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sábado 27 de mayo de 2017

Reportajes

Rebelión en la industria alimentaria contra Mercadona

Teresa Sánchez

Las tensiones entre Mercadona y sus proveedores van en aumento cada día que pasa. Distintas empresas y asociaciones acusan a la compañía valenciana de aprovecharse de su dominio absoluto del mercado para volver a imponer unas durísimas condiciones en los contratos, incluso a pesar de la Ley de mejora del funcionamiento de la Cadena Alimentaria.

Mercadona, según distintas fuentes, tiene una participación en el mercado cercana al 25 por ciento, lo que supone ya más que Carrefour, Dia y Alcampo juntas y le permite tener un poder absoluto para imponer las condiciones que quiera. Aunque según denuncian en la industria alimentaria, las prácticas abusivas se están intensificando ahora, no son, sin embargo, algo nuevo. Hace seis años, en 2009, la compañía desató ya una guerra contra el sector agroalimentario al decidir de forma unilateral la expulsión de más de 800 enseñas de sus tiendas, apostando por su marca blanca e imponiendo al igual que ahora unas condiciones casi imposibles de cumplir a sus proveedores.

La estrategia de Mercadona pasa por seguir reduciendo los precios para incrementar aún más su cuota de mercado, pero eso supone estrechar al máximo los márgenes de sus proveedores. Y a raíz de eso, algunos están ya en una situación financiera absolutamente dramática. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la industria del aceite pero también con otros sectores, como el lácteo. Son productos que la cadena que preside Juan Roig estaría usando a modo de reclamo, bajando al máximo sus precios para atraer a los consumidores.

"Estamos convencidos de que Mercadona está vendiendo algunos productos con pérdidas porque es absolutamente imposible cubrir con los precios que fija los costes de producción. Nos está convirtiendo en un país de low-cost y así es imposible que haya recuperación y que se cree empleo. Los consumidores tienen que saberlo", aseguran desde una de las empresas castigadas por la estrategia del equipo de Juan Roig, que lógicamente prefiere mantener el anonimato.

"Es verdad que no es el único caso porque, a raíz de la crisis económica, la distribución comercial en España está viviendo desde años una durísima guerra de precios pero su caso es mucho más significativo debido a su dominio del mercado", apuntan esta misma compañía.

En los últimos años ha habido en esta línea varias empresas que no han sido capaces de seguir la política que marca Mercadona y se han visto obligadas a dejar de producir para ella. El problema, según comentan en el sector, es que sin una presencia fuerte en el mercado internacional, "en España o estás en Mercadona o desapareces". De hecho, la compañía valenciana está recibiendo también numerosas críticas en la industria por el freno que impone a la innovación.

"No sirve de nada invertir tiempo y dinero en el desarrollo de nuevos productos si después empresas como Mercadona o Dia no lo colocan en los lineales. Son innovaciones que no llegan nunca al consumidor debido al dominio que tienen en el mercado", aseguran desde otra de las empresas afectadas también por la expansión de la cadena de bajo precio.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que la relación que Juan Roig mantiene con sus proveedores no es la misma en todos los casos y que hay compañías que sí que están consiguiendo ser rentables y crecer. Y es que hay que diferenciar entre un proveedor normal, que llega a un acuerdo puntual  y firma un contrato  para la venta de sus productos en el lineal, y lo que en la compañía se conoce como interproveedor. En este último caso, se trata de empresas que firman acuerdos a largo plazo, de forma estable y con un compromiso de producción acorde con el crecimiento de la firma de supermercados, lo que en mayor o menor medida les permite ganar dinero.

Entre los interproveedores figuran, por ejemplo, el fabricante de galletas Siro, la catalana Casa Tarradellas, el productor lácteo francés Senoble o la cárnica Martínez Loriente. Todas estas compañías están agrupadas entorno a una asociación común para defender sus intereses que se denomina el Foro Interalimentario. Su presencia y poder cada vez mayores está generando sin embargo tensiones en organizaciones empresariales más grandes, como la Fiab, la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas. Según aseguran en el entorno de la patronal, cada vez son más las compañías que no ven con buenos ojos su presencia en la misma.

En la industria agroalimentaria son cada vez más los que opinan que tanto Fiab, a nivel general, como las asociaciones y patronales sectoriales deberían adoptar una postura más beligerante frente a Mercadona en defensa de los intereses, tal y como ya hacen por ejemplo organizaciones como Promarca, que defiende los intereses de los grandes fabricantes marquistas. Su idea es que Fiab tuviera un papel también de lobby para denunciar las prácticas abusivas de Mercadona, aunque eso, según admiten desde distintas compañías, "es imposible mientras que tengamos al enemigo metido en casa a través de las compañías del Foro Interalimentario".

A pesar de todo, en el sector hay cierto optimismo gracias a la entrada en vigor de la Ley de la Cadena Alimentaria, que establece multas de hasta un millón de euros a las empresas que incurran en prácticas abusivas. La única cuestión de fondo es saber quién será el encargado de dar un paso al frente y denunciarlas ante el Gobierno. Ninguna compañía lo hará a título individual porque eso supondría la desaparición automática del mercado.

Juan Roig y su empresa, Mercadona, que presenta resultados esta semana, están más fuertes que nunca.

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