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viernes 28 de julio de 2017

Reportajes

Investigación y difusión, un matrimonio mal avenido

Ricardo Migueláñez. Ingeniero Agrónomo. @rmiguelanez

Por fin, tras varios meses de espera y anuncios, el pasado 8 de abril, la ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, escoltada por la secretaria de Estado de Investigación e Innovación del Ministerio de Economía y Competitividad, Carmen Vela, y por la directora general de Desarrollo Rural y Política Forestal, Begoña Nieto, avanzó las líneas generales del Programa Nacional de Innovación e Investigación Agroalimentaria y Forestal para el periodo 2014-2020.

Se trata de un Programa tan necesario, como vital para la viabilidad de nuestros sectores agrarios y agroalimentarios, si quieren hacer frente a las oportunidades y desafíos actuales y futuros en un escenario cada vez más complejo y con una competencia internacional creciente, pero también con unos mercados en expansión, que suponen una clara oportunidad para nuestros productos, siempre que se logre atender la demanda de unos consumidores cada vez más exigentes en calidad, seguridad y sostenibilidad alimentaria.

Hablamos de una investigación e innovación no solo aplicada a la producción de alimentos, sino también destinada tanto a mejorar la eficiencia en el uso de los recursos naturales, lo que, a su vez, contribuye a incrementar la competitividad y el cuidado del medio ambiente, como a mejorar los procesos y las prestaciones de la cadena de valor alimentaria, desde la gerencia, hasta la logística comercial.

El Programa ha sido resultado del trabajo y de las conclusiones de una amplia consulta, en la que se buscó identificar y priorizar las necesidades de investigación e innovación del sector agroalimentario y forestal, realizada a todas las comunidades autónomas, a 142 entidades representativas y conocedoras del sector y a 34 unidades técnicas del propio Ministerio. De las más de mil demandas recibidas, se extrajeron 72 líneas de innovación e investigación, agrupadas en 24 retos, condensados, a su vez, en 8 medidas estratégicas, incorporadas en la redacción y líneas de acción de las distintas políticas comunitarias y nacionales que dan lugar a convocatorias y ayudas para I+D+i, de forma que se ha logrado reflejar las necesidades de innovación del sector agroalimentario (incluido el forestal), en las fuentes de financiación accesibles.

Todo esto constituye el “núcleo esencial” del Documento Estratégico del Programa, un informe de casi 160 páginas donde se identifican las necesidades del sector agroalimentario y se definen los objetivos a perseguir en este ámbito: aumentar el espíritu innovador en el sector; proporcionar mayor y mejor información; incrementar la conexión entre ciencia y sector; aumentar el número de empresas innovadoras; incrementar el gasto en I+D+i, y facilitar el acceso a la financiación de proyectos.

Entre todos estos objetivos, el Magrama considera imprescindible que los científicos investiguen para el sector agroalimentario en función de sus necesidades. Es decir, hay que aumentar la conexión entre el sector científico, vinculado a la  investigación agraria, y las demandas reales de los productores, de las industrias de transformación y de los habitantes del medio rural, investigando en lo que el sector verdaderamente necesita.

Esto es algo que no siempre –o casi nunca- ha sucedido así. Por ejemplo, muchas empresas privadas que venden insumos al sector agrario han investigado e innovado en productos con los que luego sacar lucro –ganar dinero- y rentabilidad económica de su comercialización, incluso ofreciendo asesoramiento ante y post-venta, sin tener en cuenta si era algo que demandaba el propio sector.

Declive de la extensión

Esta circunstancia  es posible que tenga que ver también con el paulatino declive, hasta su práctica desaparición, de los servicios públicos de “extensión agraria”, base de la modernización más importante del agro español en el último medio siglo, y que conectaban directamente y sobre campo a técnicos y agricultores.

Por extensión, según define la FAO, se entiende el sistema que facilita el acceso de los agricultores, de sus organizaciones y de otros agentes del mercado a los conocimientos, las tecnologías y la información, fomentando su interacción con la investigación, la enseñanza, la agroindustria y otras instituciones pertinentes, y coadyuvando en el diseño de prácticas y habilidades técnicas, de gestión y organización.

Con datos de 2012, España se posicionó como cuarto país de la Unión Europea en gasto interno en I+D ejecutado en el ámbito agrario, alimentario y forestal, con 728 millones de euros. Se trata de un dato, sin duda, positivo, pero que representa menos del 0,1% del Producto Interior Bruto (PIB), indicativo de que existe potencial de aumento, trasladando también los beneficios de las I+D+i a las empresas.

