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jueves 22 de junio de 2017

Reportajes

China agraria: acelerar con el freno de mano echado

Ricardo Migueláñez. Ingeniero Agrónomo. @rmiguelanez

Como ha venido sucediendo en la agricultura occidental desde la época de la revolución industrial, el medio rural de China se está vaciando de mano de obra, debido a que los habitantes buscan  ingresos más altos en las ciudades. Y como el proceso de urbanización sigue aumentando, este país tiene que producir más alimentos con muchos menos agricultores para una clase media que cada vez consume más y mejores productos, incorporando más proteína animal a su dieta.

Sin embargo, el proceso de aceleración de la reforma agrícola china, cuyo objetivo es impulsar una agricultura más moderna, con explotaciones más dimensionadas y más tecnificadas, encuentra muchos frenos en su camino. Uno de los más importantes es el de la burocracia administrativa, unido a las tradiciones arraigadas en el mundo rural chino.

Existe mucha preocupación sobre cómo se está realizando la concentración de parcelas, con abusos por parte de los funcionarios locales, y sin que se vea una mejora de la eficiencia y de la productividad agrícola. En China, todas las tierras agrícolas son propiedad del Estado pero, a la vez, la mayor parte de las familias rurales tienen derechos individuales de explotación a largo plazo de las parcelas.

El problema surge cuando esas familias rurales terminan emigrando a la ciudad y no quieren perder esos derechos de explotación. Con frecuencia, tratan de que sus tierras sigan cultivándose en su ausencia, ya sea por otros miembros de la familia que permanecen en el medio rural o por agricultores comprometidos con la actividad agrícola.

En los últimos años, el Gobierno ha favorecido cada vez más este proceso, alentando a los agricultores a subarrendar o a transferir sus derechos de uso de la tierra, a cambio de rentas o del pago de un alquiler, confiando también que eso sirviera para crear explotaciones más grandes, que permitiesen el uso de maquinaria y de tecnología para elevar la productividad.

Sin embargo, a pesar de que los arrendamientos y las transferencias de derechos de cultivo de las tierras han estado creciendo a tasas de dos dígitos cada año, este aumento no se ha traducido en una mayor productividad agrícola. Ello, a pesar de que, según cifras oficiales, en la primera mitad de 2014 un 29% de toda la tierra cultivada por las familias rurales había sido transferida de una u otra manera.

La impresión es que las estadísticas oficiales de los expedientes de transferencia de tierras de cultivo se han sobreestimado, con el beneplácito de las autoridades locales, para cobrar más subsidios del Gobierno que, al menos sobre el papel, se concedían para impulsar la concentración de pequeñas parcelas en unidades más grandes de explotación y lograr economías de escala.

Los incentivos gubernamentales a estas transferencias, bajo la premisa de que las tierras seguirían siendo cultivadas y que no serían utilizadas para otros fines, han fomentado también el trasvase ilícito de tierras, ya que la actividad agrícola no suele ser precisamente lo que más rendimiento da un  determinado terreno, produciéndose bastantes abusos en este sentido.

Por ejemplo, la propia Televisión Central China emitió en diciembre de 2014 una serie de casos, como campos agrícolas del pueblo de Shandong que eran transferidos por las autoridades locales para la construcción de nuevas viviendas, a pesar de existir límites legales, u otro caso, donde la transferencia de tierras de cultivo se utilizó para triplicar la dimensión de un parque industrial en la provincia de Jiangsu.

Marcha atrás

¿Cuál ha sido el resultado final de este proceso de reforma agraria?  Pues que el Gobierno está en cierta medida dando marcha atrás para frenar el caos existente en el naciente mercado de tierras de cultivo. Un documento de noviembre de 2014 detalló una serie de restricciones a la hora de transferir tierras de cultivo: prohibido el uso de tierras agrícolas para la construcción de centros turísticos, campos de golf o clubes privados; prohibido hacer obras que reduzcan la idoneidad agrícola de las tierras para su cultivo y, sobre todo, prohibido convertir, sin permiso, tierras de cultivo transferidas a cualquier uso que no sea el agrícola.

Y, como sucede a menudo, lo que el Gobierno prohíbe es una buena guía de lo que realmente está sucediendo. Se está a favor de explotaciones agrarias más dimensionadas, dado que el tamaño medio a nivel nacional es de de apenas 0,6 hectáreas, pero siempre que las transferencias de tierras de cultivo se realicen de forma ordenada y el desarrollo hacia  explotaciones más grandes sea el más apropiado.

