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jueves 29 de junio de 2017

Reportajes
14/10/2016

Aceite: no es oro todo lo que parece

  • El problema del sector no son los resultados de una u otra campaña por los efectos del clima, sino el hecho de que el producto se haya convertido en el rehén de la gran distribución
  • Ausencia generalizada de marcas y bajos márgenes en un sector industrial que factura más de 4.000 millones de euros

Vidal Maté. @trigolimpio_VM

El aceite de oliva es una de las producciones más importantes y emblemáticas del sector agrario y alimentario español por el volumen superficie de cultivo, más de 2,5 millones de hectáreas, por el número de olivareros y, sobre todo, por tratarse de un cultivo donde España es líder mundial indiscutible en un producto de calidad saludable reconocido en todo el mundo con un amplio recorrido por acometer en el campo de la exportación ante el impuso de la demanda. España es líder en producción y comercio y lo seguirá siendo durante mucho tiempo a pesar de los esfuerzos de terceros países para hacer gigantescas ampliaciones de sus superficies olivareras, en unos casos como China y, en otros, a pesar de las barreras artificiales que ponen en sus fronteras países como Estados Unidos o Australia.

Sin embargo, a pesar de esta gran fortaleza en la producción, en el aceite de oliva no es oro todo lo que reluce desde la producción a su comercialización. Y no es solamente cuestión de unos buenos o malos resultados consecuencia de una buena o mala cosecha o de la situación de los mercados exteriores. Sería algo normal, que sucede en todas las producciones y más en el actual marco comunitario donde Bruselas ha procedido al desmantelamiento real de los mecanismos para la regulación de los mercados. Pero, en el caso del aceite de oliva, a esta situación de los mercados dependiendo de cada cosecha, se suman otros problemas de fondo por el hecho de ser uno de los productos más maltratados por el sector de distribución, lo que se ha traducido en un sector donde los productores sufren y las industrias subsisten en una actividad marcada por ser poco negocio y con escasos márgenes, con una facturación superior a los 4.000 millones de euros.

A pesar de los intentos hechos a diferentes niveles desde la Administración a la interprofesional para superar esa situación, la realidad es que esos problemas de fondo laten en el sector, sin visos de futuro. Un dato sintomático es que, en los últimos meses, las únicas multas impuestas a grupos de la distribución por ventas a pérdidas hayan tenido al aceite a bajos precios como protagonista, El Corte Inglés con una multa de 3.005 euros y 42.100 euros a Carrefour, mientras el grupo DIA tomaba al aceite como rehén en su estrategia de crecimiento y se vanagloriaba de hacerlo, mientras Agricultura le abre expediente tras expediente, pero hasta la fecha, sin una sanción ejemplarizante.

Desde la perspectiva de la producción, al margen de buenas o malas cosechas que dependen de la climatología, los casi 400.000 olivareros, a pesar de tener un elevado porcentaje en manos de sus cooperativas, sufren el desmantelamiento comunitario de los mecanismos para la regulación de los mercados donde, los únicos restos de esa política se concretan en apoyos para el almacenamiento privado cuando el mercado tenga unos precios mínimos congelados desde hace años, al margen de la realidad, cuando los mismos se repiten varios meses. Su eficiencia es nula. En 2000, las cooperativas aceiteras más importantes trataron de tener un mayor peso en el proceso de comercialización para ordenar la oferta en base a la constitución de la Compañía Española de Comercialización de Aceite, Cecasa, bloqueada por Competencia y posteriormente en 2010 aprobada por el Supremo, pero hoy sin actividad.

Para el sector del aceite de oliva, el mayor problema del que cuelgan la mayor parte de sus males viene determinado por el uso y abuso que hace y parece quiere seguir haciendo la gran distribución del mismo como buque insignia de los precios de oferta, con un producto banalizado con los márgenes mínimos que deja la distribución.

Según los datos manejados desde Promarca, el aceite de oliva bajo la marca blanca supone más del 62% de todas las ventas. Eso significa que, en el mercado interior con unas ventas medias de unas 550.000 toneladas, el grueso se comercialice a precios bajo mínimos. Nos hallamos en el mercado interior ante un sector donde las marcas de fabricante no llegan a ese 40% para todos los grupos, lo que da una idea del potencial de cada una, situación que les ha llevado en la práctica casi a su desaparición. El gran grupo SOS-Carbonell, hoy Deoleo, ha pasado, consecuencia de esa política, de un cuota de mercado superior al 30% con todas sus marcas, a una cifra solo ligeramente por encima del 10%, a que sigue el grupo Coosur con sus marcas Coosur, La Española o Guillén y otros porcentaje similar para el grupo Migasa con La Masía o Ybarra. Borges, a la vista de cómo se halla el patio, hace ya tiempo que optó por mantener su peso en Cataluña y sobrevivir en el resto de España y mirar al exterior.

