Comenzar la búsqueda
 

buscar

Búsqueda en los contenidos de la web
El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

20 DE mayo DE 2022

Crisis mundial de precios, no de suministro de alimentos básicos

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

Los precios de la energía y de los alimentos se mantendrán en niveles “históricamente altos” hasta final de 2024, debido a las perturbaciones provocadas por la guerra en Ucrania. Esta es, quizás, la principal conclusión, del informe “Perspectivas de los mercados de productos básicos” (“Commodity Markets Outlook”), publicado hace poco por el Banco Mundial (BM) y que cobra mayor relevancia en estos tiempos convulsos que estamos viviendo.

Según este análisis, los precios de la energía, que afectan a toda la actividad económica, se incrementarán en más del 50% en 2022, antes de moderarse el próximo 2023 y en 2024, en tanto que los precios de los productos energéticos, incluidos los agrícolas y los metales, aumentarán casi un 20% durante el presente año, e incluso podrían subir más si la guerra se prolonga, algo factible en las actuales circunstancias, o si Rusia recibe por parte de Occidente más sanciones por su invasión en Ucrania.

Ya se sabe que las predicciones se confirman o se desmienten cuando se confrontan con la realidad. Y no es la primera, ni será la última, en que las perspectivas de este tipo, más en tiempos de gran volatilidad y de incertidumbres, se quedan luego en nada o casi nada, tanto si pecan por exceso como si se quedan demasiado cortas.

Para Indermit Gill, vicepresidente de Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones del BM, “si se toma todo en conjunto, todo esto representa la mayor crisis de productos básicos que hemos experimentado desde la década de 1970”, aunque también es cierto que la situación de dependencia energética y las relaciones comerciales entre países no son ni mucho menos las de entonces. De ahí que, a pesar de la elevada inflación desatada a nivel mundial, esta situación no se haya trasladado con toda su crudeza a los mercados físicos y financieros y, por supuesto tampoco en general a la economía de las personas, lo que no quiere decir que no haya muchas, las más vulnerables, que estén sufriendo de sus efectos adversos.

El informe del BM anticipa que la conmoción por la guerra hará subir el precio promedio del crudo Brent a 100 dólares el barril en 2022 (donde ahora está instalado, con subidas o bajadas sobre ese nivel), el más alto desde 2013 y superior un 40% el del pasado año.

Esta institución, no obstante, estima que el precio rondará los 92 dólares barril en 2023, aunque está por ver en qué queda el intento de Occidente de prohibir las importaciones de petróleo ruso, porque no existe unanimidad al respecto.

En cuanto a las materias primas básicas alimentarias, el BM espera que los precios del trigo suban más del 40% y los metales el 16% este año.

"El aumento consiguiente de los precios de los alimentos y de la energía está generando un alto coste humano y económico y, probablemente, frenará los avances en la reducción de la pobreza en el mundo (de hecho, ya la está frenando…) y exacerbará las presiones inflacionistas, ya elevadas  en todo el mundo”, según declaró Ayhan Kose, director del Grupo de Perspectivas del BM y elaborador también del informe.

Ante esta situación, el Banco Mundial se decanta más por aplicar políticas públicas que traten de minimizar los efectos de este fuerte incremento de precios de las materias primas y productos básicos, mediante el diseño de programas de protección social, focalizados en los colectivos más vulnerables, así como en transferencias monetarias y en el desarrollo de obras públicas, en vez de establecer subsidios a los alimentos y a los combustibles.

Según recientes declaraciones a la BBC del presidente del Banco Mundial, David Malpass, el incremento de los precios de los alimentos se “magnifica para las personas que carecen de suficiente recursos pues, además de comer menos, tendrán menos dinero para cualquier otra cosa, como la educación”. Se trata, advirtió de “una crisis dentro de una crisis, que surge ante la incapacidad de los países en desarrollo para pagar sus grandes deudas de la pandemia, en medio del aumento de los precios de los alimentos y la energía.”

Inseguridad alimentaria

Antes incluso de la guerra en Ucrania, la inseguridad alimentaria en todo el mundo iba en aumento. Ucrania y Rusia representan el 29% de las exportaciones mundiales de trigo y el 62% del aceite de girasol, siendo probable que la invasión exacerbe la inflación de los precios de los alimentos, principalmente en los mercados emergentes y en las economías en desarrollo, afectando sobre todo a los países más pobres y vulnerables, apunta el BM.

Los productos básicos más afectados por el conflicto son principalmente el trigo, en cierta medida el maíz, los aceites comestibles y, de manera muy importante, los fertilizantes. El trigo sería, en realidad el principal producto afectado por la guerra, porque para el aceite de girasol existen más alternativas (soja, colza, palma, oliva, grasas animales…etc.).

Rusia es el mayor exportador de trigo, representando alrededor del 18-20% del comercio mundial de este grano, mientras que Ucrania representa otro 10%.  Aunque, con mayores o menores problemas, cuenta con oferta suficiente y sigue exportando a países terceros, mientras que, para las exportaciones ucranianas, paralizadas desde los puertos del Mar Negro, se buscan salidas (como exportar a través de Rumania) que palien mínimamente la situación.

