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jueves 20 de julio de 2017

Reportajes

Panrico, el dueño del donuts, al borde del abismo

Teresa Sánchez

¿Es posible que una empresa que no tiene deudas y que cuenta además con un plan de viabilidad sobre la mesa para poner fin a las pérdidas arrastradas por la crisis haya estado a punto de desaparecer? Lo es. Y Panrico podría haberse convertido en el mejor ejemplo.

Aunque los trabajadores que el propietario de Donuts y Bollycao tiene en Santa Perpètua de Moguda (Barcelona) rechazaron el pasado sábado el plan de viabilidad acordado por la dirección del grupo y los sindicatos, por fin han llegado a un acuerdo definitivo con ellos sobre el plan de ajuste propuesto por la compañía.

A pesar del acuerdo, los datos están ahí, Oaktree, el fondo de inversión norteamericano que se ha hecho a lo largo del presente ejercicio con el control de la empresa, capitalizando toda la deuda financiera, no está dispuesto a seguir poniendo dinero. Desde 2008, Panrico ha perdido más de 700 millones de euros y sus ventas se han desplomado un 40 por ciento. Es cierto que el año pasado las cosas fueron algo mejor, pero aún así no es suficiente.

El actual consejero delegado, Carlos Gila, que empezó poniendo sobre la mesa un plan que suponía 1.040 despidos y un recorte salarial de hasta el 45 por ciento, y acabó aceptando que se recorten sólo 745 puestos de trabajo -podrían haber sido menos si se consiguiera rentabilizar la empresa en los próximos cuatro años- y una bajada de la retribución muy inferior a la prevista inicialmente, del 18 por ciento, al margen de mejorar las indemnizaciones por despidos.

A los 745 despidos que incluye el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) en la plantilla se suma el despido de 300 autónomos de su red de distribución y la rebaja salarial de un 15% para los 1.500 restantes.

Panrico redujo el año pasado sus ventas un 7,5 por ciento, hasta 513 millones de euros y consiguió reducir las pérdidas después de impuestos de 278,8 a 98 millones. Pero los elevados costes laborales siguen provocando una sangría de números rojos y sólo un plan de reestructuración y recorte de gastos puede hacer que la empresa sea viable.

Pese a su gravísima situación financiera, un trabajador de Panrico gana todavía de media un 30 por ciento de lo que está firmado en convenio y de lo que pagan por lo tanto la mayoría de sus competidores, con Bimbo a la cabeza. Pero es que en algunos casos, incluso, la diferencia salarial entre un empleado suyo y otro de la competencia llega a duplicarse.

Un alto directivo de la compañía, que prefiere mantener el anonimato, lo resume de forma muy gráfica. "Esto es como la fábula de la rana. La metieron en una sartén con agua caliente y, al principio, estaba muy cómoda, completamente relajada. Pero claro, la temperatura iba subiendo...y llegó un momento en que ya era demasiado tarde.

No se dio cuenta, pero el agua estaba ardiendo y la rana no pudo saltar y murió quemada. Es lo mismo que ha pasado en Panrico. Había unos costes laborales altísimos y cuando las cosas iban bien a nadie le preocupaba, pero llegó la crisis y no se supo reaccionar. Todavía estamos a tiempo, pero el agua está ya demasiado caliente".

Y no han sido los trabajadores los únicos que han mantenido un nivel salarial por encima de las posibilidades de la empresa -Panrico dedica una de cada cinco euros que ingresa al pago de sueldos-, sino también los directivos.

En plena caída libre de la compañía, Panrico pagó el pasado año a sus altos directivos un total de 4,7 millones de euros, lo que supone un 43 por ciento más que un año antes. Y en la sociedad matriz, la retribución subió aún más: un 67 por ciento hasta 4 millones.

La empresa explica que ese fuerte incremento de la retribución se explica por dos razones. La primera, porque en 2010, 2011 y 2012, con la compañía hundiéndose en el mercado, se pagó un bonus para retener a los altos ejecutivos. Y la segunda porque esa cantidad incluye el pago de una indemnización a César Bardají, que en octubre de 2011 fue sustituido como consejero delegado por Joan Casaponsa, pero que permaneció en la empresa hasta enero.

Aún así, llama la atención, que pese ser incapaces de enderezar el rumbo, Bardají y Casaponsa aprobaran y toleraran este bonus. Y no hay que olvidar además que entre la alta dirección figura como alto ejecutivo, Joan Mas, el hermano del presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas.

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