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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

27 DE abril DE 2022

8 coaliciones para asegurar el abastecimiento europeo

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

La trágica invasión rusa en Ucrania ha traído consigo al menos, que no es poco, la necesidad de reflexionar, de debatir y de buscar soluciones inmediatas y para el futuro sobre la necesidad de la seguridad alimentaria. No solo en la Unión Europea, sino también a nivel mundial.

Hasta entonces, y a pesar del repunte que se venía arrastrando en los precios de las materias primas básicas alimentarias y energéticas, como resultado de la recuperación económica tras salir del periodo más crítico de la pandemia de Covid-19, lo que más preocupaba era producir alimentos de forma más sostenible y con el menor impacto posible sobre el medio ambiente y el clima.

Esa orientación no se ha abandonado, ni tiene por qué abandonarse, pero la cruel guerra de Rusia en territorio ucranio, con dos de los actores enfrentados más importantes en la esfera mundial de la exportación de cereales, oleaginosas, gas natural, fertilizantes, petróleo y otros materiales clave para la actividad económica, ha vuelto a poner sobre la mesa la problemática de la seguridad en el abastecimiento de alimentos, que se había quedado un tanto aparcada y en un segundo plano.

En su reunión de abril, los ministros de Agricultura de la UE-27 acogieron favorablemente las propuestas a corto plazo de la Comisión Europea para intentar aprovechar la capacidad de producción agrícola de la UE para hacer frente a las consecuencias más inmediatas de la guerra en Ucrania.

El sector agrario las consideró también positivas, pero a la vez manifiestamente insuficientes. Habrá que esperar a ver sus resultados, siendo bastante probable que tengan que prorrogarse y ser aplicadas en más de una campaña (es decir, también en 2023) si el conflicto bélico se alarga durante mucho tiempo.

Sin quitar un ápice de importancia a esta reacción cortoplacista, lo más importante es el debate que se ha abierto sobre la seguridad alimentaria a medio plazo. Un ejemplo de ello es que la Eurocámara, que había cerrado filas, con algunos matices, en torno a los objetivos de las Estrategias “De la granja a la mesa” y “Biodiversidad 2030” a medio-plazo en el marco del Pacto Verde Europeo, se ha partido en dos, tras desatarse el conflicto bélico.

Por un lado, los partidarios más acérrimos de cumplir estrictamente con los postulados establecidos por la Comisión Europea en el ámbito de medioambiente y clima y, por otro, aquellos europarlamentarios que observan un cambio radical de escenario y consideran también prioritario poner en un primer plano el problema de la seguridad alimentaria y energética de la UE, frente a la excesiva dependencia de ciertas materias primas procedentes de países terceros.

Estos últimos, sin rechazar las orientaciones centrales del “Green Deal”, urgen también sobre la necesidad que tiene Europa de reducir esa dependencia excesiva de determinados países extra-comunitarios, intentando producir más materias primas básicas por sí misma para elevar su nivel de autoabastecimiento de alimentos.

Transformar los sistemas alimentarios

La propia Comisión Europea no es ajena a la nueva situación que se ha creado a partir del desencadenamiento del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania y, junto a sus propuestas a corto plazo, ha puesto también su vista en el medio-largo plazo y acordado intensificar su apoyo a la transformación de los sistemas alimentarios a nivel mundial, participando de forma más activa, en ocho coaliciones globales para la acción, que reúnen a representantes de los Estados miembros, de las agencias de Naciones Unidas, de la sociedad civil, a investigadores y organizaciones internacionales para lograr cambios en el campo de la seguridad alimentaria.

A nadie se le escapa que, tras más de dos años de Covid-19, cuya fase de pandemia aún no ha terminado, y ahora las consecuencias de la invasión rusa en Ucrania, la situación de la seguridad alimentaria mundial se ha deteriorado considerablemente por la insuficiencia y los altos precios de los alimentos, sobre todo para un número creciente de personas que padecen precisamente de inseguridad alimentaria y desnutrición.

El compromiso adquirido por Bruselas en esas ocho coaliciones voluntarias de acción colectiva  parte de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios, que tuvo lugar el 23 y 24 de septiembre del pasado año, cuando se planteó ya -sin saber lo que se nos venía encima con la invasión rusa en Ucrania- la prioridad de transformar los sistemas alimentarios y hacerlos más sostenibles, a la vez que ofrecer alimentos saludables y nutritivos y asequibles.

Entonces, casi nadie parecía acordarse -o se daba por descontado-de la necesidad de garantizar también el abastecimiento de alimentos a una población mundial en crecimiento, sobre todo en aquellos países menos desarrollados y con menos recursos.

Internacionalizar “De la granja a la mesa”

La intención principal de la Comisión Europea con ese mayor apoyo a la acción mundial para transformar los sistemas alimentarios es promover a escala internacional el programa de la Estrategia “De la granja a la mesa”, partiendo de la base de que una mayor producción de alimentos o de productividad  agroalimentaria no tendría por qué ser del todo incompatible con esa necesidad ineludible de sostenibilidad medioambiental y de lucha contra el cambio climático, donde la UE ha puesto su empeño mirando al horizonte de 2030 y, a más largo plazo, al de 2050. Se trata de un enfoque infantil, voy a decir difícil de cumplir para los de dentro e imposible para los de fuera.

