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martes 23 de mayo de 2017

Reportajes
21/11/2016

La fiebre de la almendra

  • Los grupos Borges y Delaviuda desarrollan plantaciones intensivas con planes para superar las 4.000 hectáreas
  • La demanda sigue superando a la oferta, por lo que no se teme un “pinchazo” a pesar de la expansión del cultivo en España y en el mundo

Vidal Maté. @trigolimpio_VM

Hay productos agrarios donde un incremento de la demanda y la posibilidad de aumentar superficies de cultivo chocan a diario con las campañas contra el uso y abuso de su consumo por considerar que son perjudiciales para una vida saludable. Por el contrario, hay otras producciones que, mientras no se demuestre lo contario, gozan de todas las bendiciones de los mismos organismos sanitarios o prescriptores de la alimentación que abogan por aumentar su consumo por sus beneficios para la salud. Algunas de esas producciones recomendadas son el conjunto de los frutos secos y, muy especialmente, la almendra, donde crecen las superficies de cultivo en todo el mundo, crece la demanda, suben los precios si se mira su proyección a varios años y, sobre todo, hay buenas perspectivas de futuro.

España no ha sido ajena a ese movimiento por parte de agricultores individuamente, a través de cooperativas, o por empresas grandes demandantes de esa materia prima, como Borges en el sector de los frutos secos o Delaviuda en el de los dulces. Ambas firmas tienen en marcha sendos programas de plantación con almendros de alto rendimiento en más de 4.000 hectáreas, con un sistema intensivo de riego para asegurarse, al menos una parte de sus necesidades de abastecimiento y no depender totalmente de los mercados.

Durante los últimos ejercicios, la demanda de almendra en el mundo para su consumo directo o para su empleo en productos elaborados ha registrado un incremento medio anual del 5%. De unas producciones medias en el mundo de unas 800.000 toneladas en 2010 se ha pasado a campañas medias de 1,1 millones de toneladas de las que Estados Unidos, con unos rendimientos medios por hectárea de 2.600 kilos, logra una producción en ascenso media entre 850.000 y más de 900.000 toneladas, seguida de Australia con una producción media también al alza de 70.000 toneladas.

España se coloca como el tercer país productor con más de 500.000 hectáreas, solo unas 50.000 de regadío, y unas producciones muy variables por las condiciones climatológicas, que arrojarían una media de producción de unas 42.000 toneladas. De esa cifra, casi 40.000 toneladas de gran calidad que se exportan, para importar una media de 80.000 toneladas en su mayor parte de California. Los rendimientos medios son de solo 100 kilos por hectárea debido al fuerte peso de los secanos en tierras de mala calidad. La progresiva entrada en producción de miles de hectáreas de regadío cambiará radicalmente este panorama en los próximos años.

Frente a esta fiebre en la producción, en los últimos cinco años la demanda creció en términos similares al pasar de menos de 800.000 a 1,07 millones de toneladas. Según diferentes análisis, las previsiones apuntan a una continuidad de su crecimiento en todo el mundo y muy especialmente en países asiáticos como India, China, Corea, Indonesia o Vietnam.

Este aumento de las producciones y de la demanda ha coincidido en los últimos años con una fuerte escalada de los precios pasando los mismos de una media de menos de tres euros kilo en 2011 a la cifra récord de 8,7 euros kilo en 2015, para bajar en 2016, en el caso de España, a menos de seis euros kilo. Ello supone un descenso superior al 30% sobre el mismo periodo de la campaña anterior provocado por la elevada cosecha americana y su peso en todos los mercados mundial. Pero, al margen de las oscilaciones de precios de una campaña a otra, los expertos en el sector coinciden en señalar que, a pesar de los aumentos de las superficies de cultivo, no se trata de un sector burbuja porque la demanda sigue y seguirá siendo inferior a la oferta y serán necesarias más plantaciones.

En el caso de España así lo han entendido, agricultores individualmente, las cooperativas más importantes en Tarragona, Comunidad Valenciana, Andalucía, Castilla-La Mancha o Extremadura y sobre todo los grupos Delaviuda y Borges con unas previsiones en nuevas plantaciones de más de 4.000 hectáreas.

En el caso de la firma Delaviuda, sus necesidades de aprovisionamiento de almendra para la elaboración de su producción de dulces se sitúan anualmente en unas 3.500 toneladas. El objetivo inicial del grupo, según Enrique Guzmán, responsable del proyecto en la empresa, es lograr inicialmente una producción de almendra equivalente al 10% de su demanda. Para ello, hace un año procedía a la constitución de una nueva sociedad, Almendralia Ibérica, al 50% con el grupo Foresta, un socio experto en el manejo de la actividad agraria que opera en Extremadura en el segmento de los nogales para madera. El objetivo final del grupo podría ascender a unas nuevas plantaciones de hasta 2.000 hectáreas. Pero los responsables del proyecto prefieren ir paso a paso. Para ello, su plan ha partido en una primera fase con carácter experimental con el objetivo de operar sobre 210 hectáreas de las que ya se han plantado unas 140, todas ellas en regadío con carácter intensivo, en un marco de 333 árboles por hectárea. A partir de los resultados de esta primera fase que ha supuesto una inversión de unos cinco millones de euros, se irán desarrollando nuevos proyectos. En este plan de expansión del cultivo se han utilizado especialmente variedades como Soleta, Guara, Vairo y Lauranne, con la mirada puesta en dos objetivos. Lograr una recolección de la almendra escalonada y también en unas producciones tardías para adaptar las mismas a las condiciones climatológicas normales en la zona de cultivo, atendiendo a cuestiones como los periodos de floración y los riesgos de heladas, algunos de los problemas más graves a los que se enfrenta el almendro.

Esta primera fase de las plantaciones se ha llevado a cabo en la localidad extremeña de Tejeda del Tiétar, pero los objetivos del grupo contemplan también actuaciones en otras zonas como Andalucía o Castilla La Mancha sin descartar la posibilidad de hacerlo igualmente en Portugal.

El otro gran proyecto en el sector de la almendra corresponde a la empresa familiar catalana Borges, históricamente con una gran proyección internacional operando en los sectores del aceite y de los frutos secos. En el caso de los frutos secos, almendras, nueces o pistachos, la sociedad maneja anualmente más de 35.000 toneladas de materia prima, de las que unas 20.000 corresponden a la almendra. El grupo cuenta con plantaciones de 1.150 hectáreas de almendros y el objetivo de Borges se concreta en la plantación de otras 2.500 hectáreas, a razón de 500 hectáreas cada año hasta el 2021. Estas nuevas plantaciones se pretenden llevar a cabo fundamentalmente en tierras de Extremadura, Castilla-La Mancha o Andalucía, si bien el grupo no descarta llevar igualmente su proyecto a tierras portuguesas. Inicialmente se contempla lograr con este plan una producción superior a las 5.000 toneladas de almendra. José Pont, uno de los propietarios del grupo, es un firme convencido sobre el futuro de la almendra en el mundo por la existencia de una demanda al alza y las posibilidades que ofrecen los nuevos mercados. Esa sería la razón por la que la empresa catalana tenga prevista la inversión de unos 80 millones de euros para acometer esos planes de expansión en el campo con nuevas superficies de cultivo.

El consejero de Agricultura de Castilla La Mancha, Francisco Martínez Arroyo, ve en el desarrollo de los frutos secos en su conjunto una de las mejoras alternativas de cultivo a otras producciones tradicionales en la zona.

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