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miércoles 28 de junio de 2017

Reportajes
11/02/2016

Sector hortofrutícola: un gigante en apuros

  • Esta campaña, los calores adelantaron y concentraron la producción, bloquearon los mercados y tiraron los precios
  • Escasa eficacia de los mecanismos de regulación

Vidal Maté. @trigolimpio_VM

La producción hortofrutícola constituye el sector más importante en el conjunto de la actividad agraria, con un valor medio de unos 16.000 millones de euros que suponen más del 50% de la Producción Final Agrícola, más del 35% de toda la Producción Final Agraria y más del 50% del empleo en el campo, con un volumen superior a los 23 millones de toneladas. El sector ocupa igualmente el liderazgo en las exportaciones agroalimentarias, con un volumen de 13 millones de toneladas por valor de 13.000 millones de euros en 2015, a pesar de los problemas provocados por el cierre de las fronteras rusas a estas exportaciones, a las dificultades de las empresas para entrar en determinados mercados importantes como son los casos de Estados Unidos o Japón y gracias al esfuerzo para la apertura de nuevos mercados lejanos, aunque las ventas a los países comunitarios, especialmente Alemania, Francia y Reino Unido, siguen siendo el eje de la actividad.

Con estas cifras por delante, se podría decir que nos hallamos ante un sector de éxito que ha permitido llegar a un crecimiento de superficies de producciones hortícolas donde destacan los casos de Almería, con casi 50.000 hectáreas de invernaderos y otras más de 13.000 hectáreas al aire libre con una producción total de unos 3,5 millones de toneladas, y Murcia, con casi 200.000 hectáreas y una producción de 1,6 millones de toneladas de hortalizas donde destacan unas 370.000 toneladas de lechugas, 300.000 toneladas de tomate, más de 200.000 toneladas de brócoli o más de 100.000 toneladas de pimiento.

Sin embargo, por debajo de esa imagen de gigante en la producción, de ventas o de exportaciones que dominan todos los mercados comunitarios, se halla un sector en apuros con problemas de fondo desde el campo a la gran distribución a otros coyunturales de precios como los que está sufriendo en la actualidad.

Consecuencia de las elevadas temperaturas en los meses de invierno, inusuales para esas fechas, se ha registrado un adelanto en el desarrollo de las principales producciones de hortalizas, tanto en los invernaderos como en las superficies al aire libre en las dos zonas productoras más importantes, como son Almería y Murcia. Cultivos como tomate, pepino, pimiento, calabacín, brócoli o coliflor, que en condiciones normales deberían haber prolongado sus producciones durante varios meses, han concentrado sus producciones en unas semanas, lo que ha provocado un hundimiento de los precios en todos los mercados ante la falta de una demanda suficiente para todo ese volumen para su consumo en fresco en España y en el resto de los mercados comunitarios, donde también se ha producido el mismo problema de adelanto de sus cosechas. La salida de las entregas a la intervención a unos precios ruinosos de una media de 0,20 euros kilo no ha solventado el problema, y miles de toneladas se han perdido en los campos, se han utilizado para la alimentación animal o se han comercializado a través de los grandes grupos de distribución a unos precios mínimos ante la imposibilidad por parte de la producción de retener la oferta de unas mercancías perecederas. Esta situación de concentración de la producción puede dar lugar a corto plazo a que productos que en estas fechas se tiran a la basura por exceso de oferta, disparen sus cotizaciones en las próximas semanas por falta de oferta.

Al margen de este problema coyuntural que ha puesto de manifiesto la insuficiencia de los mecanismos para la gestión de este mercado en base a unos precios de intervención anclados en el pasado, además de limitar las entregas a solamente el 5% de lo comercializado y solamente por las Organizaciones de Productores, el sector arrastra otros problemas mayores de fondo que podrían afectar a su futuro.

