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martes 23 de mayo de 2017

Reportajes

Acor y Azucarera, luchan ahora sin cuotas

Rocío Antón

Los cultivadores de la Unión Europea sembrarán el año que viene la última remolacha bajo el sistema de cuotas de producción, que expirará el 30 de septiembre de 2017 tras más de 50 años de existencia. Junto con las cuotas, desaparecerán también los precios mínimos garantizados y la limitación de las importaciones de azúcar.

En España, el sector acoge la apertura total del mercado azucarero con “cierto vértigo” e incertidumbre, en un contexto de precios bajos a escala mundial y con mucho stock de azúcar en Europa y en grandes países productores como Brasil, Tailandia o India. En cualquier caso, tanto los agricultores como la industria transformadora consideran que están preparados para afrontar el final del régimen de cuotas.

En el nuevo escenario, la principal debilidad competitiva de los productores españoles es el alto coste que conlleva el regadío, un coste que no soportan otros competidores comunitarios, como Francia. Por su parte, la industria azucarera tiene un problema de dimensión tras la reestructuración derivada de las últimas reformas de la Organización Común de Mercados (OCM).

En concreto, España tiene asignadas 498.480 toneladas de azúcar, que se reparten entre cuatro fábricas de AB Azucarera Iberia (378.480 toneladas) y una fábrica de la cooperativa ACOR  (120.000 toneladas).

“Tenemos la producción media más alta de la Unión Europea, con 110 toneladas por hectárea en la Zona Norte, y la mejor calidad de remolacha; somos muy competitivos, aunque tenemos costes añadidos que no tienen otros productores europeos”, explica el presidente de Asaja en Castilla y León, Donaciano Dujo.

Más azúcar y de mejor calidad

Dujo aboga por seguir trabajando “como hasta ahora” para mejorar la producción, la calidad y la estructura de costes. “Aspiramos a producir hasta 130 o 140 toneladas por hectárea y tenemos que seguir avanzando para lograr más azúcar y de mejor calidad por tonelada y ahorrar en tarifas eléctricas, semillas y fitosanitarios”,  señala.

En su opinión, España tiene la oportunidad de conseguir un aumento en la producción de remolacha y azúcar para abastecer el mercado interno, que es deficitario, dado que, frente a una cuota cercana al medio millón de toneladas, el consumo está estable en 1,3 millones de toneladas.

Fernando García, responsable del sector remolachero de COAG, advierte, no obstante, de que actualmente se cubre cerca de un tercio del consumo interno con unas ayudas que rondan los ocho euros por tonelada, por lo que, para que el cultivo resultara rentable, serían necesarias más subvenciones para cubrir los dos tercios restantes.

No obstante, García no reclama más ayudas de la Administración, pero cree que se podría intervenir en el sector favoreciendo un recorte de las tarifas eléctricas para riego y garantizando que el precio del gasóleo baja al mismo ritmo que la cotización del petróleo.

Las importaciones francesas

Desde UPA, su secretario de Agricultura, Ignacio Senovilla, se muestra preocupado por los efectos de la eliminación de las cuotas de producción, dado el “potencial” de Francia (cuyo mercado es excedentario) y la bajada de los precios del azúcar.  

“El sector español está reduciendo costes, en riego y abonos, pero llega un punto en el que no se puede más, porque si se reducen más, baja la producción”, indica Senovilla, quien reclama un mayor apoyo económico al cultivo de la remolacha para hacer frente a la “avalancha de azúcar que puede meter Francia”.

Según el vicepresidente de la Confederación Nacional de Cultivadores de Remolacha, José Manuel Díez Pemartín, los agricultores franceses producen remolacha alrededor de un 20% más barata que los españoles, que, por las condiciones climáticas del país, soportan gastos de riego que no tienen los franceses.

“Francia nos puede quitar del mercado, porque traer producto francés es muy fácil y el cliente va a comprar donde más barato le salga”, apunta Díez Pemartín, quien señala que, pese a la estabilidad que aporta al sector el Acuerdo Marco Interprofesional (AMI) suscrito con AB Azucarera Iberia, “la amenaza está ahí”. “Los precios solo están garantizados hasta 2017 y después tenemos que volver a negociar”, subraya.

La firma del AMI el pasado diciembre, según destacaron entonces Azucarera y las organizaciones agrarias, supone “el inicio de un periodo en el que se tendrán que acometer muchas mejoras, tanto en el campo como en las fábricas, para construir un sector más fuerte y suficientemente competitivo en el nuevo marco del mercado europeo”.

Según indicaron a Qcom.es en fuentes de Azucarera, este acuerdo muestra su compromiso por el desarrollo del sector del cultivo de remolacha azucarera en España. “La industria ha apostado por la competitividad del cultivo, ha estimulado su confianza en los agricultores al establecer un modelo de contratación de remolacha que da garantías de producción, a un precio estable, a los agricultores profesionales que apuestan por la remolacha y se ha impulsado la apuesta conjunta del sector por la I+D”, subrayan desde la filial de AB Sugar.

ACOR dará un “salto en competitividad”

Por su parte, el secretario del consejo rector de ACOR, Javier Narváez, asegura que la eliminación del “encorsetamiento productivo” que representan las cuotas azucareras para la industria “se convierten en una oportunidad que resulta especialmente significativa en el caso de ACOR”.  

La fábrica que tiene la cooperativa en Olmedo está diseñada para producir más de 180.000 toneladas anuales de azúcar, pero tiene limitada su producción a 120.000 toneladas, por lo que si a partir de 2017 puede recibir y transformar remolacha para aumentar su producción un 50%, ACOR “dará un salto importante en competitividad”.

El secretario de la cooperativa subraya además que ACOR ha hecho sus deberes para intentar soportar el impacto que supondrá en el mercado la desaparición de las cuotas, invirtiendo más de 146 millones de euros desde 2004 en mejorar su azucarera (40,85 millones) y en diversificar sus actividades (105,25 millones) para la producción de aceites alimentarios, harinas especiales a partir del trigo de fuerza y energía eléctrica renovable.

Narváez afirma que, desde que se anunció la decisión de eliminar las cuotas, el mercado azucarero comunitario ha sufrido un “brutal” descenso de precios: el azúcar blanco ha pasado de 689 euros por tonelada en septiembre de 2013 a 420 euros por tonelada a principios de este año.

“Los grandes compradores exigen acuerdos a largo plazo con los niveles actuales de precios a sabiendas de su capacidad para importar azúcar de fuera de la UE tras la desaparición de las cuotas”, añade, antes de subrayar que la liberalización obligará a centrarse en “la garantía de abastecer un azúcar blanco de calidad, a buen precio pero no el más barato, con garantía de perfecta trazabilidad y con las características especiales que requiere el cliente”.

Produlce valora la liberalización

Entre los utilizadores de azúcar, Produlce, patronal que representa a los fabricantes de caramelos y chicles, chocolate, galletas y pastelería, considera positiva la supresión de las cuotas de producción a partir de 2017.

Según indicaron a Qcom.es en fuentes de la organización, la liberalización “permitirá garantizar al mercado el suministro necesario de azúcar para satisfacer la demanda de la industria y permitir a los operadores ser competitivos tanto en mercados internos como en mercados internacionales”.

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