9 DE marzo DE 2026
Robert Savé. Investigador emérito del IRTA
El 8 de diciembre de 1980 John Lennon era asesinado frente a la puerta de su casa en Nueva York, semanas después de que publicase el álbum, en el que se incluye la canción “Beautiful Boy”, (https://www.youtube.com/watch?v=1BZkYfqa4Fs&list=RD1BZkYfqa4Fs&start_radio=1) en la que aparece la frase que da lugar al título del presente artículo, y que esta focalizada en su hijo.
No hablare de música, no sé, solo la disfruto sin entenderla y, por tanto, no puedo transmitir más que sensaciones. El titulo de la presente opinión, pienso que viene a cuento, de que estamos en el segundo cuarto del siglo XXI y, por situaciones que desafortunadamente ocurren, tal parece que nos hayamos quedado clavados, inmóviles en el ultimo cuarto del siglo XX, es decir casi medio siglo atrás.
En los últimos años hemos asistido con estupor a sequias profundas y persistentes, grandes periodos de lluvia y nieve, un incremento notable de la temperatura, una subida constatable del nivel del mar…, por lo que veíamos y sufríamos, desde el conocimiento de lo que ocurría, y el malestar que produce la propia inacción.
Se han buscado culpables, medida tradicional de estas tierras, en que nunca ha sido bien asumida la responsabilidad, quizás porque la culpa nos lleva a pensar que somos víctimas de las circunstancias, que nosotros no podemos controlar, y nos resignamos a lo que está sucediendo, para seguir estando inactivos, mientras que la responsabilidad nos hace pensar que podemos, que las cosas pueden salir mejor la próxima vez, y que el control está en nuestras manos, en mayor o menor medida.
Los fenómenos meteorológicos extremos asociados a una nueva e incierta realidad climática, no podemos evitarlos, a corto y medio plazo, pero si tratar de reducir, sino evitar sus efectos y consecuencias, en nuestro entorno agroalimentario.
Cierto es que estos fenómenos generan grandes pérdidas, más asociadas a los equipos e infraestructuras, que, a los cultivos y masas forestales, ya que estos simplemente, entran en un nuevo estadio de transición hacia otro equilibrio, más adecuado a la nueva realidad, haciéndola funcional en las nuevas situaciones y circunstancias.
Esta descripción no oculta la generación de importantes desequilibrios socioeconómicos, solo subsanables con grandes aportes económicos, para revertir la situación, pero sobre todo para esto ocurra en plazos de tiempo razonables, que no forzosamente son a escala de vida humana.
Hoy es imposible en un plazo de una generación, cambiar la ubicación de los cultivos, generar redes hídricas equilibradas en el binomio agua/energía, construir nuevas infraestructuras y equipamientos, para facilitar la vida rural y reducir, sino evitar el despoblamiento…, el no pensar para planificar y hacer, retrasa o impide las soluciones, más en un mundo complejo, que complicamos con nuestras actividades.
En este proceso claramente reactivo, pueden destacarse dos temas importantes: el coste de la inacción, en dinero, tiempo y frustraciones, y también, la falta de modelización del futuro, respecto de unos objetivos predeterminados.
Las palabras sostenible y resiliente son interesantes, pero vacías si no van acompañadas del porqué, dónde, cuándo y cómo, no sea que pase como en una publicidad que dice, “no somos importantes por lo que hacemos, sino por cómo lo hacemos”. Malo, algo falla.
Lo único necesario, es simplemente hacer proactivamente, sin adjetivos mediáticos, un planteamiento en que la actividad económica sea suficiente para mantener población activa, sin dañar el paisaje, entendiendo éste, como la suma del medio ambiente, la cultura y la población fija y móvil, y todo ello, para ahora y el futuro, lo cual requiere introducir en el mismo, un plan de contingencias, por sentido común.
Con un planteamiento de trabajo y su calendario, no es del todo posible, pero sí probable, generar alianzas, rehacer ejecutivamente decisiones y avanzar deprisa y bien hacia la resiliencia, es decir resistir a los estreses, adaptándonos para salir más fortalecidos, que en la mayoría de los casos significa diferentes, pero vivos.
Diseñar el futuro
Sin duda es muy difícil representar y considerar eficazmente los intereses de las personas que todavía no han nacido, y sociedades, sectores, negocios, que no sabemos si estarán, y más aún hacerlo pensando en un mundo, que, de una manera simple, algunos que lo diseñan no estarán, y otros que vivirán, ahora no están.
Este trabajo, debe ser realizado, sin duda, desde un enfoque colaborativo y lo más colectivo posible, ya que según diferentes pensadores como Richard Buckminster “el mejor camino para predecir el futuro, es diseñarlo”.
Es un acto intelectual, de conocimiento, de responsabilidad, de sentido común, pero sobre todo es un compromiso, que nos fuerza si o si, a plantear el futuro, para entonces desarrollarlo desde el presente, es como una modelización inversa, ya que no es construir el futuro a partir del pasado, es hacerlo desde sí mismo con los conocimientos y voluntades de hoy, contrastadas.
Esta generación del futuro tiene que hacerse considerando visiones complejas (bienestar social, funcionalidad ecosistémica, salud global, reducción de litigios, sobriedad como vía para la justicia distributiva...), junto a visiones más simples (soluciones tecnológicas de todo tipo, viajes casi impensables con relación al tiempo...).
Se debe hacer todo lo posible, para que el futuro no sea el presente con retraso, este debe ser algo lógicamente nuevo, para lo cual se tiene que actuar rápido, porque la vida es lo que pasa mientras hacemos otros planes, no siempre interesantes.
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