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jueves 20 de julio de 2017

Reportajes

RSE en el sector alimentario: Reflexiones a nivel internacional

Tomás Sercovich, director de Comunicación y Relaciones Institucionales de Forética

Lo que comemos, cómo comemos, el origen de los alimentos, la seguridad de los mismos, la nutrición, son aspectos muy importantes para todos. Los consumidores tenemos una relación emocional con los productos y las marcas del sector alimentario. A diferencia de otros sectores, como el bancario o el de transportes, con la alimentación hay una fuerte vinculación que evoluciona constantemente, en parte muy cercana a la evolución misma de la práctica de la responsabilidad social empresarial (RSE).

En este contexto de crisis, muchos se preguntan sobre el valor de la RSE, cuestionando si es un coste extra para las empresas o si, por el contrario, ayuda a construir valor para la empresa. Esto depende, sin duda, de cómo se conciba y se entienda la RSE. Si se cree que la RSE tiene que ver con las acciones de empresas de cara a su acción social, entonces se puede entender como un coste que no se puede asumir en tiempos de crisis. Si, por el contrario, vemos a la RSE como una manera de hacer empresa que ayuda a mejorar la gestión de los riesgos, las personas y los costes, que permite promover relaciones de mutua confianza con los consumidores y que generan valor compartido para empresa y sociedad, entonces estamos ante una visión de RSE de la que no es posible dejar de lado en tiempos de crisis y que por el contrario puede generar la innovación social necesaria para generar nuevas oportunidades para promover la sostenibilidad a largo plazo de la empresa.

Por otra parte, se habla mucho en RSE sobre el costo de ser socialmente responsable desde la perspectiva del consumidor. Muchas encuestas preguntan a consumidores si pagarían más por un producto o servicio ambientalmente y socialmente responsable. Podemos imaginar que la gran mayoría diría que no pagaría más por una fruta orgánica libre de pesticidas o huevos de gallinas camperas. Se supone que la RSE no se premia en las decisiones de consumo. Éste es sin duda uno de los grandes desafíos para las empresas del sector alimentario, el de ser capaces de trasladar al consumidor la visión de lo que RSE significa para las empresas y lo que es relevante de este concepto para el consumidor y en su valoración sobre esa empresa. El consumidor no necesariamente tiene que saber que la empresa alimenticia tiene una estrategia de RSE o una memoria acorde a los criterios del Global Reporting Initiative o que sus sistemas de gestión están certificados con la Norma SGE 21. Lo que los consumidores quieren saber es sobre si los alimentos que consumen son sanos, cómo contribuyen a su nutrición, de dónde provienen, así como otras valoraciones sobre si la marca de la que consumen hace donaciones de producto a colectivos desfavorecidos o si contamina el medio ambiente.

El debate actual sobre la RSE y los consumidores en el sector alimentario está atravesando principalmente tres desafíos:

1. Nutrición: las tasas de sobrepeso y obesidad en países desarrollados como España están al alza, en particular entre los jóvenes. Si bien la obesidad es un problema multidimensional, se le asigna a la industria alimenticia gran parte de la culpa por no ofrecer alimentos sanos, alternativas con menos grasas trans o saturadas, calorías, sodio, azúcar, etc. En algunos países se percibe una mayor sensibilidad por parte de las empresas y se ofrecen mayores alternativas saludables. Por otra parte, el etiquetado de productos alimenticios es un tema en constante debate entre quienes abogan por un mayor etiquetado obligatorio, incluso con colores y con advertencias sobre consumo excesivo (similar al tabaco), y los que promueven la auto-regulación del sector. Por otra parte, una mayor sensibilización del consumidor a asuntos relacionados con nutrición ha abierto nuevas oportunidades de negocio para empresas, especialmente PYME en áreas como los alimentos sin gluten, libre de lactosa, orgánico, etc. La clave en este tema es la educación y sensibilización del consumidor, con datos claros y objetivos, promoviendo una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable, así como una mayor colaboración del sector con administraciones y asociaciones de la sociedad para promover una mejor nutrición.

2. Agricultura y medio ambiente: Es indudable que el cambio climático está generando fenómenos climatológicos muy graves que afectan a la agricultura y por ende a la industria alimenticia. La vinculación entre medio ambiente y gestión de riesgos es cada vez más evidente en el sector. El acceso al agua es un gran desafío para algunas empresas de bebidas y ello obliga a una mayor conciencia, que está generando una mayor innovación sobre cómo reducir el impacto ambiental y consumo de recursos naturales en la fabricación de alimentos. Las industrias ganaderas como por ejemplo la del vacuno son objeto en algunos países de campañas de reducir su consumo debido a los impactos ambientales de esta industria. Estos fenómenos son interesantes como tendencias de cambios en los patrones de consumo de las personas que impactan directamente en las empresas del sector. Finalmente, si bien Europa es zona libre de organismos genéticamente modificados, en otros países éste continúa siendo un debate importante de la sociedad, por cuanto se contraponen elementos de mejora de la nutrición de las personas en países en vías de desarrollo con una necesidad de fabricar cantidades exponenciales de alimentos para una población en crecimiento continuo.

3. Origen de los alimentos: Los consumidores no solo quieren precio y calidad, quieren productos estacionales y en muchos casos locales. Esta tendencia crece en países desarrollados y ello supone un debate sobre la contribución del sector alimenticio al desarrollo de países menos desarrollados, la importancia de etiquetar los productos debidamente en relación a su origen y la utilización de estándares y certificaciones sobre aspectos sociales y ambientales de los productos alimenticios. Ejemplos de esta tendencia es el crecimiento del consumo de productos de comercio justo o la certificación MSC de conservas de pescado.

En conclusión, estamos atravesando un período de intenso cambio en la industria alimenticia que sin duda debe ir acompañado de una mayor y mejor relación con el consumidor, desde un punto de vista de educación y responsabilidad por la mejor alimentación y estilo de vida de las personas. Asimismo, éste es un sector con una gran posibilidad de innovación en nuevos productos que posee un significativo potencial para mejorar esa relación y promover valor compartido para empresa y sociedad.

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