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martes 22 de agosto de 2017

Reportajes
07/04/2016

Bodegas Torres, calidad y sostenibilidad

  • El grupo contempla su instalación con una bodega propia en Galicia
  • A corto plazo entrará en el mercado del cava con una producción limitada y a precios elevados

Vidal Maté. @trigolimpio_VM

Torres es una de las marcas de referencia en el sector del vino a escala nacional e internacional. Por segundo año consecutivo, en 2015 fue elegida por 200 sumillers y periodistas para la revista Drinks International como la marca más admirada en el mundo y, en las últimas semanas, señala su presidente Miguel Torres, se han barrido literalmente todas las existencias de la referencia Milmanda 2012, un elegante chardonnay procedente de las viñas del grupo en la Denominación de Origen Conca de Baberà, tras ser elegido como el vino blanco consumido en su encuentro por los presidentes Obama y Raúl Castro. La bodega catalana, constituida en 1870, es una apuesta por la calidad basada en una de las obsesiones de su presidente, la sostenibilidad del territorio y el equilibrio entre la producción y la eficiencia y la defensa del medio ambiente.

Bodegas Torres tuvo en el último ejercicio una facturación de 263 millones de euros, lo que supuso un incremento del 9,7% sobre el ejercicio anterior. De ese volumen, casi un 74% correspondió a las ventas en el exterior, en unos 150 países, y de esa cifra, el 75% fue por la venta de vinos, mientras el 25% restante pertenece a la venta de brandy Jaime I y Torres 15 y, en menor medida, a otras productos como el pisco de Chile bajo la marca Gobernador o la tequila mexicana Rocado. Las mayores ventas del grupo corresponden a países como Reino Unido, Holanda, Canadá, Alemania, Estados Unidos o China. Para las operaciones en el exterior el grupo cuenta con empresas propias de distribución en varios países como China, donde las ventas ya superan los 30 millones de euros, Suiza o Japón y en otras distribuidoras participadas, siempre desde una política de calidad media alta y a precios elevados. Miguel Torres sonríe cuando se habla de que China no es una economía que tire. ”Si un crecimiento del 7% es estar en crisis…”.

El presidente no tiene dudas de que han elegido la estrategia de producción y comercialización adecuada. ”En ese nicho de mercado hay una demanda cada día más elevada, hay menos competencia porque son muchos menos los grupos que operan en ese segmento y donde la competencia, al margen de alguna bodega española, se halla fundamentalmente de algunos vinos franceses o italianos de la Toscana. Una botella de Reserva Real nuestra tiene un precio de 200 euros”.

Fieles a la tradición familiar, en Bodegas Torres no hay reparto de dividendos y los beneficios se reinvierten en su mayor parte para seguir creciendo, ampliando y mejorando las instalaciones y viñedos propios o adquiriendo bodegas y terrenos en otras denominaciones de origen nacional o en el exterior.

Con carácter general, las inversiones medias anuales del grupo se sitúan entre los 11 y los 15 millones de euros. De esa cifra, al menos un millón de euros se destina anualmente a los programas de investigación, innovación y desarrollo y siempre un 11% de todas las inversiones tienen como destino los programas para reducir las emisiones de CO2.

El grupo Torres dispone en la actualidad de una cifra cercana a las 3.000 hectáreas de viñedo de las que más de 2.000 se hallan en diferentes denominaciones de origen y fundamentalmente en Cataluña, junto a unas 140 hectáreas en Jumilla, medio centenar en Toro y cifras similares en Ribera del Duero, siempre en el segmento de cepas viejas en busca de la máxima calidad. En el exterior, Torres cuenta con más de 400 hectáreas en Chile y 32 hectáreas en California.

En la búsqueda de una mayor calidad para el producto final y partiendo de las condiciones climatológicas de la zona donde tiene su mayor implantación, Miguel Torres ha sido un enamorado en la búsqueda y recuperación en Cataluña de variedades autóctonas en peligro de extinción y, en muchos casos, casi desaparecidas. Estos trabajos han dado lugar al rescate de más de 30 variedades, algunas de escasa utilidad para la elaboración de vinos de calidad, pero otras totalmente válidas para los fines que pretende la bodega. ”Hemos descubierto", señala, "variedades altamente resistentes a los largos periodos de sequía o a fuertes calores que fueron utilizadas hace siglos. Los propios viticultores, a la vista del comportamiento de cada cepa ante ese tipo de fenómenos iban seleccionando las más resistentes y que ahora hemos recuperado con unos rendimientos por hectáreas de unos 3.000 kilos de uva”.

Las variedades de viñas recuperadas suponen en la actualidad unas 25 hectáreas.

