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lunes 24 de julio de 2017

Reportajes

El Corte Ingles pierde competitividad

Teresa Sánchez

La internacionalización de los grandes almacenes, la rebaja de los costes de la deuda, la recuperación del consumo... Dimás Gimeno, el sobrino del fallecido Isidoro Álvarez, no lo va a tener nada fácil como nuevo presidente de El Corte Inglés. Son muchos los retos que tiene por delante, grandes las dificultades y nada fácil el camino a seguir durante los próximos años. Pero antes que la apertura de tiendas más allá de nuestras fronteras o la realización de nuevas emisiones para refinanciar el pasivo bancario, el gigante del comercio tiene un problema mucho más urgente, al que sabe que tiene que hacer frente cuánto antes.

Otrora considerado el líder del comercio español, El Corte Inglés ha visto como las grandes cadenas especializadas le iban superando tanto en ventas como en beneficios en sus respectivos mercados, pero sobre todo como sus márgenes se iban reduciendo en favor de la competencia.

Al cierre de su último ejercicio fiscal, el pasado 28 de febrero, El Corte Inglés alcanzó una cifra neta de facturación de 14.292 millones de euros, con un beneficio después de impuestos de 164,17 millones. Prácticamente en ese mismo periodo, en 2013, Mercadona obtuvo unas ventas de 19.812 millones y un resultado neto de 515 millones de euros. ¿Y qué quiere decir esto en la práctica? Pues que mientras que que el imperio que ha heredado Dimás Gimeno tiene un índice de rentabilidad sobre ventas del 1,1 por ciento -es decir que gana poco más de un euro por cada cien que ingresa- en la cadena valenciana ese ratio es de más del doble. En concreto, del 2,5 por ciento.

Es cierto, en cualquier caso, que no se trata de negocios comparables porque aunque Mercadona también vende perfumería y droguería, su nicho principal es el de la alimentación, que en El Corte Inglés supone cada vez un mercado más pequeño. ¿Pero qué pasaría si comparáramos entonces los ratios de la empresa de Juan Roig con los de Hipercor, su estricto competidor? Pues que el problema entonces parece mucho mayor. Y es que en el caso de la filial de hipermercados de El Corte Inglés la rentabilidad sobre ventas es de sólo un 0,4 por ciento, cinco veces menos que Mercadona.

La diferencia es así más que evidente. Y no se trata sólo de la empresa valenciana. Si se comparan por ejemplo los ratios de El Corte Inglés con los de la cadena de supermercados Dia, la diferencia es también sustancial. Ésta última, la única empresa actualmente que cotiza en bolsa en España en el sector de los supermercados, obtuvo un márgen en el último ejercicio del 2 por ciento, algo inferior al de Mercadona, pero prácticamente el doble que el de El Corte Inglés.

La situación se agrava, además, si se tiene en cuenta que las cadenas de distribución alimentaria trabajan en líneas generales con unos márgenes muy estrechos. En teoría, lo lógico sería así que el grupo que preside ahora Dimás Gimeno tuviera unos beneficios mucho más altos que la distribución alimentaria al operar en mercados, como el textil, que ofrecen mucha más rentabilidad. Pero no es así. De hecho, si la comparativa se hace con Inditex, la diferencia es ya abismal.

La empresa gallega, propietaria de Zara y Massimo Dutti, entre otras firmas, y que también superó hace tiempo en facturación a los grandes almacenes, tuvo en 2013 un margen de beneficio sobre ventas del 14,2 por ciento. Su facturación fue el año pasado de 16.724 millones de euros y su beneficio neto se elevó a 2.377 millones. En este caso, no obstante, sería más apropiado establecer la comparativa no con El Corte Inglés en general, sino sólo con el negocio de los grandes almacenes, que es donde se vende la gran parte de la moda.

La diferencia entonces se recorta porque la rentabilidad del grupo de Dimás Gimeno en este negocio asciende hasta el 3,2 por ciento, pero sigue estando a años luz de su competidor gallego. Otra posibilidad también es compararlo con la cadena Sfera, que si que ofrece unos márgenes mucho más aceptables, del 13 por ciento, pero hay que tener en cuenta que la facturación de esta filial de El Corte Inglés es de tan sólo 164 millones de euros, una cifra muy pequeña en los niveles en los que se mueve Inditex.

Tanto Isidoro Álvarez como el propio Dimás Gimeno, que ocupó ya en agosto de 2013 el puesto de consejero director general, han estado desde hace ya tiempo intentando dar un vuelco a la situación con continuas bajadas de precios, primero en alimentación y luego en el resto de mercados. Se trataba de seguir un modelo basado más en el volumen que en el valor de las ventas para poder ser así competitivos en un país todavía golpeado por la crisis económica y el parón del consumo.

Y es cierto que los márgenes, gracias sobre todo a la rebaja de costes -especialmente en el terreno laboral, con el despido de más de 3.000 trabajadores en el último año- han mejorado algo. Pero la situación sigue siendo de todos modos sumamente preocupante porque no se trata ya sólo de la competencia de una o dos cadenas. Mercadona, Dia y Carrefour le ganan de largo en alimentación; Inditex o Mango en textil; Ikea en decoración y mobiliario para el hogar; Leroy Merlin en bricolaje...Los especialistas en general ganan peso frente a un modelo que parece cada día más anquilosado en el pasado y al que, según todos los expertos, hace falta un profundo lavado de imagen.

La gran incógnita es si Dimás Gimeno será o no la persona adecuada para asumir el reto. Aunque en teoría con una sobrada preparación, llega al puesto con tan sólo 39 años, sin haber ocupado puestos de responsabilidad hasta el año pasado, y únicamente por ser sobrino de Isidoro Álvarez. En principio, cuenta con el respaldo del consejo de administración de forma unánime pero tampoco faltan las críticas y dudas respecto a su capacidad en el entorno del equipo directivo, al menos en un segundo nivel.

"No es ni mucho menos la persona adecuada. El Corte Inglés es una empresa familiar pero como muchas otras debería saber separar la gestión de la propiedad de las acciones y profesionalizar la compañía", aseguran en el entorno de la compañía.

Su situación no es además fácil porque frente a su tío, Isidoro Álvarez, que heredó en 1989 una compañía en pleno crecimiento, con capacidad financiera y una gran generación de caja, Gimeno asume una empresa que ha tocado ya techo en España, a la que le va a costar mucho exportar el modelo al exterior y que tiene, además, un problema de imagen creciente entre los consumidores. El tiempo dirá finalmente si Isidoro Álvarez acertó o se equivocó con su nombramiento.

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