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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

2 DE marzo DE 2020

El reto de la UE, digitalización y ciberseguridad

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

La Comisión Europea hizo público el pasado 19 de febrero su “Estrategia Europea de Datos” y el Libro Blanco sobre la inteligencia artificial, que son los dos pilares de la nueva estrategia digital en la que se trabajará durante los cinco próximos años para promover soluciones tecnológicas, que ayuden a Europa a seguir avanzando, entre muchos otros, en uno de sus grandes objetivos: alcanzar la neutralidad climática en 2050, a través del Pacto Verde (Green Deal), un programa con el que se pretende movilizar un billón de euros de fondos públicos y privados a lo largo de la próxima década para paliar el calentamiento global e impulsar la transición ecológica y energética europea.

En su gran apuesta por la digitalización, la Comisión priorizará en nueve sectores estratégicos, donde se considera que el uso de datos tendrá un impacto sistémico, pero también en los ciudadanos. Y la agricultura figura como una de esas nueve áreas económicas estratégicas para avanzar en sostenibilidad y competitividad, junto a las de manufactura (aquí entraría todo el sector agroalimentario), el clima (tan ligado a los cultivos), el transporte (identificado igualmente con la logística de la cadena de suministro de alimentos a la población), la salud (asociada también con la seguridad y sanidad alimentaria), la energía (renovables y todo lo relacionado con la descarbonización), la contratación pública y las habilidades curriculares.

Pero, ¿cuál es el objetivo de la Estrategia de Datos? Pues bien, además de recuperar el enorme retraso, sobre todo en datos personales, con respecto a competidores de EE.UU. y China, se trata “crear un verdadero mercado único de datos, acorde con el poder económico de la UE, en el que los datos personales y no personales, incluidos los datos confidenciales y sensibles, sean seguros, y en el que las empresas y el sector público tengan fácil acceso a enormes cantidades de datos de alta calidad para crear e innovar. Será un espacio en el que todos los productos y servicios basados en los datos respeten plenamente las normas y los valores de la Unión Europea, lo que garantizará la soberanía tecnológica de Europa en un mundo globalizado, permitiendo liberar el enorme potencial de las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial (IA).”

Hay que tener en cuenta que los datos son la base de diferentes oleadas de innovación. El modo en que la UE organice el acceso y la reutilización de los mismos determinará su futura capacidad de innovación. Y por ello quiere contar con un sólido marco jurídico en materia de protección de datos, derechos fundamentales, seguridad, ciberseguridad; su mercado interior, y un amplio grado de interconexión en los servicios públicos.

En esta estrategia, como no podía ser menos, las tecnologías digitales son un factor clave para que el Pacto Verde Europeo tenga éxito. Hay multitud de ejemplos que así lo pueden corroborar, como poder aumentar la eficiencia energética detectando cuándo y dónde la electricidad resulta más necesaria; ayudarnos a ahorrar el equivalente a seis millones de toneladas de petróleo, mediante el uso de la calefacción inteligente; que los agricultores puedan utilizar menos plaguicidas y fertilizantes en sus cultivos, menos combustible y menos agua, gracias a los datos, al 5G y a la inteligencia artificial (IA), etcétera.

En este último punto se prevé que los agricultores puedan producir más alimentos con menos costes, es decir, que sean más competitivos. Los análisis de datos relativos a las cosechas, las simientes y el uso de fertilizantes pueden hacer que la agricultura sea más eficiente, lo que se denomina la “agricultura de precisión”.

Los agricultores podrían ganar 225 € más por hectárea, se atreve a aventurar la Comisión Europea. Por ejemplo, añade, el proyecto Data Driven Economy, financiado por la Unión Europea, reduce en un 30% los costes de fumigación e irrigación y, por otro lado, ya está en marcha y en proceso de mejora la simplificación y el seguimiento de la aplicación de la PAC, a través de la monitorización de las superficies agrícolas por satélite.

Espacio común de datos

En esta Estrategia de Datos se indica que “la creación de un espacio común de datos agrícolas, basado en los enfoques existentes en materia de intercambio de datos, podría conducir a una plataforma neutra de intercambio y puesta en común de los datos agrícolas, incluidos los privados y los públicos”.

