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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

4 DE noviembre DE 2019

Alivio en el sector de vino y mosto

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

Alivio. Eso es lo que debe sentir gran parte del sector productor y comercializador vitivinícola español ante una previsión de cosecha en la actual campaña 2019/20, que se quedará al menos una cuarta parte por debajo de la de la campaña pasada, inferior entre 12 y 14 millones de hectolitros de vinos y mostos para quedar en cerca de 37 y algo más de 38 millones.

Puede resultar paradójico, pero es así. Una nueva vendimia, que hubiese arrojado una cifra similar o en línea con los más de 50,3 millones de hectolitros de 2018/19, hubiese resultado, como dirían los más castizos del lugar,  “mortal de necesidad” y muy compleja de gestionar, teniendo en cuenta, además, un stock acumulado procedente de la campaña anterior de más de 37,1 millones de hectolitros de vino y cerca de 1,72 millones de mosto.

Todo ello al margen de la incertidumbre comercial que conlleva ahora mismo las muy injustas sanciones arancelarias de la Administración Trump al sector, cuyas repercusiones se irán viendo en los próximos meses, y que supone un incremento del 25% de las tasas de entrada “ad valorem” para los vinos tranquilos españoles envasados, de igual o menos de 14º vol. alcoh., excluyendo por ahora al resto de vinos envasados de mayor graduación, a los vinos enviados a granel y a otro tipo de vinos, como los espumosos/cava.

Esa menor presencia de vino español en el mercado norteamericano, primordial en valor para el sector vitivinícola español y algo menos en volumen, es posible que sea aprovechada por el aumento de los envíos de otros países productores y competidores, desde Italia, Grecia y Portugal en la Unión Europea, hasta Argentina, Chile o Australia, con el riesgo de que, una vez perdido, sea muy difícil de recuperar.

En nuestro país, un invierno demasiado suave, sumado a una primavera que, salvo el mes de abril, fue bastante escasa en lluvias, y a un verano muy seco, con dos olas fuertes de calor, mermaron los rendimientos productivos de las uvas. Al contrario, tanto las heladas, como los pedriscos y otros fenómenos meteorológicos adversos, como la “gota fría” de los meses de agosto y septiembre, fueron muy puntuales y bastante localizados, mermando allí donde se produjeron gran parte de la cosecha.

La consecuencia principal fue que, aunque la cosecha de uva para vinificación se redujo considerablemente en volumen, pudiéndose calificar de media baja, la calidad de lo cosechado en la mayoría de las zonas fue muy buena, con una uva muy sana, debido a la ausencia casi total de enfermedades criptogámicas, producidas por los hongos y un exceso de humedad. La vendimia se fue desarrollando desde finales de agosto hasta la segunda quincena de octubre de forma muy escalonada y sin apenas incidencias con el tiempo.

De los casi 36,7 millones de hectolitros de vino y mosto, previstos por Cooperativas Agro-alimentarias, unos 1,5 millones menos que lo estimado por el MAPA, más de la mitad estará en Castilla-La Mancha, con alrededor de 18,6 millones de hectolitros. Este volumen es un 36% y casi 10,5 millones inferior a la cifra de la campaña anterior, que fue de cerca de 29,1 millones.

Cataluña obtendría un 9% del total nacional, con cerca de 3,3 millones de hectolitros, tras bajar solo un 2,7%; Extremadura, 3,1 millones, casi un 18% y cerca de 700.000 hl menos; Comunidad Valenciana, 2,5 millones, un 5,2% menos; Castilla y León (-16,6%) y La Rioja (-20%) sobre 2 millones, respectivamente; Andalucía, casi 1,1 millones (-17,4%); Aragón, 850.000 hl (-42%); Galicia (-19,1%) y Región de Murcia (-12,3%), 800.000 hl, respectivamente, etc.

Producción comunitaria

En la Unión Europea, las condiciones climáticas desfavorables –desde heladas, hasta sequía-, tuvieron un impacto significativo en la producción vitivinícola de 2019, que fue inferior a la media del último quinquenio. El volumen alcanzaría, según la Comisión Europea 160,9 millones de hectolitros, de los cuales algo más de 156 millones serían vino y los más de 4,8 millones restantes mosto-zumo de uva. Los últimos datos en los principales países productores de finales de octubre podrían recortar aún más esa producción por debajo de los 160 millones.

De la producción destinada a vinificación en la UE, más de un 66,6% del total corresponde a los vinos con Indicación Geográfica (IG) y de éstos, casi 75,1 millones serían vinos con Denominación de Origen Protegida (DOP) y 32,15 millones vinos con Indicación Geográfica Protegida (IGP). Además, otros 8,8 millones, vinos con variedad sin DOP/IGP y 40 millones otro tipo de vinos (generosos, de licor, aromatizados…).

El volumen de producción comunitaria de vino representa un 60% de la producción mundial y es aproximadamente un 15%  y cerca de 30 millones inferior a la producción de 2018, que alcanzó los 182,7 millones (189,13 millones con mosto-zumo de uva). Desde la campaña 2001/02, sería la tercera producción vitivinícola más baja, después de la 2017/18, que se quedó en 143,8 millones, y la de 2012/13, con 151,6 millones, estando también un 4,4% por debajo de la media del último quinquenio (2014/15 a 2018/19), de casi 168,4 millones.

