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martes 22 de agosto de 2017

Reportajes
17/03/2016

Cooperativas prioritarias: no hay cola

  • En casi dos años desde la apertura de la ventanilla, solo hay tres inscritas
  • Escasa y tardía respuesta de las Administraciones para aplicar las ayudas prometidas

Vidal Maté. @trigolimpio_VM

Casi dos años después de que se abriera la ventanilla para la constitución de este tipo de organizaciones, son tres las Entidades Asociativas Prioritarias reconocidas e inscritas en el registro correspondiente del Ministerio de Agricultura.

Para los responsables de la Administración promotora de esta vía, se trata de un balance positivo dada la gran dispersión del sector y, sobre todo, por las dificultades que entrañan este tipo de procesos donde se cruzan intereses económicos de la entidad con unas estructuras en muchos casos muy personalistas. Se esperaba, por ello, una respuesta lenta. No han existido sorpresas cuando todavía no han sido convocadas las ayudas públicas. El Plan Nacional de Desarrollo Rural contempla una disponibilidad hasta 2020 de 246 millones de euros, a los que se deberían sumar las aportaciones para este mismo fin que se hagan desde cada una de las Comunidades Autónomas.

Desde el sector, la realidad es que la iniciativa no se ha tomado con prisa, si se considera que tampoco lo han hecho, hasta la fecha, la mayor parte de las Comunidades Autónomas, donde caben destacar las posiciones de Navarra y Castilla-La Mancha estableciendo las condiciones de preferencia para los integrados en las Entidades Prioritarias. A corto plazo, desde la Administración no se ven movimientos asociativos que puedan cristalizar en este proceso, desde el mundo de las frutas y hortalizas, donde destaca Anecoop, que no cumple la exigencia de comercializar el 100% de la producción de todos sus socios, a las entidades asociativas en el mundo de la leche o las carnes, a pesar de los viejos intentos para la constitución de un grupo con peso dominante en las provincias del norte, junto a la cordobesa Covap. Ni la crisis láctea está provocando un mayor interés para la integración, al menos comercial, de docenas de pequeñas cooperativas.

Ovispain, en 2015, fue la primera Entidad Prioritaria, solamente en el sector del ovino, con una facturación de más de 130 millones de euros que supone más del 15% de la producción de ovino española y el primer grupo del sector en la Unión Europea producto de la integración de Oviaragón Pastores, Cotega, Oviso, Corderos del Sur y Cosegur, con casi 5.000 ganaderos de 29 provincias. La siguieron la andaluza Dcoop y la castellano-manchega Baco en 2015 con más de 750 millones de euros en diferentes sectores y, especialmente, en aceite y vino. Dcoop es el mayor grupo del mundo en el aceite con una producción media superior a las 200.000 toneladas sobre una superficie de casi 400.000 hectáreas y de 7.000 socios. Por su parte, Baco tiene una producción media de 1,6 millones de hectolitros de vino que obtiene de unos 7.000 socios en más de 25.000 hectáreas.

En las últimas fechas ha sido reconocida como tal el Grupo AN, también con una facturación superior a los 750 millones de euros, líder en el sector de los cereales con la venta de 1,3 millones de toneladas, con cooperativas integradas en Navarra, Castilla y León, Castilla La Mancha, Aragón Extremadura y País Vasco; en el sector de frutas y hortalizas, con cooperativas que producen más de 500.000 toneladas comercializando desde los productos frescos a la cuarta gama y a los congelados; el sacrificio diario de más de 800.00 cerdos, venta de 165.000 toneladas de fertilizantes fitosanitarios, semillas, pollos o una red de carburantes con ventas de 160 millones de litros. En total, servicios para más de 30.000 agricultores y ganaderos. En total, tres grupos con una facturación total de casi 1.700 millones de euros con solo tres puntos de decisión.

Con un censo de 4.000 cooperativas y una facturación superior a los 25.000 millones de euros, pero donde más del 70% tienen unas ventas por debajo de los cinco millones de euros, la constitución de entidades asociativas más fuertes ha sido uno de los objetivos contenidos en los programas de todos los partidos durante las últimas décadas y se supone lo van a seguir siendo en el futuro ante la existencia de unos resultados escasos. Las reducciones de entidades habidas en el pasado, más que a procesos de fusión se han debido a cierres o a integraciones forzadas por los malos resultados de unos grupos y la necesidad de incorporarse a otras estructuras.

En la última legislatura, con el Plan Estatal de Integración Asociativa de 2013, se definía la figura de las Entidades Asociativas Prioritarias, cuyo objetivo era la puesta en marcha de unas nuevas estructuras, tanto en un solo sector, como con presencia en diferentes sectores. Para el registro de este tipo de entidades se exigía el cumplimiento de tres condiciones: tener una implantación en varias comunidades autónomas, comercializar la totalidad de las producciones de los socios y tener una facturación mínima. En el caso de actuar en un solo sector parte de un mínimo de 20 millones, y si opera en varios sectores debe tener unas ventas mínimas de 750 millones. La normativa contempla, con carácter general, que una sola Comunidad Autónoma no puede suponer más del 90% de la facturación de los socios.

Para impulsar este tipo de procesos, los incentivos públicos se concretaban en tener, tanto los socios como las entidades asociativas integradas, una preferencia a la hora de la concesión de subvenciones o ayudas, en actuaciones como inversiones materiales e inmateriales, para los trabajos de gestión y comercialización, actividades formativas, apoyos a la internacionalización, a la investigación y al desarrollo, sistemas de seguros agrarios, mejora de la competitividad o uso de nuevas tecnologías.

En medios económicos se entiende que es interesante la existencia de incentivos o tener una cierta prioridad a efectos de créditos o subvenciones. Pero se considera que los procesos de integración o fusión de este tipo de entidades deben estar marcadas fundamentalmente no por las ayudas, sino por los objetivos de eficiencia, proporcionar los mejores servicios a los socios frente a los intereses ajenos al sector frente a los factores internos derivados de posiciones personalistas que, en muchos casos, constituyen las mayores dificultades para acometer esas fusiones.

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