherente con el tamaño de su explotación? Se debe a una inversión excesiva no acorde con sus necesidades? ¿Es una salida para tapar agujeros provocados por una caída de rentas?

En medios oficiales, este aumento de los créditos vivos en el sector agrario se ha valorado de forma muy favorable porque se interpreta como una respuesta positiva y una apuesta por el futuro de la actividad agraria, muy importante, sobre todo para la compra y uso de nuevas tecnologías desde maquinaria agrícola, a los procesos de trabajo en la tierra, abonos, semillas o laboreo para la mejora de las explotaciones y colocar las mismas en una posición de competitividad.

No hay datos oficiales ni oficiosos sobre el destino de esos créditos. La existencia de unas cifras sobre su cuantía media y, sobre todo, su distribución por zonas, por sectores y hasta por periodos del año, constituiría probablemente uno de los mejores termómetros sobre el estado actual de la actividad agraria.

En relación con ese incremento del endeudamiento, las opiniones van por barrios y, sobre todo, es imposible definir unos criterios uniformes sobre las causas del mismo.

Desde UPA se estima que no se puede hablar de endeudamiento con carácter general cuando hay tantas diferencias por zonas o sectores en las explotaciones y en la propia mentalidad de los mismos agricultores. Se entiende que hay una agricultura más intensiva, más innovadora, donde se podía incluir toda la franja mediterránea donde el endeudamiento va ligado a inversiones necesarias en proyectos de futro para mantener una posición de competitividad. Existe otra agricultura continental interior donde el agricultor ha hecho una mayor apuesta por la estabilidad y el ahorro que compra lo que necesita sin créditos y que cuando lo solicita es porque tiene necesidad para tapar sus agujeros derivados de una falta de rentabilidad.

ASAJA entiende la imposibilidad de generalizar sobre el destino de esos créditos que pueden ir desde las inversiones para mejorar sus nivel de eficiencia mirando al futuro y otras partidas que se solicitan simplemente para tapar agujeros provocados por el comportamiento de las rentas en el campo. En este sentido, se recuerda un dato significativo. Mientras el valor de la Producción Final Agraria se ha mantenido prácticamente estabilizado en los últimos tiempos entre los 42.000 y los 43.000 millones, los gastos en medios de producción han pasado de unos 15.000 a más de 20.000 millones de euros. Esos millones son los que no han entrado en los bolsillos de los agricultores y ganaderos y que podrían dar lugar a un crecimiento del endeudamiento agrario, sumado a la crisis de precios que han soportado en los últimos años varios sectores. De todas formas, desde ASAJA se considera que las entidades financieras tienen mucha razones para confiar en el sector agrario a la hora de concede un crédito, si se tiene en cuenta la garantía que supone siempre el cobro de las ayudas directas de la PAC.

Desde COAG se entiende que desgraciadamente los créditos no han sido para invertir en I+D, o en nuevas tecnologías, sino que se solicitaron en buena parte simplemente para tapar los agujeros provocados por los problemas habidos en los últimos tiempos en los mercados con precios insuficientes para cubrir los costes de producción, lo que ha obligado a un mayor endeudamiento para hacer frente a la continuidad de las explotaciones.

En ocasiones, los teóricos desde fuera del sector achacan el endeudamiento a la adquisición, sobre todo de maquinaria muy por encima de las necesidades de su explotación. Sin embargo, en líneas generales, cuando un agricultor acomete ese gasto, lo hace con recursos propios basados en el ahorro y no por un mayor endeudamiento.

Desde las entidades financieras se considera que el endeudamiento agrario tiene una gran relación, en primer lugar, con la adquisición de maquinaria agrícola o para la mejora de las explotaciones. En segundo lugar se hallan la solicitudes de crédito para hacer frente para la compra de algunos de los medios de producción en el inicio de las campañas colmo sería los abonos, las semillas o el gasóleo. Desde Santander Agro se destaca el endeudamiento a muy corto plazo que suponen los créditos de campaña para hacer frente a los costes de recogida como sería el olivar o los propios anticipos también vía crédito a cuenta de los pagos de la Política Agrícola Común.

El sector agrario ha sido considerado tradicionalmente como un sector poco reacio a endeudarse y amigo de pagar al contado, de ser además un pagador que cumple con sus compromisos y, también, de ser ahorrador, algo derivado de la inseguridad que supone en la mayor parte de los casos tener sus ingresos a la intemperie al cielo raso. Esta fue la imagen histórica de un sector agrario y que se mantiene especialmente en lo que afecta a la necesidad de ahorrar en los años buenos para hacer frente a las malas cosechas o los bajos precios. Sin embargo, esta imagen, según se ha producido un cierto relevo generacional y la necesidad de elevadas inversiones para seguir en la actividad, se ha ido transformando hasta desembocar en un sector agrario donde el endeudamiento, en porcentaje, es similar al que existe en los demás sectores de la actividad económica.

El sector agrario mantiene sin embargo sus diferencias en lo que afecta a los créditos de dudoso cobro que en 2006 eran solamente del 1% Este porcentaje fue subiendo año tras año hasta llegar a su cota más alta en 2014 con más del 12% para iniciar una reducción hasta el 9,12% actual, frente al 9,5% del ejercicio anterior. En todo caso, unos porcentajes muy por debajo del conjunto de las actividades económicas donde a tasa de créditos de dudoso cobro llegó a superar el 19% en 20014 para situarse en el segundo semestre de este año en el 13,9%. En el caso de sectores más expuestos a la crisis como los de la construcción y el inmobiliario, las tasas de créditos de dudoso cobro ascienden al 29,6% y al 26,9%respectivamente.

El actual nivel de endeudamiento supone el 80,4% de una renta agraria a la baja que ha pasado de más de 23.000 euros en moneda corriente en 2013 a los 21.808 millones de euros en 2014 y los 22.063 de 2015.

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