Según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), las estimaciones preliminares para la producción de vino de este año son inferiores a la media en los principales países de la UE. En comparación con el volumen excepcionalmente alto de 2018, hay una disminución del 15% en Italia (46,6 millones de hectolitros); del 15% en Francia (41,9 millones) y del 24% en España (34,3 millones) por las condiciones climáticas inestables, entre las que destaca una primavera muy fría y lluviosa, seguida de un verano extremadamente cálido y seco.

Los tres principales países productores de la UE, que suponen el 80% del total comunitario, obtuvieron una producción media baja, inferior a su media quinquenal, mientras que otros países productores, como Alemania ( 9 millones de hectolitros, un 12% menos que en 2018); Austria (2,6 millones, -4%); Rumania (4,8 millones, -4%) y Hungría (3,2 millones, -6%), aunque también cuentan con una producción menor a la de la pasada campaña, mantienen niveles de producción iguales o por encima de su última media quinquenal.

La excepción entre los principales países productores de la UE es Portugal, con 6,7 millones de hectolitros en 2019, el único país comunitario con una producción de vino más elevada que en el año anterior, un 10% por encima y un 4% más que su media del último lustro.

Fuera de la UE, según la OIV, la producción aumenta en Rusia (6 millones de hectolitro, un 7% más) y Georgia (1,8 millones, un 1% más), y baja en Suiza (1,1 millones, un 6% menos).

Dentro del Hemisferio Norte, donde las vendimias se producen entre final de verano y principios de otoño, Estados Unidos, que representa alrededor del 12% de la producción total en esta mitad del globo, se estima de forma preliminar, obtendría 23,6 millones de hectolitros, un 1% menos que en 2018, aunque un nivel elevado por cuarto año consecutivo.

Hemisferio Sur

La vendimia de los países productores del Hemisferio Sur es a contra-estación de la del Norte y acabó en los meses iniciales de 2019, con un descenso sobre el año anterior, pero manteniendo su media quinquenal. La producción vitivinícola representa aproximadamente el 20% de la mundial, pero es muy competitiva en vinos varietales de calidad media respecto a la producción española, en países de destino consumidor, como Estados Unidos o China.

Sudamérica fue en 2019 la región del Hemisferio Sur que registró una mayor disminución en relación a la elevada producción de un año antes. En Argentina, la caída es del 10%, quedando en 13 millones de hectolitros, y en Chile, del 7%, quedándose en 11,9 millones. Por su parte, Brasil, que también es uno de los principales mercados de destino, sumaba dos años consecutivos con más de 3 millones de hectolitros, pero baja ligeramente hasta 2,9 millones en 2019, aún así un 10% que su media del último quinquenio.

Sudáfrica, donde la sequía tuvo un importante impacto en la cosecha, vuelve a bajar su producción por segunda campaña consecutiva, hasta 9,7 millones, siendo el único de los principales productores que acumula dos descensos seguidos.

Por último, en Oceanía, Australia registra una leve disminución del 3% en el volumen estimado de producción, quedando en 12,5 millones de hectolitros, aunque se mantiene en su media quinquenal, mientras que la pujante Nueva Zelanda la producción se mantiene por cuarto año consecutivo en una cifra cercana a los 3 millones, un 1% menos que en 2018.

Producción mundial

Según la información recopilada por la OIV de los 28 países productores, que representan el 85% de la producción mundial devino, la de 2019 se estima, excluyendo mostos y zumos de uva, entre 258,3 y 267,3 millones de hectolitros, con un promedio de 262,8 millones, lo que supone un 10% y 30 millones de hectolitros menos que en el año anterior. Un descenso significativo, pero que no se sale de los niveles medios del periodo 2007-2016, con la excepción del año 2013. Tras dos años consecutivos que la OIV define como “sumamente inestables”, tanto a la baja (2017, con 249 millones de hectolitros), como al alza (2018, con 294 millones), la producción en 2019 vuelve a sus niveles medios históricos.

Al sector vitivinícola español, que vende fuera más de un 60% de su producción total, sin duda le resulta muy beneficiosa la disminución de la oferta en el resto de los principales países productores, sobre todo de “clientes” como Francia, Italia o Alemania, así como de países productores competitivos, como Argentina, Chile o Sudáfrica.

Todo ello no significa que vaya a ser fácil para el sector gestionar la oferta de vino y mosto de la que dispone en 2019, puesto que a la misma se suma el importante stock acumulado de la campaña anterior (que también tienen otros países UE y terceros), pero al menos no será lo complicada que hubiese sido de haberse repetido por segunda campaña consecutiva unas producciones tan elevadas, como las de 2018.

Ahora mismo, las mayores incertidumbres para el sector vitivinícola español están en las consecuencias de las sanciones arancelarias de Trump, en sus efectos y duración, y en cierto enfriamiento económico a nivel mundial previsto para 2020. Ambos factores podrían retraer la demanda de vino. Por el contrario, la preocupación con la salida del Reino Unido (Brexit) del club comunitario ha disminuido, aunque no ha desaparecido, ni se ha disipado, porque todo dependerá también del resultado de las elecciones del próximo 12 de diciembre en ese país.

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