Ante este panorama en el mercado interior, el peso de la marca blanca y los precios bajos, la industria ha optado por su apuesta en el exterior donde los resultados son más favorables en precios, y donde las ventas se mantienen, al margen de los precios en origen, en una media de unas 800.000 toneladas, lo que habla del esfuerzo de las industrias, aunque una parte importante de esas ventas correspondan a graneles de cooperativas en su mayor parte, asignatura que poco a poco se va superando.

Medios industriales coinciden en las dificultades para tener un negocio con la adecuada rentabilidad bajo los efectos de la estrategia de la gran distribución para tener el aceite como el producto barato en sus lineales.

En el aceite se hallan, en líneas generales, los empresarios de siempre, los históricos de generaciones. Hay alguno nuevo que ha aterrizado con cierta fuerza en el sector como Abril en Ourense, más volcado en la venta de aceite para conservas con un mercado de unas 40.000 toneladas, sin renunciar al mercado en los lineales con precios igualmente a la baja.

En el sector del aceite de oliva cabe hacer referencia finalmente a pequeños grupos elaboradores de aceite de oliva de calidad y precios elevados, parte de los cuales repiten cada campaña en los premios de Alimentos de España, accesibles en tiendas gourmet y alejados de los lineales del gran consumo.

Hay un empresario en España que ha levantado en las últimas dos décadas el mayor grupo alimentario español, Antonio Hernández Calleja, presidente de Ebro Foods, que lo vio muy claro a la hora de programar sectores donde invertir para ampliar el negocio. Vendió las divisiones de leche y azúcar y nunca tuvo la menor intención de entrar en el aceite, a pesar o, a lo mejor, porque es andaluz.

La campaña viene con optimismo

A casi dos meses antes de la recolección, las previsiones iniciales de cosecha se elevan a 1,4 millones de toneladas, una cifra igual a la campaña anterior. Los precios se mantienen estables en una zona de rentabilidad para la producción con unas cotizaciones medias en origen de 3,2 euros kilo para un aceite virgen extra, de 3,12 euros para un aceite virgen y de 3,08 euros para un tipo de aceite lampante que necesita ser refinado para su comercialización. Las previsiones apuntan a un mercado estable a la vista del buen comportamiento de la demanda interior, en las exportaciones y unas previsiones de la cosecha mundial a la baja. En los once primeros mese de campaña, las ventas se incrementaron un 3% hasta 1.261.800 toneladas, con un crecimiento igual, tanto para el mercado interior donde se comercializaron 471.500 toneladas, como para la exportación donde se llegó a las 790.000 toneladas.

Tras una cosecha pasada también de 1,4 millones de toneladas y con este volumen de ventas, los stocks a finales de campaña se sitúen en unas 300.000 toneladas, una cifra inferior en un 18% a la media de las últimas cuatro campañas, volumen muy ajustado para atender las necesidades de la demanda en dos meses y medio hasta la utilización de los nuevos aceites. Aunque las perspectivas a medio plazo se presentan positivas, en el sector productor y en la industria crece la preocupación ante el aumento de los precios a la baja en la comercialización.

En cuanto a la producción, el Consejo Oleícola Internacional apunta a una reducción de la oferta mundial del 7% pasando de 3.080.000 toneladas a menos de 2.918.000 toneladas, junto a un crecimiento de la demanda. Frente a la estabilidad en la producción española, entre los principales países productores del Mediterráneo destaca prevista la caída de más del 30% en la producción italiana hasta menos de 330.000 toneladas, del 20% en Grecia a unas 260.000 toneladas, en un 29% en Túnez a 110.000 toneladas el previsible incremento del 24% de la producción en Turquía a 190.000 toneladas.

Las producciones en otros países, aunque se hallan en una línea de incremento, siguen siendo insignificantes a efectos de la oferta mundial. España tiene una superficie de cultivo de 2,5 millones de hectáreas, unas 700.000 hectáreas con riego, intensivas y semiintensivas y el resto entre secanos de baja producción. En Australia, se maneja una cifra de unas 30.000 hectáreas. En Argentina, el objetivo era llegar a las 90.000 hectáreas. Estados Unidos ha plantado entre 2005 y 2009 unas 8.000 hectáreas, pero su producción no cubre el 2% de su demanda. China es el país con los objetivos más importantes. Sus plantaciones se remontan a los años 60 y en la actualidad tiene un proyecto de plantar 59 millones de olivos en una superficie igual a la superficie olivarera de Jaén.

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