Teniendo como base de actuación el “Código de conducta para el intercambio de datos agrícolas por acuerdo contractual”, elaborado ya en 2018, la Comisión Europea busca impulsar un nuevo sistema que se centre en los datos y en el que existan relaciones contractuales igualitarias o, al menos, equitativas y equilibradas entre los diferentes agentes, así como reforzar la capacidad de seguimiento y aplicación de las políticas comunes, como la PAC, reduciendo la carga administrativa para los gobiernos y para los propios beneficiarios.

El pasado año, los Estados miembros estamparon su firma en un mandato de cooperación denominado “Un futuro digital inteligente y sostenible para la agricultura y las zonas rurales europeas”, cuyo fin es, por una parte, reconocer el potencial de las TIC en esos ámbitos de actuación y, por otra, apoyar la creación de espacios de datos.

La intención de la CE no se para ahí y persigue también acabar con los obstáculos jurídicos y técnicos para compartir e intercambiar datos entre las distintas organizaciones. Esto iría acompañado de los instrumentos y las infraestructuras necesarias para contribuir a instaurar la confianza y el consentimiento entre esas mismas organizaciones.

Bruselas tiene previsto invertir en un proyecto que tenga un fuerte impacto en los espacios de datos europeos y en las infraestructuras federadas en la nube. La UE podría destinar entre 4.000 y 6.000 millones de euros a financiar las infraestructuras y los instrumentos de intercambio de datos, arquitecturas y mecanismos de gobernanza para un intercambio de datos y de ecosistemas de IA florecientes.

En el calendario previsto para la creación del espacio único europeo de datos, en una primera etapa la CE analizará, con los Estados miembros y las partes interesadas, la situación actual durante el segundo semestre de 2020 para poner en común la experiencia adquirida con la aplicación del Código de Conducta sobre el intercambio de datos agrícolas por acuerdo contractual, en base a lo existente en este ámbito tanto en el mercado actual de soluciones digitales para las explotaciones agrarias, como en sus experiencias y exigencias en términos de disponibilidad y de uso de datos.

En una segunda etapa, para finales de 2020 o principios de 2021, la CE quiere plasmar en un inventario los espacios de datos agrícolas utilizados actualmente, incluyendo en los mismos los que han sido o vienen siendo financiados en el marco del Programa Horizonte 2020, añadiendo las partes implicadas y los Estados miembros.

Finalmente, en una tercera etapa, la Comisión Europea establecería un enfoque común a nivel comunitario de datos agrícolas.

Proteger derechos

Aunque nadie parece oponerse a ese espacio común de datos y a dar prioridad a los datos abiertos y públicos, sí que existe preocupación por que no haya un marco jurídico “ad hoc” que, a la vez, proteja realmente los derechos de los agricultores sobre sus datos, frente a los riesgos del control en el uso de los mismos para su propio beneficio por parte de las grandes empresas agroalimentarias y multinacionales de la venta de insumos o medios de producción agrícolas.

En este ámbito quedaría todavía mucho por hacer y desde las organizaciones agrarias se quiere alcanzar consensos para regular mediante acuerdos contractuales las bases de datos agrícolas y limitar el control que sobre las mismas puedan pretender las grandes empresas del sector agroalimentario, de insumos o las propias sociedades tecnológicas sobre la agricultura digital.

La Unión Europea se debería implicar en proponer, elaborar y aplicar normas estrictas de seguimiento y control que garanticen plenamente los derechos jurídicos y económicos que los agricultores tienen sobre los datos que generan con el desarrollo de su propia actividad, de manera similar a la legislación ya existente en materia de protección de los datos de carácter personal y a nivel global.

Este ámbito de actuación no debería obviarse sin más por parte de las autoridades europeas y de los Estados miembros de la UE y debería implementarse de forma paralela a la creación del espacio común europeo de datos agrícolas. De eso deben ser conscientes las propias organizaciones agrarias y cooperativas, que defienden los derechos y los intereses de sus agricultores y ganaderos. Pero, sobre este temor y preocupación, existe materia suficiente para ser abordada en un próximo artículo.

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