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¿Sabías Q?

Valor nutricional del ajo

El origen del ajo (Allium sativum) se sitúa en Asia Central, desde donde se extendió a todo el mundo. Se tienen
noticias de su utilización desde la Antigüedad: los obreros que construyeron las pirámides de Egipto lo utilizaban en su alimentación como energizante, en Grecia los atletas comían ajo antes de la competición para coger fuerzas, y después de ella para reponerse; y los romanos recomendaban su uso como antiparasitario.

El ajo pertenece a la familia botánica de las liliáceas, al que también pertenecen otros frutos olorosos como la cebolla, los puerros o la cebolleta. En el caso del ajo, su característico olor se debe a la presencia de una sustancia denominada aliína, que por acción de un fermento contenido en ellos se transforma en disulfuro de alilo.

Existen fundamentalmente dos grupos de ajos: ajos blancos (de excelente sabor, de buena productividad y conservación, suelen consumirse secos) y ajos rosados (también de excelente sabor, aunque no se conservan muy bien; y son más tempranos en la maduración que los blancos).

Los componentes activos del ajo son los aminoácidos (ácido glutámico, arginina, ácido aspártico, leucina, lisina,
valina), minerales (principalmente: manganeso, potasio, calcio y fósforo, en cantidades menores: magnesio, selenio, sodio, hierro, zinc y cobre), y vitaminas (principalmente: vitamina B6, también C, y en cantidades menores: ácido fólico, pantoténico y niacina).

Al ajo se le han atribuido numerosas propiedades beneficiosas para la salud como: el efecto antiséptico, antiinflamatorio, bactericida, antiviral, antifúngico y antiparasitario intestinal. Todas estas propiedades están basadas sobre todo en los componentes sulfurados que contiene (alicina, alil sulfidos y dialil sulfidos).


 

La protección que ejercen los compuestos sulfurados está, probablemente, relacionada con la capacidad de inhibir la formación y activación de inductores cancerígenos como las nitrosaminas, también actúan ayudando en la reparación del material genético celular dañado o facilitando la apoptosis (muerte celular controlada de material dañado) y mejorando las defensas del individuo.

Además, el ajo ejerce un importante papel en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, siendo la principal causa de muerte en los países desarrollados, reduciendo los niveles de lípidos en sangre. Tiene un efecto favorable sobre el colesterol "bueno" y ayuda a reducir el colesterol "malo", además, disminuye la presión arterial y la agregación plaquetaria.

Si bien, de los muchos beneficios del ajo, el más notable es el de inhibir el crecimiento cancerígeno. Diversos estudios, han demostrado varios mecanismos de acción del ajo y sus componentes que se pueden asociar con su actividad anticancerígena. También ejerce un efecto hipoglucemiante, ayudando a prevenir la diabetes tipo II.

Por todo ello, no es de extrañar que para muchos el ajo sea considerado un alimento funcional por excelencia. Los alimentos funcionales se definen como aquellos que consumidos dentro de una dieta variada y equilibrada, además de cubrir las necesidades nutricionales básicas, han demostrado de manera satisfactoria que poseen un efecto beneficioso sobre una o varias funciones específicas en el organismo, más allá de los efectos nutricionales habituales, siendo esto relevante para la mejoría de la salud y el bienestar y/o la reducción del riesgo de enfermar.

Y sin olvidar que, aunque sus efectos parecen manifestarse, sobre todo, cuando se ingiere crudo, existen varias opiniones que mantiene sus propiedades tras el proceso de cocción o fritura.

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28/08/2014