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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

3 DE enero DE 2022

Atención, ingresos adicionales para los agricultores

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

Se esperaba esta Comunicación de la Comisión Europea sobre “Ciclos de carbono sostenibles” que, por fin, fue presentada el pasado 15 de diciembre y en la cual la agricultura y la silvicultura ofrece soluciones para mejorar la captura o el “secuestro” de carbono en los suelos a través de una serie de prácticas, muchas de ellas ya se están llevando a cabo, como la reforestación, la agrosilvicultura, la conversión de tierras en barbechos o en pastos permanentes, cultivos intermedios…etcétera.

Y se esperaba porque todas ellas podrán contar en principio con apoyo en el marco de la PAC, como establece el plan estratégico nacional en la denominada agricultura del carbono a través de los eco-esquemas o eco-regímenes a partir de 2023. Pero, sobre todo, a más largo plazo, también en un futuro mercado para la captación de carbono, que puede resultar una fuente adicional de ingresos para nuestros agricultores y ganaderos.

El secuestro de carbono en los suelos agrícolas es el dispositivo que debería permitir a la agricultura europea sacar partido de su innegable capacidad de almacenar carbono. En su Comunicación, la CE propone una serie de ideas para fomentar mucho más el papel de absorción o captación de CO2 que son capaces de llevar a cabo los agricultores, ganaderos y silvicultores, con ejemplos eficaces de prácticas mejoradas de gestión de la tierra que dan lugar a un aumento de la captación de carbono.

En concreto, prevé un nuevo modelo de negocio ecológico, que recompensa las prácticas de gestión de la tierra que permitan aumentar el secuestro de carbono en la biomasa viva, los suelos y/o la materia orgánica muerta, mejorando la captura o reduciendo su liberación a la atmósfera en la materia orgánica muerta.

Dicha comunicación identifica los retos a los que se enfrentarán los agricultores cuando apliquen las prácticas de la agricultura del carbono, las cargas financieras (incluida la incertidumbre sobre ingresos y costes iniciales de aplicación); la insuficiencia de servicios de asesoramiento adaptados y de acceso al conocimiento, así como los obstáculos reglamentarios y la enorme complejidad y los costes para llevar a cabo un seguimiento sólido y un sistema de verificación de tales prácticas.

Los ayudas previstas en la PAC, aunque necesarias, no parecen suficientes para impulsar más el almacenamiento de carbono en los suelos agrícolas y es la propia Comisión quien lo constata al indicar que “es necesario establecer y fomentar un sistema que recompense a agricultores y silvicultores, como gestores de tierras, por el secuestro de cantidades adicionales de carbono,” que se dejan de emitir a la atmósfera, evitando así el calentamiento global y contribuyendo a reducir en alguna medida el cambio climático.

Además de la PAC, en este sistema podrían participar el programa LIFE para el medio ambiente o la misión de investigación “Un pacto para unos suelos sanos en Europa”.

El problema que existe ahora es que es difícil evaluar el alcance real y mensurable de la captación de carbono por el sector agroforestal. El esfuerzo financiero que se requiere para poner en marcha nuevas prácticas de gestión y la falta de sistemas sólidos de seguimiento, declaración y verificación limitan en este momento en la UE el recurso al almacenamiento de carbono en los suelos agrícolas

Certificar absorciones de CO2

Por ello, la Comisión Europea se cita hasta finales de 2022 (previamente habrá una consulta pública en enero), en una segunda fase sobre los ciclos de carbono sostenibles, para presentar un marco reglamentario con el que se puedan certificar las absorciones de carbono, en base a exigencias y normas de contabilidad que sean sólidas y transparentes. De hecho, la CE considera que el futuro instrumento de certificación de las absorciones de CO2  será la pieza clave para impulsar este cometido.

En este sentido, Bruselas quiere ir hacia una estandarización científica de los métodos y normas de seguimiento, los protocolos de declaración y los instrumentos de verificación para poder contar con un marco de certificación que sea claro y confiable para permitir el desarrollo de los mercados voluntarios de carbono.

Solo una vez que se pusiera en marcha este dispositivo, los gestores de tierras, en su más amplio sentido (no tienen por qué ser solo agricultores, ganaderos o silvicultores) podrían obtener pagos generados por la venta de créditos de carbono en los mercados voluntarios de carbono a empresas que quieran compensar sus emisiones contaminantes a la atmósfera.

En un cálculo teórico aproximado, la Comisión confía con este dispositivo reglamentario almacenar unos 42 millones de toneladas de CO2 equivalente de absorciones netas en el sector de uso de las tierras de la UE (LULUCF).

Ante las muchas dudas que persisten sobre cómo establecer estos créditos de carbono y la complejidad de las medidas a poner en marcha tanto entre los futuribles compradores, como en los propios gestores de tierras, la CE pondrá en marcha un grupo de expertos en agricultura del carbono, en el que las autoridades y las partes interesadas de los Estados miembros puedan intercambiar experiencias, tendentes a considerar las mejores prácticas referidas a la mejora de la calidad de los créditos de carbono agrícolas y a los métodos empleados para conseguirlo.

