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martes 22 de agosto de 2017

Reportajes

Nazca corre el riesgo de atragantarse con Taberna del Volapié

Teresa Sánchez

Un crecimiento demasiado rápido, desaforado, y sin capacidad de ningún tipo de control financiero o de gestión. Ese es el gran riesgo que corre la firma de capital riesgo Nazca Capital tras llegar el pasado mes de marzo a un acuerdo con un grupo de directivos para crear FoodBox, una plataforma de restauración multimarca que ha comprado de golpe la cadena de restaurantes Taberna de Volapié y las cafeterías y panaderías del grupo catalán Europastry.

Al frente de esta plataforma, en calidad de presidente, está Carlos Pérez Tenorio, el exdirector general de Restalia, nombrado en 2013 director ejecutivo de dicha compañía en América y máximo responsable, por lo tanto, del naufragio de la cadena 100 Montaditos en Estados Unidos. A Pérez Tenorio le acompañan dos antiguos ejecutivos de Burger King -Augusto Méndez de Lugo como director general y Raimundo Jiménez Alba como director financiero-, que al igual que él persiguen un mismo objetivo: la compra e incorporación de cadenas lo más rápido posible para afrontar una expansión a ritmo de vértigo.

Las cafeterías de Europastry conforman uno de los grupos líderes del segmento de panadería-cafetería con unas 50 tiendas, bajo los rótulos Santagloria, El Molí Vell y L´Obrador. Desde el lanzamiento del modelo de franquicia a finales de 2013, la compañía ha experimentado ya una fuerte aceleración en su ritmo de aperturas.

Y algo parecido ocurre también con Taberna de Volapié, creada por el empresario jerezano Ángel María Gutiérrez junto a su sobrino, Javier Guitiérrez, y que tras la firma de una alianza con Heineken el año pasado, puso en marcha también un ambicioso plan de crecimiento, alcanzando los 38 locales, 14 de ellos en los últimos doce meses. El objetivo que persigue ahora Pérez Tenorio al frente de las dos cadenas en superar los 350 locales en un plazo máximo de 5 años, con una inversión de más de 60 millones de euros y una apuesta clara por la franquicia, aunque sin olvidar tampoco los establecimientos propios.

En la práctica, eso supondría cuadruplicar prácticamente su red actual desde una empresa, Foodbox, que nace con una capital inicial de sólo 60.000 euros, que prevé facturar este año apenas 35 millones, que si todo sale como se espera alcanzará un resultado operativo que no superará los 3 millones de euros y que tiene una estructura muy pequeña, con tan sólo 16 profesionales.

Carlos Pérez Tenorio podría así tropezar dos veces con la misma piedra. En 2003, y después de haber trabajado como periodista radiofónico en Radio Algeciras (Cadena SER) y de haber pasado por el sector de los centros comerciales, se incorporó al grupo Restalia, cuando éste apenas empezaba a arrancar.

Como director general puso en marcha un ambicioso plan de crecimiento, logrando alcanzar los 400 establecimientos de las marcas 100 Montaditos y La Sureña en muy corto espacio de tiempo. Pero fue precisamente ahí donde empezaron los problemas. En 2013 la compañía le encargó la expansión en América como director ejecutivo. "El Zara de los bocadillos", llegó a titular el diario The New York Times.

“Otras marcas, como McDonald's o Subway, en los primeros diez años no habían llegado a superar esos 300 restaurantes que nosotros hemos sido capaces de hacer en nuestra aventura empresarial en España”, explicaba Pérez Tenorio entonces, hace apenas dos años, cuando anunciaba que su proyecto de expansión pasaba por lleguar a la apertura, sólo en Estados Unidos, de entre 2.000 y 4.000 restaurantes en régimen de franquicia.

“Cualquier marca de franquicia, de restauración organizada, que pretenda desarrollarse en EEUU tiene una variable numérica que ya la da la experiencia de otras, y están entre los 2.000 y los 4.000 restaurantes. Creemos que, por el potencial que tenemos, nos moveremos en esas cifras”, decía optimista el nuevo presidente de Foodbox. Pero nada más lejos de la realidad. Pérez Tenorio se equivocó, Restalia no ha logrado rentabilizar su inversión y, al no generar la suficiente caja como para seguir financiando sus planes, ha entrado en quiebra en Estados Unidos. La compañía decidió así  apartarle del cargo  apenas un año después -en 2014 le retiró el poder de gestión nombrándole director de Relaciones Institucionales- y echo el freno. Pero ya era demasiado tarde. Todos sus planes habían caído en saco roto.

Ahora Nazca Capital vuelve a creer otra vez en él y en un proyecto de expansión en el que lo que prima es el volumen por encima de todo.Al igual que pasó en Restalia, Pérez Tenorio pretende alcanzar un tamaño suficientemente grande para ganar poder de negociación con los proveedores, dando por hecho que logrará mantener además el apoyo de Heineken.

Para ello asume, sin embargo, dos grandes riesgos: el primero es que el volumen no garantiza la rentabilidad y el segundo es que si aprieta demasiado las tuercas a los franquiciados, como hizo en 100 Montaditos, puede encontrarse con una revuelta similar a la que sufrió en Restalia, donde cada vez más se ven obligados a abandonar el barco. Y del mismo modo también habrá que ver cuál es su estrategia de precios. Restalia se especializó en costes muy bajos para poder alcanzar niveles altos de facturación y atraer así a nuevos franquiciados, pero el modelo de Taberna de Volapié, y de las antiguas cafeterías y panaderías de Europastry, es completamente distinto, posicionándose en un segmento más elevado y buscando un cliente con mayor poder adquisitivo. Foodbox puede acabar así, al igual que Restalia, como el cuento de la lechera.

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