Partiendo de la producción, es un hecho que la mayor parte de este éxito se halla en los invernaderos y en su capacidad para meter en el mercado una oferta fuera de temporada. Una parte muy elevada de esas instalaciones no se han modernizado y tienen que competir ya actualmente con instalaciones nuevas ubicadas en terceros países, como sería el caso de Marruecos, con vía directa para entrar en los mercados comunitarios, así como de los invernaderos instalados en otros países miembros, que son también los mercados donde España tiene el eje de sus ventas. En esos casos, se trata además de nuevos invernaderos más eficientes que los españoles, con unos rendimientos más elevados que compensan sus mayores costes por la cercanía de sus consumidores.

El sector español debe luchar además en los mercados comunitarios donde llega el grueso de sus producciones, con los bajos precios de la oferta que llega desde terceros países, especialmente de Marruecos, junto a la mayor productividad de los invernaderos instalados en otros Estados miembros, en muchos casos con una presentación más cuidada y además con la teoría a favor de la necesidad de consumir los productos locales, kilómetro cero, para evitar los efectos negativos del transporte sobre el medio ambiente, sin tener en cuenta el mayor gasto de energía que supone el impulso de producciones en estos tipos de clima más fríos.

Pero al margen de todas las críticas que se puedan hacer a esta política, se trata de una realidad que no se puede ocultar que ya está suponiendo para España la pérdida de cuotas de mercado en países donde antes era el proveedor líder, como son los casos de Alemania, Francia o Reino Unido, en beneficio de Marruecos o de Holanda.

Fuera del mercado comunitario, el veto ruso sigue pesando sobre las salidas de las producciones españolas y muy especialmente para determinados tipos de tomate, sin que las autoridades comunitarias hayan abierto nuevos mercados en terceros países con gran demanda y precios rentables, como serían los casos de Japón o Estados Unidos.

El sector hortofrutícola español se halla además con una desventaja frente a los productores de otros países miembros. La reforma de la PAC contemplaba la posibilidad de que los respectivos gobiernos aplicaran ayudas directas a las producciones de frutas y hortalizas. Hoy, algo que es general en otros países comunitarios competidores de los españoles no se ha hecho en España de forma generalizada y es solo una parte mínima del sector quien percibe alguna ayuda en el sector de las frutas. Sin salir de España hay igualmente desventajas entre unos y otros productores, en detrimento de los históricos frente a cultivadores nuevos en el sector con superficies que llevan una mochila de ayudas. Eso supone que un mismo producto para un mismo mercado y a un mismo precio tiene diferente renta si la superficie de cultivo tiene o no derechos históricos de pagos sobre la misma.

El sector hortofrutícola es uno de los que más está sufriendo los efectos negativos de las entradas de producto desde terceros países y muy concretamente desde Marruecos ante la existencia de unos costes de producción más reducidos y la no existencia de los controles suficientes en fronteras en el volumen de las entradas acordadas, así como en los niveles de precios y en el pago de aranceles.

En la parte contraria, el sector hortofrutícola se enfrenta a la falta de nuevos mercados en terceros países donde los gobiernos impulsan políticas proteccionistas en sus fronteras en base a supuestas razones de seguridad alimentaria o de problemas fitosanitarios, política que no siguen las autoridades comunitarias ante las entradas de terceros países.

En resumen, estamos ante un gigante en apuros, donde los éxitos que logra año tras año con incrementos en volumen y facturación no pueden tapar la existencia de más riegos y cambios en los mercados, nuevos competidores que, si no se atajan, pueden poner en peligro una actividad clave en el sector agrario español.

RIESGOS

-Estructuras de cultivos protegidos necesitados de un proceso de renovación

-Nuevos invernaderos de altos rendimientos en países consumidores en la UE

-Ayudas directas en otros países miembros

-Renacionalización de la oferta y proteccionismo para los productos locales

-Ofensiva de importaciones baratas desde terceros países

-Pasividad comunitaria en la apertura de nuevos mercados

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