Las ocho coaliciones en los que la CE ha decidido ser un socio más activo son, en primer lugar, la denominada “La comida no es basura”, cuyo fin es ayudar a los países a intervenir en este ámbito para rebajar a la mitad el desperdicio de alimentos de aquí a 2030 y lograr que las pérdidas de alimentos disminuyan un 25% como mínimo.

La coalición “Dietas saludables con sistemas alimentarios para niños y adultos” aborda tres cuestiones, como son la malnutrición en todas sus formas; alimentos inseguros y el impacto medioambiental de la producción de alimentos, promoviendo, por ejemplo, dietas saludables con mayor aporte de alimentos de origen vegetal.

La “Coalición  de comidas escolares” se centra en mejorar y ampliar el alcance de estos programas a escala mundial  para llegar a las comunidades, ligando también estas comidas con el suministro de alimentos saludables y de origen local, así como para que la alimentación escolar forme parte de los regímenes de protección social, contribuyendo a la mejora de la escolarización y a la asistencia.

Por su parte, la coalición de “Alimentos acuáticos y azules” tiene precisamente como objetivo aprovechar todo el potencial de los alimentos acuáticos sostenibles (pescado, marisco, plantas acuáticas y algas, capturados o cultivados en ecosistemas de agua dulce o marinos), para contribuir a poner fin a la malnutrición y a crear sistemas alimentarios respetuosos con la Naturaleza, equitativos y resilientes.

La coalición “Agroecología” busca ampliar las prácticas y las cadenas de valor agroecológicas, con potencial para crear unos sistemas alimentarios inclusivos y sostenibles, a través de la innovación y aprovechando los conocimientos locales y científicos.

A su vez, la ya conocida coalición “Hambre Cero”, aboga por reducir el hambre a nivel mundial, armonizando mejor los recursos existentes, respaldando las inversiones públicas y privadas que hayan demostrado tener efectos positivos en los medios de subsistencias de las pequeñas explotaciones agrícolas (organizaciones de agricultores, servicios de extensión para agricultores, programas de formación profesional para jóvenes rurales y cadenas de almacenamiento y frío).

La coalición “Lucha contra las crisis alimentarias dentro del nexo entre la ayuda humanitaria, el desarrollo y la paz” tiene su fin en crear las condiciones y estructuras que propicien la resiliencia de los sistemas alimentarios en contextos frágiles como, por ejemplo, medidas que anticipen las crisis alimentarias y el fomento de regímenes de protección social para afrontar estas crisis.

Productividad y sostenibilidad

Por último, la coalición “Aumento de la productividad sostenible” centra su ámbito de actuación en la tecnología y las innovaciones encaminadas al aumento de la productividad agrícola, al tiempo que se hace frente a los retos del cambio climático. Contempla la creación de una plataforma que sirve para intercambiar mejores prácticas y determinar las lagunas de conocimiento, a la vez que las oportunidades de investigación.

Quizás esta última coalición sea la clave ante la difícil situación de seguridad alimentaria con la que se enfrenta la UE y buena parte del mundo. Sobre todo la que tienen que afrontar aquellos países menos desarrollados y con pocos recursos para poder afrontar una mayor carestía de precios de las materias primas básicas alimentarias y energéticas.

En el plano europeo, el ministro de Agricultura francés, Julien Denormandie, que ostenta en este primer semestre de 2022 la presidencia del Consejo de la Unión, propuso en la última reunión con sus colegas que la UE debería fijarse en el futuro objetivos de producción agraria, que permitan abastecer a sus ciudadanos en condiciones satisfactorias de precios y de seguridad, a la vez que garantizar su papel en la seguridad alimentaria mundial.

“Es nuestra responsabilidad plantearnos esta cuestión”, añadió el ministro galo, tras preguntarse “si era normal que se llevaran cabo políticas públicas, cuyo fin es apoyar la producción, sin que nunca nadie se plantee la cuestión de cuáles son los objetivos en este ámbito”.

Según Denormandie, “una falta de sentido común es lo que ha llevado a que Europa dependa de las proteínas vegetales sudamericanas”, recordando también que, en términos de exportación, “la Federación Rusa lleva desarrollando desde hace unos años una geopolítica del trigo y ha forjado su influencia en el mercado internacional, con las ventas de cereales, en particular de trigo, sin que por parte nuestra nos hayamos reposicionado en este sentido.”

Probablemente, no se trata de volver a las montañas de excedentes de grano, carne y lácteos del pasado, que tanto costaba a las arcas públicas de la Comunidad Europea mantener, pero sí que habrá que reflexionar y debatir sobre si sería necesario, o no, mantener ciertas reservas estratégicas públicas o privadas en algunas materias primas básicas en los que somos ampliamente deficitarios para garantizar unos mínimos de abastecimiento y seguridad alimentaria, sin merma por ello de la sostenibilidad económica, social y, por supuesto, medioambiental.

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