Mucho trabajo por delante

Queda, por tanto aún, muchas incertidumbres y mucho trabajo por delante. Las organizaciones agrarias consideran que se trata de una buena oportunidad para que agricultores, ganaderos o silvicultores puedan lograr capitalizar su actividad en beneficio del clima y el medio y ambiente, y lograr unos ingresos adicionales, siempre y cuando se dé prioridad a un enfoque basado en el mercado voluntario de compraventa de derechos de emisión, a pesar de las dificultades para fijar los precios de la agricultura del carbono en base a resultados por la volatilidad climática del propio sector.

Cuestiones relativas al calendario de pagos y al lugar de comercialización de los créditos de carbono también deberían abordarse y deberían establecerse medidas para evitar solo la compensación por parte de las empresas o del sector industrial, que podrían adquirir estos créditos, en vez de un paquete combinado que incluya sus propios esfuerzos para reducir sus emisiones.

Para la presidenta del COPA, Christiane Lambert, “el sector agrícola ha realizado ya esfuerzos e inversiones en favor de las prácticas agrícolas que preceden a las que cita la Comunicación de la Comisión. Estos esfuerzos deben ser reconocidos para promover las inversiones futuras. Es importante dar flexibilidad en la financiación y promover métodos, en los cuales los agricultores participen activamente".

Por su parte, el presidente de la Cogeca, Ramón Armengol, subrayó que “la agricultura del carbono es sólo una parte de la solución al cambio climático, pero no debe sustituir las acciones para reducir las emisiones.”

Al respecto, indicó también que “es necesario aclarar la contribución global de la agricultura y la silvicultura a la lucha contra el cambio climático, garantizando que las diferentes exigencias y objetivos de sus políticas, estrategias, iniciativas y propuestas en el marco del Pacto Verde Europeo sean coherentes y no supongan una amenaza para la seguridad alimentaria y la viabilidad de la agricultura y la silvicultura.”              

Preguntas sin respuesta                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

Por el momento, muchas preguntas siguen sin respuesta, como reconoce la propia Comisión Europea, por lo que es de esperar aún nuevas aclaraciones, que contribuyan a facilitar mejoras adicionales en las prácticas de agricultura de carbono por parte de los agricultores y las cooperativas agrícolas. Es el caso del uso de abonos orgánicos, que no se han incluido en la Comunicación, lamentan desde el COPA-Cogeca, a pesar de tratarse de una práctica muy beneficiosa en términos de captura de carbono, de protección de la biodiversidad, del agua y del suelo.

Más críticas se muestran las organizaciones medioambientalistas, para las cuales la Comisión Europea incurre en un enorme error en sus intenciones, como es la posibilidad de que este tipo de agricultura pueda vender el carbono absorbido a una empresa para que ésta no tenga que reducir sus emisiones o pagar un precio por ello.

Además, la WWF subraya que las absorciones de carbono en el suelo, a diferencia de las emisiones de combustibles fósiles, son muy difíciles de cuantificar y también son potencialmente reversibles, como sucede, por ejemplo, en caso de un incendio forestal que libera carbono a la atmósfera.

Para el Fondo Mundial de la Naturaleza, la Comisión debería concentrarse en establecer una financiación pública que ayude a los agricultores y silvicultores a adoptar medidas a favor del clima, sin dejar que quienes contaminan se salgan con la suya.

Algo a lo que también se refiere la Coordinadora Europea Vía Campesina, al lamentarse que la CE obvie en su Comunicación la necesidad de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de la agricultura industrial y expresar su temor a que la denominada “agricultura del carbono” abra el camino a una financiación sin precedentes de la agricultura, en la que las rentas agrarias dependan de un mercado especulativo del carbono.”

Queda bastante claro, como se ha dicho tantas veces, que los agricultores, ganaderos y silvicultores deberían ser compensados por su actividad, más allá de las ayudas que establece la PAC, por lo que contribuyen, mediante sus prácticas de absorción o eliminación, a reducir las emisiones de GEI a la atmósfera.

Sin embargo, hay un largo trecho por recorrer para ver cómo y de qué manera puede establecerse esa compensación, así como los riesgos que conlleva hacerlo de una u otra forma. El método basado en la compraventa voluntaria de derechos de carbono en el mercado puede ser una solución, pero si se establecen las pertinentes salvaguardias para evitar caer en prácticas especulativas y para que sectores que contaminan se “aprovechen” del sector agro-forestal para descontar o reducir contablemente sus emisiones reales de GEI a la atmósfera, y solo por el hecho de que pueden adquirir pagando su precio en un mercado fluctuante de derechos de emisión.

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