El grupo Torres, en el campo de la vitivinicultura, es con diferencia el mayor productor de vino de altura y de vino ecológico, con más de 800 hectáreas de las que la mayor parte se hallan en Cataluña y el resto en Chile, donde la climatología acompaña a la horade eliminar los tratamientos.

Como bodeguero, el grupo se halla implantado en las Denominaciones de Origen Priorat, Penedés, Ribera de Duero, Rioja y Rueda, a las que se suman las instalaciones en Chile y California. En España, el grupo contempla a corto plazo su implantación con una nueva bodega en una denominación de origen en Galicia.

Una de las obsesiones del presidente es la necesidad de reducir emisiones de CO2 para frenar el calentamiento global del planeta y para ello el grupo destina anualmente para mejorar este aspecto aproximadamente el 11% de todas sus inversiones. Miguel Torres comparte la opinión de muchos investigadores de que la producción ecológica, en muchos casos, supone unas mayores emisiones de CO2. El plan diseñado por el grupo contempla, entre 2008 a 2020, una reducción de esas emisiones en un 30% y, según los datos manejados por firma, ya se habría logrado una reducción del 12,8%.

Para lograr un ahorro de energía, Torres ha instalado más de 12.000 metros cuadrados de placas fotovoltaicas a las que se quieren sumar otros 5.000 metros cuadrados más en el marco del plan Torres & Earth, con lo que se logra aproximadamente el 15% de la electricidad necesaria en la bodega de Pacs del Penedès. Igualmente está utilizando la biomasa en base a material de poda, cepas, orujos, etc., para la obtención de energía que ha permitido al grupo reducir en un 90% la factura de combustibles fósiles.

Aunque el vino es y será el grueso de la actividad del grupo, Miguel Torres quiere potenciar la producción de brandy, cuya oferta se halla actualmente en 1,5 millones de cajas, a razón de nueve litros por caja, y cuya demanda se ha mantenido elevada en países como Rusia, Alemania o México y con un cierto repunte en el propio mercado interior. Este mercado ha sido abordado fundamentalmente con la marca Jaime I, a la que se ha sumado el Torres 15. En la misma línea de diversificación con productos destilados propios, se halla el impulso a la venta del pisco chileno bajo la marca Gobernador y el tequila mexicano marca Rocado. En la oferta de productos destilados, cuya demanda se está incrementando en los lugares de ocio de las grandes ciudades del mundo, el grupo Torres se quiere sumar con la comercialización de otros productos como el vodka ruso Beluga, el tequila mexicano 2Sierra, la ginebra holandesa Sloane's, el ron Santiago de Cuba, el calvados Père-Magloire de Normandía o el whisky japonés Nikka.

Fuera de los productos destilados, el grupo Torres lleva ya tres campañas envejeciendo una producción de vino para la elaboración del cava. Al igual que en el caso del vino, el objetivo de la familia no es ir a grandes producciones. Se maneja una oferta de solo unas 2.000 cajas a un precio que se podría situar en unos 40 euros por botella.

A sus 74 años, Miguel Torres se mantiene en la presidencia, pero ha dejado la dirección general en manos de su hijo y las diferentes áreas de la actividad de la bodega bajo la responsabilidad directa de otros miembros de la familia, como su hija Mireia, que se halla comandando la nueva iniciativa para la producción del cava. Y es muy respetuoso, a pesar del cargo. “Eso que te lo cuenten ellos, yo en eso no me quiero meter…”. Al frente de la gestión de la bodega se hallan miembros de la cuarta y quinta generación. No les funcionó una anterior experiencia de encomendar la misma a un profesional externo. Acaban de firmar un nuevo protocolo familiar y no vislumbra que un día puedan existir problemas entre los herederos de la empresa. ”Nos llevamos bien”.

El presidente del grupo ha sido siempre un defensor de las denominaciones de origen para diferenciar la calidad de las producciones y considera que son una carta positiva de presentación a la hora de abordar mercados en España y mucho más en el exterior, aunque lo importante para una bodega es su propia imagen de prestigio. Pero con la misma fuerza estima que se debería dar una vuelta al funcionamiento de los Consejos Reguladores y a las Denominaciones de Origen para que en las mismas hubiera más posibilidades de tener vinos más diferenciados en el conjunto de la DO, así como unos mayores controles. No ha sentido, con carácter general, que el hecho de ser una bodega de origen catalán haya reducido sus posibilidades de abrir mercados en el resto de España

Miguel Torres no ve el mundo de la elaboración del vino como esa actividad para hacer grandes negocios de una forma rápida, sino como algo que se debe sentir, donde se mezcla y manda la vocación y el cariño a la tierra. ”Cuando me invitan a dar charlas en universidades o escuelas de negocios, mi primer consejo es que, si quieren hacerse ricos y pronto, no se metan en una bodega, donde las inversiones son muy largas y los resultados discretos. El vino, aparte de un negocio, es otra cosa…”.

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