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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

29 DE junio DE 2021

Enjaulados

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

El Parlamento Europeo acaba de dictar una resolución sobre la iniciativa ciudadana “End the Cage Age”, algo así como “el final de la época de las jaulas” por una amplia mayoría de 558 votos a favor, 37 en contra y 85 abstenciones.

Este apoyo era de prever en una Eurocámara que se ha convertido, en cuestiones sobre bienestar animal y otras similares en una especie de “Arca de Noé”, salvando a toda la fauna del diluvio universal y dejando a los “despiadados” ganaderos que se ahoguen en medio de las aguas turbulentas, y que allá se las compongan.

El asunto es que no hay soluciones simples (o simplistas) para problemas complejos. En su resolución, el PE solicita a la Comisión que desarrolle instrumentos legislativos para acabar progresivamente con la utilización de jaulas en el sector ganadero de aquí a 2027, ofreciendo un periodo de transición adecuado y sobre la base de una evaluación de impacto con criterios científicos (algo es algo, pero no dice que también sea con criterios económicos o sociales, que debería).

El Pleno dice también que los Estados miembros están aplicando con éxito alternativas a los sistemas de cría en jaula y anima a desarrollarlas, mejorarlas e impulsarlas a nivel nacional, pero hace hincapié en que, para asegurar las mismas condiciones a todos los productores europeos, hace falta una legislación a nivel comunitario.

No. Aquí ya tenemos el primer problema, señores eurodiputados. “Para asegurar las mismas condiciones a todos los productores europeos”…no; se debería decir, “para asegurar las mismas condiciones a todos los productores del mundo mundial”, porque si no, ¿de qué estamos hablando? ¿De que los productores europeos tengan que cumplir unas condiciones y los de países terceros, que venden también sus productos al mercado europeo, no lo tengan que hacer?; ¿de si vamos a poder evitar que vengan al mercado UE productos o animales que no cumplan con las exigencias de no estar enjaulados?; ¿de si vamos a convencer al resto del mundo para que se avengan a cumplir con las normas comunitarias? ¿sobre si vamos a ser capaces de modificar los tratados comerciales para incluir este tipo de cláusulas de salvaguardia?, etc.

La Eurocámara suaviza su resolución, al contemplar también que se lleve en este asunto un enfoque especie por especie animal, señalando que la eliminación gradual de las jaulas debe basarse en un enfoque por especies que tengan en cuenta y evalúe las características década animal distinto (no son lo mismo gallinas que conejos) que debe disponer de sistemas de cría adaptados a sus necesidades específicas.

Además, añade, “antes de adoptar cambios legislativos, los granjeros y criadores deben contar con un periodo transitorio lo suficientemente largo y con el apoyo necesario, que pude incluir servicios de asesoramiento y formación e incentivos financieros, para evitar la pérdida de competitividad y el traslado de la producción a países fuera de la UE, menos ambiciosos en materia de bienestar animal.”

¿Quién paga la fiesta?

Segundo problema. ¿Quién paga esta fiesta, a la que todos parecen estar invitados, y hasta cuándo? ¿Sus señorías europarlamentarias?; ¿el consumidor, al que no importará pagar mucho más cuando vaya a la compra?; ¿la distribución grande o pequeña o la industria cárnica grande o pequeña, que están dispuestas a tener márgenes negativos para poder vender, como hasta ahora, estos productos? Porque todo esto, no seamos ilusos, aunque fuese gradual, tiene un coste y, además, un coste que puede ser tan importante como para que muchos granjeros o ganaderos se lo piensen antes de continuar con una actividad, que ya tiene un margen muy ajustado y que ve imposible trasladar a los precios de venta de sus productos.

En cuanto a lo de evitar la pérdida de competitividad y el traslado de la producción a países fuera de la UE, menos ambiciosos en materia de bienestar animal, es algo bastante evidente. Si los consumidores comunitarios no tienen suficiente oferta, de calidad contrastada y a precios asequibles, ya se encargarán los grandes operadores del comercio internacional de traérsela de países terceros, buscando los subterfugios que sean necesarios para evitar que no puedan entrar en el valorado mercado europeo.

Es habitual que los ciudadanos, es decir, los consumidores digan una cosa y luego piensen y, sobre todo, hagan otra. Porque a todo el mundo le gustaría que los animales, que luego se sacrifican para servirnos de alimento, vivieran en plena Naturaleza y que, en vez de criarlos, como mucho se les pudiera cazar (“¡vamos a cazar una gallina para que ponga huevos y cuando los ponga, nos la comemos!”). Esto es una broma del todo inviable en la sociedad en la que vivimos, salvo para algunas tribus aún no descubiertas del Amazonas. ¿Está dispuesto el mercado, es decir los consumidores de buenas intenciones, a pagar lo que costaría de más criar a todos los animales, y lo que producen, libres de jaulas? Pues, sinceramente, creemos que no.

El texto del Parlamento apuesta por una política alimentaria más exhaustiva, que respalde la transición hacia un sistema alimentario más sostenible, pero también para evitar que las pequeñas y medianas explotaciones abandonen la producción de ganado y prevenir una mayor concentración en explotaciones grandes.

