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viernes 20 de abril de 2018

Opinión
20/03/2018

Vivir en vela

Vidal Maté. @trigolimpio_VM

A iniciativa de la organización agraria donde militó y fue uno de sus dirigentes, COAG organizó en el Ministerio de Agricultura, con la presencia e intervención de la ministra Isabel García Tejerina, un acto en recuerdo de su afiliado José Luis Iranzo, asesinado por un pistolero junto a dos guardias civiles cuando trataban de identificar a un sospechoso de haber cometido acciones violentas en la zona rural turolense de Albalate del Arzobispo.

En un momento en el que en el campo ya no quedan pastores y la actividad de la ganadería extensiva se refugia en los establos, el acto fue, a la vez, un homenaje a los pastores y un canto, aunque desde el lucenario de Atocha, a las bondades que suponen las explotaciones extensivas. También, en caliente, fue un momento más para la reflexión sobre el proceso de despoblamiento del medio rural y lo que todo ello conlleva para la seguridad del patrimonio, de las explotaciones ganaderas y de las propias personas.

José Luis, agricultor y ganadero activo en ese medio despoblado, murió porque, además de ejercer a diario su actividad en el medio rural, vivía en el mismo, pegado a la explotación, conocía y cuidaba de un territorio donde la seguridad, en muchos casos y entre otras cosas, se la tiene que defender cada persona.

Hay muchos José Luis en potencia en este nuestro medio rural. Los hay en las explotaciones de frutas de temporada desde los melones a los cítricos, donde los agricultores se ven obligados a vigilar día y noche sus explotaciones. Los hay en los olivares, en los pinares piñoneros, vigilando los motores y las instalaciones de riego, durmiendo en las eras con los cereales de cuerpo presente, en las explotaciones de porcino y de ovino fundamentalmente en la fechas pre navideñas, casi siempre con la escopeta al lado. Los hay, sobre todo, en eso cientos y cientos de pueblos casi fantasma donde los pocos vecinos no se divisan de una a otra casa, hartos de soledad y silencio, temerosos e indefensos ante la aparición de un coche que merodee la zona con una matrícula no conocida, y, donde, a diferencia de ataño, se cierran todas las puertas a pleno sol, por miedo a los desconocidos y siendo conscientes de su indefensión, por ser además un colectivo dominado por personas mayores.

En una superficie rural que supone el 80% del territorio, con cientos de pueblos semivacíos, los pastores, todo el día en el campo, eran, entre otras cosas, los mejores vigilantes de todo cuanto se movía por caminos, veredas y atajos. A los pastores de vocación, se les comió la falta de rentabilidad. A los otros, la esclavitud del oficio. Los cambios hechos en la regulación de las viejas Cámaras Agrarias se llevaron por delante miles de guarderías rurales, como también se llevaron a las Agencias de Extensión Agraria, porque eran del franquismo. Por ahorro de gastos se eliminaron docenas de cuarteles de la Guardia Civil ante la reducción de la población y la posibilidad de usar nuevas tecnologías en comunicación y vehículos para su desplazamiento, aunque hubo épocas, por ahorro, que debían racionar kilómetros y gastos en gasóleo. Veías en el pueblo un coche de la Guardia Civil de pascuas a ramos.

La realidad es que antes se sabía todo lo que se movía en el medio, una matrícula desconocida, una persona no habitual. Hoy, por el contrario, en el territorio rural hay menos ojos en ese medio para saber todo lo que sucede y, en consecuencia, para velar por la seguridad; hay menos guarderías, menos ganaderos extensivos, menos guardias civiles que desde un cuartel puedan vigilar docenas de pueblos, lo que se traduce en una sensación creciente de inseguridad, de estar desarmados cuando cae la noche sobre pueblos desiertos.

El llamado Plan Roca que supone la actuación de grupos de la Guardia Civil especializados en la lucha contra los robos en el campo que funciona durante los últimos años, dicen ha sido una actuación en positivo. Lo suscribo. En un pueblo agrícola, a las puertas de Madrid, evitaron el robo de un tractor cuando la banda estaba abriendo la puerta de un garaje. Pero en la misma localidad, poco tiempo después, la banda robaba en pleno campo un tractor que se supone se fue para no volver camino de un país del este, hasta dicen con todos los papeles en regla. Queda lejos de ser la respuesta a la inseguridad en el medio, de ser el observatorio que en su día constituían pastores, guardas o guardias civiles rurales a cuya mirada no escapaba ningún movimiento extraño en el campo, como el que protagonizó el pistolero huyendo y que acabó con la vida de José Luis y dos guardia civiles. Yo, en mi pueblo de diez casas habitadas, una en cada esquina, nueve desde que murió mi vecino Fidel, paso miedo cuando en la noche suena el timbre de la puerta y antes miro por la ventana del piso superior.

Quienes tienen el valor de seguir viviendo en esos cientos de pueblos fantasmas, ya sufren en sus carnes bastantes peajes como para pagar uno más para defender su seguridad. La mejor defensa de la seguridad en el medio sería un campo habitado. Pero ante ese reto imposible, al menos es una obligación tener una población que se sienta protegida y segura. A José Luis le mató un pistolero, por su interés para tener un medio rural seguro, por su compromiso con su territorio, por su colaboración con sus guardias civiles en busca de los que provocaban la violencia en la zona, por la necesidad, en definitiva, de autodefenderse sin medios, a falta de otras medidas. Hoy, hay otros muchos José Luis en ese mundo rural que pueden correr el mismo riesgo. Pero de sus vidas todos somos un mucho responsables. Las Administraciones por no afrontar un problema de inseguridad de las personas en ese 80% del territorio por sus elevados costes. Los demás, por no lograr que esos políticos y Administraciones se comprometan con el futuro del mundo rural más marginado, donde lo primero debería ser su seguridad. Esa parte proporcional de retorno de los impuestos que no se da al mundo rural vía infraestructuras u otros servicios, que sí disfrutan los habitantes del medio urbano, bien los podían devolver, al menor en parte, en seguridad, no solo con los cientos de agentes de la Plan Roca sino con un plan de verdad… y aún quedaría saldo a favor.

Vivir en ese medio rural semiabandonado no puede ser un acto de valentía ni de autodefensa. No se puede vivir siempre en vela.

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