Debido a la crisis, entre 2008 y 2012, el número de empresas innovadoras en el sector agroalimentario bajó un 26,7%, siendo más acusado en las empresas del sector primario (explotaciones agrarias y silvícolas), tendencia que se considera imprescindible revertir, tanto como elevar el gasto en I+D+i de las empresas que innovan, facilitando para ello el acceso a la financiación de proyectos innovadores.

Políticas e instrumentos financieros

El Documento Estratégico analiza las principales políticas ligadas a la I+D+i en el sector agroalimentario a escala comunitaria y nacional, así como sus instrumentos financieros asociados, para identificar todas las vías potenciales de apoyo, destacando el Programa Marco de Investigación e Innovación “Horizonte 2020”, que destina en este ámbito para todos los proyectos que presenten los 28 Estados miembros de la UE y sean aceptados, unos 3.851 M€ a los retos relacionados con la agricultura y la bioeconomía (reto 2) y 3.051 M€ al de medio ambiente.

También, los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos (Fondos EIE) 2014-2020, donde se establece que, a través de las Estrategias de Investigación e Innovación para la Especialización Inteligente (RIS3), se orientarán los fondos FEDER destinados a innovación en las distintas regiones, según sus prioridades reales, así como la Estrategia Española de Ciencia y Tecnología y de Innovación 2013-2020, de la que deriva el Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2013-2016, con una dotación presupuestaria asociada de 163 M€ en 2015 que incluye, además de la I+D+i agraria, la investigación oceanográfica y pesquera, la geológico-minera y la medioambiental.

La Asociación Europea de Innovación (AEI) de agricultura productiva y sostenible, integrada en el Programa Nacional de Desarrollo Rural, cuenta con 47 M€ para el periodo 2014-2020, de los que 25 millones son aportados por el FEADER comunitario, a lo que se sumará parte de la dotación presupuestaria de los presupuestos de los PDR a este ámbito. Además, existe una línea específica de proyectos de I+D+i dedicada a los sectores ganaderos, financiada por el Magrama que cuenta con 6,3 M€ de presupuesto para ejecutar entre 2014 y 2016.

Portal IDI-A

El segundo elemento fundamental del Programa es el Portal web IDI-A (www.idi-a.es), cuyo objetivo es lograr que cada vez innove más gente y tenga acceso a las oportunidades de financiación existentes. Su finalidad, por tanto, es la difusión y como guía de la innovación, facilitando la búsqueda de soluciones de I+D+i y el acceso a la financiación de las mismas por parte  de los actores del sector agroalimentario y forestal.

El portal contiene una Guía de Ayudas, con información sobre las distintas convocatorias, tanto comunitarias, como nacionales, para fomentar la I+D+i, dirigidas a los agricultores, ganaderos, silvicultores, industrias y resto de actores de la cadena agroalimentaria y forestal.

También el denominado Punto de Encuentro, que permite poner en contacto a la oferta y a la demanda de investigación e innovación en el sector, con información sobre proyectos de I+D+i; enlaces a plataformas tecnológicas, redes y documentos de interés, así como con una sección abierta para exponer las demandas de innovación de los “verdaderos protagonistas de la innovación, que son los distintos actores y eslabones de la cadena alimentaria”. Desde el lado de la oferta, el Portal web identifica 475 entidades que trabajan en I+D+i agrarios, a través de un directorio regionalizado, accesible a través de un mapa de España navegable.

Además, incluye un vínculo directo al portal AGRIPA (www.agripa.org) del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), que facilita el acceso y contacto con proyectos en curso o finalizados sobre una determinada materia de investigadores y equipos de investigación y fomenta las interactuaciones y orientaciones de la I+D+i a las necesidades reales del sector y de sus usuarios finales. Ofrece también información actualizada y de interés, a través de distintas pestañas de enlace (Noticias, Convocatorias abiertas y Eventos relacionados).

La secretaria de Estado de Investigación e Innovación, Carmen Vela, que presentó el Portal web Agripa, hizo hincapié, a su vez, en la importancia de la I+D+i en el sector agroalimentario español (el segundo más inversor, tras Salud), señalando que en la primera convocatoria de 2014 del Programa “Horizonte 2020”, el sector de agricultura y bioeconomía había logrado un retorno financiero del 10,88% de entre los 28 países de la UE, frente a un objetivo medio previsto del 9,5% para todo el periodo, logrando participación española en 46 de los 59 proyectos aprobados, de los cuales 8 son coordinados por investigadores españoles. Vela afirmó que España es el tercer país de la UE más activo en la presentación de iniciativas relacionadas con la innovación agroalimentaria, solo superado por el Reino Unido y por Francia.

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