Tercer problema. Está bien esa apuesta por una política alimentaria en transición hacia un sistema alimentario más sostenible. Pero, sostenible ¿para quién? ¿Para los ciudadanos o consumidores, para los animales, para los ganaderos…? Para estos últimos, seguro que no. Porque una sostenibilidad que esté solo basada en el bienestar de los animales, pero no en el de los que los crían o los producen, es decir, por su sostenibilidad social y económica, está abocada al fracaso más rotundo. Al menos, sería necesario un mayor equilibrio entre la sostenibilidad que se pide para unos y que se exige para otros.

En su cesta de peticiones, la Eurocámara pide también a la Comisión Europea que reevalúe o revise los acuerdos comerciales vigentes con terceros países para garantizar que cumplen las mismas normas en materia de bienestar animal y calidad de los productos.

Señala que “una política comercial, que garantice la igualdad de condiciones, constituye una condición necesaria para unas normas europeas más elevadas”. La Comisión y los Estados miembros deben por eso efectuar controles eficaces y controles aduaneros para asegurar que los productos animales importados respetan las exigencias vigentes de la UE y que todos ellos cumplan la normativa comunitaria pertinente, incluido el uso de sistemas de cría sin jaulas.

Revisar la política comercial

Cuarto problema. ¿Es posible una política comercial que garantice esa igualdad de condiciones? Es deseable, pero posible… ¿cuándo la CE ha logrado revisar un tratado comercial para incluir sus propias exigencias sobre bienestar animal a la otra parte contratante? ¿Cuándo los intereses políticos o geoestratégicos no han prevalecido sobre los económicos? ¿Qué medios humanos y económicos va a disponer la UE para efectuar controles aduaneros más eficaces que aseguren ese respeto a las normas comunitarias más exigentes?

Ahí tenemos el ejemplo reciente del tomate marroquí. Reino Unido sale de la Unión y no se resta o se ajusta del contingente comunitario de importación el porcentaje que representaba ese país, como sí se ha hecho con otros productos, perjudicando al tomate de Almería o Canarias. ¿Por qué? Pues, claramente porque Marruecos juega un papel estratégico clave en la contención de la emigración a las puertas de Europa y del radicalismo islamita.

Otro ejemplo, ¿por qué se permite -y no se intente arreglar- que Rusia siga prohibiendo desde hace varios años la exportación de frutas y hortalizas y carnes de la UE a su mercado por el contencioso de la anexión de la península de Crimea, y no se haga lo propio con su equivalente en exportaciones de cereal o de gas a la UE, más cuando el sector agroalimentario europeo es ajeno a ese conflicto? ¿Se le ha compensado a nuestro sector por ello? ¿Por qué, a cambio, la UE da un trato preferencial al comercio con Ucrania para reducir el perjuicio de sus ventas con Rusia, sin que se le exijan las mismas condiciones que a los productores europeos? ¿Por qué la UE sigue permitiendo el aumento arancelario que hace imposible la exportación de aceituna negra a Estados Unidos, tras la marcha de Trump?

Estos ejemplos -y hay muchos más- hacen más que pensar que la UE no va a actuar para imponer las mismas exigencias, ni siquiera similares o equivalentes- de bienestar animal a los productos animales (la importación de animales vivos está prácticamente prohibida o muy limitada), carnes, huevos o lácteos, que vengan desde terceros países hasta el mercado comunitario, porque eso sería como una barrera imposible de saltar para el comercio extra-UE, con el riesgo que supondría también para el comercio de la UE con esos países terceros.

Sanidad y seguridad alimentaria

Otro aspecto, quinto problema, que no conviene olvidar y que habría que analizar es si los consumidores tendrían las mismas garantías de seguridad sanitaria con los alimentos (carnes, huevos y leche…) procedentes de animales criados al aire libre, frente a los criados en jaulas, y si enfermedades, como la salmonella, la mixomatosis u otras no camparían a sus anchas y serían más difíciles de controlar. Lo veremos.

En suma, señores eurodiputados, vayamos por partes, analicemos con calma todos los pros y los contras, hagamos posible lo que pueda hacerse posible y llevarse a cabo, y si es cada vez más en el camino hacia la sostenibilidad de todo y todos, de la seguridad y la soberanía alimentaria europeas, pues mucho mejor. Pero desechemos planteamientos de ese “mundo feliz”, tan ajeno a la cruda y dura realidad en la que vivimos.

La iniciativa ciudadana europea “End the Cage” fue registrada el 5 de septiembre de 2018 ante la Comisión Europea, tras lograr 1,4 millones de firmas de ciudadanos de los Estados miembros, logrando superar el umbral mínimo exigido en 18 de ellos. Los eurodiputados tuvieron oportunidad de discutirla con sus promotores, los comisarios y los representantes de otros organismos de la Unión Europea durante una audiencia pública que tuvo lugar el pasado 15 de abril.

El resultado final es esta resolución europarlamentaria que, de alguna manera, tendrá que ser atendida por la Comisión Europea, seguramente en el marco del Pacto Verde Europeo y de las estrategias “De la granja a la mesa” y “Biodiversidad 2030”, con vistas también a incorporar algunos de sus aspectos a la legislación europea sobre bienestar animal, en plena fase de revisión.

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