Estos países, aunque son dos de los principales actores del comercio mundial de este cereal básico, no están entre los principales productores, ya que India y China les superan. Para alrededor del 35% de la población mundial, el trigo es el principal producto básico en su dieta, por lo que el impacto es muy importante, como lo demuestra la fuerte subida de sus precios (un 50% más que en febrero y casi un 80% más que hace un año).

Los precios del maíz también se han incrementado entre un 25-30%, tras la invasión, y de alrededor de un 40% desde hace un año, mientras que el arroz, del que se espera un récord mundial de producción, no se ve afectados por el momento, lo que ya de por sí hace bastante diferente la situación a la de hace 14 o 15 años, durante la última crisis de los alimentos.

A pesar de estas dificultades, los niveles de existencias de trigo no son malos, según apunta el BM, por lo que no se debería tener la sensación de que existe una escasez mundial de trigo y, con los altos precios actuales, se espera que se siembre más en primavera para compensar el déficit del comercio mundial si las exportaciones siguen bloqueadas por el conflicto bélico en Ucrania y Rusia.

Para esta institución, “no estamos realmente ante un problema de suministro global; el problema es que los países que estaban acostumbrados a importar de esos dos países ahora tienen que ajustarse, lo que no será fácil y también más costoso.”

Los países con una alta proporción de importaciones de trigo, procedentes de Ucrania y Rusia, son los que se enfrentan al riesgo inmediato más elevado, especialmente aquellos que aún esperaban embarques para la segunda mitad del año, como Egipto (6,6 millones de toneladas), primer importador mundial de este grano; Turquía (4 millones), Bangladesh (casi 4 millones), Irán (1,7 millones), y también Líbano, Túnez, Yemen, Libia y Pakistán. Es decir, los países de la región de Oriente Medio y Norte de África.

Otro impacto de la guerra es el mayor coste de los fertilizantes, algo importante porque podría traducirse en problemas de producción en todos los cultivos para la próxima campaña si los rendimientos se desploman, porque los agricultores no pueden comprar -o no lo suficiente- o no pueden incluso acceder a este insumo.

Rusia y Bielorrusia representan en conjunto el 20% de las exportaciones mundiales de fertilizantes y los precios de los mismos ya eran muy altos antes de la guerra en Ucrania (se habían ya triplicado en 2021), debido a los elevados precios del petróleo y de la urea (para cuya fabricación es necesario el gas natural).   

Respuestas a la crisis de precios

Para el BM, gestionar la volatilidad de los precios de los alimentos y salir de esta nueva crisis depende de las políticas nacionales y de la cooperación mundial, porque no es la primera vez, desafortunadamente, que el mundo se enfrente a una crisis alimentaria. La de 2007/08 tuvo su origen en la sequía y en el aumento de los precios del petróleo, cuando los grandes países productores, preocupados por el abastecimiento interno de alimentos, restringieron las exportaciones, lo cual agravó los aumentos de los precios y empeoró la situación nutricional de los países más vulnerables.

Algo que no sucedió con la pandemia de Covid-19, cuando los países continuaron vendiendo productos alimenticios, a pesar de los confinamientos que afectaron a los puertos, al transporte de carga y la movilidad de los trabajadores. El comportamiento colectivo y cooperativo ayudó a limitar las interrupciones en las cadenas mundiales de suministro de alimentos y evitó que la situación empeorara en beneficio de todos los países.

Entre las vías para responder a la actual crisis de precios de los alimentos, el BM contempla, en primer lugar, mantener el flujo comercial de productos alimentarios y abiertos los mercados agrícolas y alimentarios, evitando toda restricción injustificada a sus exportaciones.

En segundo lugar, apoyar a los consumidores y a los hogares más vulnerables, siendo imprescindible mantener o ampliar los programas de protección social. No solo se trata de que los alimentos estén disponibles, sino de que su acceso sea asequible, especialmente para los países de bajos-medianos ingresos, donde la gente tiende a gastar una mayor proporción de sus ingresos en alimentos que en los países de ingresos altos.

En tercer lugar, se trata de apoyar a los agricultores, puesto que, si bien las existencias mundiales de alimentos son adecuadas en la actualidad, se deben proteger las cosechas de la próxima temporada, ayudando a los productores frente al considerable aumento de los insumos (fertilizantes, energía, piensos, combustibles…), con medidas como eliminando los obstáculos al comercio de insumos, poniendo mayor énfasis en el uso eficiente de abonos, así como reorientando las políticas y el gasto públicos para dar un mayor apoyo a este colectivo y, a medio plazo, invirtiendo más en I+D+i en el sector; por ejemplo, mediante aplicación de biofertilizantes, menos dependientes de los combustibles fósiles que los fertilizantes sintéticos, lo que aumentaría las alternativas sostenibles para los agricultores.

Por último, en cuarto lugar, se debería trabajar para transformar los sistemas alimentarios, aun cuando ahora toque responder a las necesidades más inmediatas, de modo que los mismos sean más resilientes, además de lograr una seguridad alimentaria y nutricional que perdure en el tiempo. Para el BM, transformados los sistemas alimentarios pueden convertirse en la piedra angular del desarrollo “verde”, resiliente e inclusivo, y promover la salud de las personas, las economías y el Planeta.”

Qcom.es no se responsabiliza ni se identifica necesariamente con las opiniones expresadas por sus colaboradores, limitándose a convertirse en canal transmisor de las mismas