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jueves 22 de junio de 2017

Reportajes
08/06/2016

Aquí hay tomate (demasiado)

Vidal Maté. @trigolimpio_VM

La Federación de Productores y Exportadores de Frutas y Hortalizas (FEPEX) daba hace unas fechas la voz de alarma ante los datos sobre el comercio exterior de tomate durante el primer trimestre de este año en base a tres cifras que reflejan lo que está pasando en el sector. Uno, la evolución de las importaciones procedentes de Marruecos, donde se ha registrado un incremento del 15%, pasando las mismas, solo considerando los datos oficiales, los reales pueden ser muy superiores, de 155.704 toneladas a 178.051 toneladas. Dos, los precios más bajos del mercado en una situación de crisis para todos han correspondido a las producciones propias de otros países comunitarios, como Holanda, con unas cotizaciones de salida de 0,25 euros kilo. Tres, descenso de las exportaciones españolas en un 3% en volumen hasta las 403.000 toneladas y en un 5,8% en valor hasta los 387,8 millones de euros. Todo ello pone en evidencia que nos encontramos ante un nuevo escenario en el sector del tomate comunitario, con nuevos operadores, más oferta donde antes no existía y falta de nuevos mercados, lo que ya ha provocado una crisis de precios con probables efectos negativos sobre la producción y el empleo en un cultivo clave en el sector.

El tomate en fresco ha sido tradicionalmente el eje de los intereses en el sector de las frutas y hortalizas, tanto para los productores españoles como para la competencia, primero Marruecos y actualmente otros países comunitarios que se han enganchado al cultivo con muchas y modernas instalaciones junto a los puntos de consumo. En el caso de Marruecos, el tomate fue el eje de todas sus negociaciones para su exportación a los países comunitarios. Gracias a ese acuerdo, el país norteafricano puede exportar anualmente a la UE 250.000 toneladas de tomate en fresco con un arancel reducido de 0,46 euros kilo, mas otras 28.000 toneladas complementarias, siempre que cumpla con las condiciones establecidas en ese compromiso en materia de calendarios y preciso de entrada, algo que prácticamente se halla totalmente descontrolado según las reiteradas denuncias del sector español. Con un arancel de 0,62 euros kilo, Marruecos tiene libertad para exportar sin límite.

Junto a las importaciones de tomate marroquí, el sector español se enfrenta a su vez a las producciones en aumento en diferentes países comunitarios del centro y norte de la UE, donde destacan los casos de Francia, Holanda y de Bélgica. En Holanda, la superficie de invernaderos dedicada al cultivo con las tecnologías más modernas ha pasado desde el año 2000 de 1.133 hectáreas, con unas producciones de 520.000 toneladas, a 1.760 hectáreas, con una producción de un millón de toneladas frente a la producción española de 1,6 millones de toneladas para el consumo en fresco. En el caso de Bélgica, las superficies de cultivo en invernadero se sitúan en unas 500 hectáreas de 250 agricultores con una producción de unas 250.000 toneladas.

Consecuencia de todo ello, se ha producido un fuerte incremento de la oferta de tomate en los mercados comunitarios donde ha operado históricamente el sector español y más en este momento, tras el cierre de las fronteras rusas donde se colocaba una parte en aumento de las ventas. En las últimas semanas, según las denuncias de los productores, esa mayor oferta se ha reflejado en una fuerte caída de los precios de salida de todos los mercados en origen con unas cotizaciones que se hallarían en una horquilla entre los 0,25 y los 0,67 euros kilo donde lo más significativo es que los precios más bajos corresponden a las producciones de Holanda.

Para el sector, esta nueva situación obliga a luchar en dos frentes con el objetivo de mantener su vieja posición de liderazgo. De un lado, contra las masivas importaciones de Marruecos coincidiendo en los calendarios con las cosechas españolas desde la posición de inferioridad que le da el tener unos costes de producción un 65% más elevados que los existentes en ese país por la mano de obra más cara. Frente a los países del norte, el sector se halla igualmente en una posición de inferioridad por tener que aplicar a sus envíos el coste del transporte y, sobre todo, la existencia de unos menores rendimientos por metro cuadrado en los invernaderos españoles, donde las cifras holandesas multiplican por más de tres a la de aquí. En España, la producción por metro cuadrado sería de unos 13 kilos. Las instalaciones españolas, en una gran parte, se han quedado viejas y el sector no tiene la capacidad financiera para acometer la transformación de las mismas para situarlas en unos niveles de competitividad frente a los holandeses.

Los efectos de esta situación se han dejado sentir sobre el volumen de las exportaciones a la baja, el nivel de los preciso y el de los ingresos. Pero también se ha producido un efecto en la dirección opuesta. En los primeros meses del año se ha registrado un incremento del 65% en las importaciones de tomate, pasando las mismas de 13.000 a más 21.000 toneladas con Madrid y Barcelona como los principales puntos de destino. Los bajos precios de salida de los invernaderos holandeses a una media de 0,25 euros kilo, hace que en tiendas al consumo en España en Madrid sea posible encontrar tomate holandés a menos de un euro el kilo.

Desde FEPEX se considera que la avalancha de importaciones es consecuencia de las mayores producciones y menores costes en el exterior, pero también se recalca que, mientras en España, con la aplicación de la Ley de la Cadena Alimentaria, todas la compras deben disponer de un contrato con pago a 30 días, esa exigencia no existe para la compra del tomate holandés, por lo que muchos operadores prefieren comprar la mercancía de ese país sin otras ataduras. Las cooperativas agroalimentarias denuncian la ineficacia de los precios de entrada para los tomates procedentes de Marruecos donde no se pagan los derechos de aduana que corresponderían y se han reclamado medidas para hacer frente al vero ruso ahora prorrogado hasta diciembre de 2017 por unos motivos que nada tuvieron que ver con el sector agrario.

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