En vez de forzar y precipitarse en realizar transferencias de tierras, la prioridad ahora es registrar claramente los derechos contractuales que tienen los agricultores. Desde el Ministerio de Agricultura incluso se pusieron en duda los beneficios sin más de la agricultura a gran escala, al comentar que las grandes explotaciones, de más de 67 hectáreas, eran a menudo menos productivas que las pequeñas, de menos de 3 hectáreas.

A finales de mayo, el propio presidente chino, Xi Jimping, afirmó en un discurso sobre la protección de las tierras agrícolas que “hay que evitar que el capital comercial entre a invertir en las transferencias de parcelas que luego no se destinan a la producción agrícola, ya que esto crea problemas para la producción de granos y para la protección de estas superficies”. Estas palabras fueron una señal a los funcionarios locales para que frenaran el ritmo de las transferencias y evitaran los abusos que se estaban dando, asegurándose de que éstas fomentaban el incremento de la productividad agrícola.

En China, la gran preocupación es ver la seguridad alimentaria nacional amenazada. Si ahora las tierras agrícolas que se transfieren se dedican a otros usos, disminuirá la superficie de cultivo, y eso preocupa porque se considera esencial el mantenimiento de la capacidad de este país para autoabastecerse de alimentos.

Política agraria proteccionista

No obstante, este problema no es el único que existe en la agricultura china y tampoco es el único que frena la reforma agrícola emprendida. La política agrícola de este país ha sido siempre muy proteccionista para los agricultores, que perciben importantes ayudas en forma de pagos directos por cultivo, ayudas a la maquinaria, a las semillas, fertilizantes…etcétera.

Este apoyo ha favorecido el aumento de la producción, pero a unos costes y con unos precios mínimos excesivamente altos para mantener las rentas de los agricultores. El inconveniente es que, al final, estos productos no pueden competir con los productos agrícolas importados. Al no ser competitivos en el mercado, se produce un aumento de los stocks (en algunos casos suponen ya la mitad de las reservas mundiales), costosos de mantener, y se contribuye a  degradar el suelo y el medio ambiente por el uso intensivo y agresivo de determinados insumos en la producción.

Según la FAO, los costes de producción de los cultivos básicos más importantes (arroz, maíz, trigo o soja) en China son casi el doble que los de Estados Unidos. Esto es debido a varios factores como la pequeña dimensión de las explotaciones agrícolas (0,61 ha de media, frente a los casi 162 ha de media, respectivamente); la falta de suficiente mano de obra en el campo; el uso elevado de fertilizantes (seis veces mayor a la media mundial o de Estados Unidos, lo que contribuye a elevar los costes de producción), a pesar de lo cual se quiere reducir a cero  en el 2020 para evitar mayores riesgos de contaminación del suelo y del medioambiente, así como la carestía del agua de riego, cuyo consumo excesivo se quiere combatir con el uso de nuevas tecnologías aplicadas.

Algunos ven aceptable que China dependa de las importaciones de alimentos, en cuyo cultivo o producción China no tiene ventajas competitivas, caso de las importaciones de semillas de soja o de maíz, cereal en el que se ha convertido un importador neto, a pesar de la considerable producción interna.

Por otra parte, se contemplan medidas más severas para el control de las importaciones de terceros países y evitar, por ejemplo, el contrabando comercial, bastante habitual, en algunos sectores productivos, como el arroz.

Frente a esto, también se facilita que las compañías chinas lleven a cabo una estrategia de cooperación internacional en sus inversiones y de mayor expansión comercial, tanto en colaboración con Gobiernos terceros y con otras empresas extranjeras, como mediante la adquisición directa de compañías foráneas del sector agrícola  (caso, por ejemplo, de la absorción por COFCO de las compañías Nidera y Noble).

La actual línea oficial actual sobre la reforma agraria es de cautela y de no precipitación. Para el Gobierno chino, la prioridad es que las familias rurales logren beneficios reales. Ir deprisa en la concentración de las explotaciones agrícolas conlleva el riesgo de desposeer de los derechos de la propiedad a muchos agricultores, mientras que las ganancias de productividad que se generan son mínimas. Esto significa que el proceso hacia la mecanización agrícola y la búsqueda de economías de escala en la agricultura serán probablemente más lento con el Gobierno de Xi Jinping, que lo que en principio se esperaba.

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14/05/2014

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