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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

8 DE julio DE 2024

India, el objetivo de los próximos años

Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez

Por si quedasen dudas, las economías de los países emergentes cobrarán un mayor protagonismo en la evolución y el desarrollo de los mercados agrícolas y alimentarios en la próxima década (2024-2033), según se desprende del interesante 20º informe que sobre “Perspectivas agrícolas a medio plazo” presentaron al unísono la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Uno de los aspectos más destacados es el notable cambio previsto en la próxima década, con la India, el Sudeste Asiático y el África Subsahariana jugando un papel más protagonista en el mercado mundial agroalimentario en detrimento de China que, aunque seguirá creciendo, quedará relegado por el auge de los países vecinos.

China, que representó el 28% del crecimiento del consumo mundial de productos agrícolas y pesqueros en el decenio anterior, se prevé que reduzca su participación en la demanda adicional durante la próxima década al 11%, debido no solo a una disminución de la población, sino también a un crecimiento más lento de sus ingresos y a unos patrones de nutrición más estabilizados.

La previsión de la FAO/OCDE es que la India y los países del Sudeste Asiático representen el 31% del crecimiento adicional del consumo mundial de alimentos en 2033, bajo el impulso de su creciente población urbana y su mayor riqueza, mientras que entre las regiones predominantemente de bajos ingresos, el África subsahariana contribuya también con un 18% al consumo mundial adicional, debido sobre todo a la demanda de alimentos por un mayor crecimiento demográfico.

En el informe se prevé que el consumo total de productos agrícolas y pesqueros (en forma de alimentos, piensos, biocombustibles y otras materias primas industriales) crezca a un ritmo anual del 1,1% durante el periodo 2024-2023, y que casi la totalidad del consumo adicional se produzca en países de ingresos bajos y medios.

En el plano nutricional, la ingesta calórica de los alimentos aumentaría un 7% per cápita en los países de ingresos medios, debido sobre todo a un mayor consumo de alimentos básicos, productos pecuarios y grasas, mientras que en los países de bajos ingresos, ese crecimiento de la ingesta se quedaría en un 4% per cápita, un aumento demasiado lento y pequeño para alcanzar la meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de erradicar el hambre en el mundo en 2030.

La limitación de ingresos en esos países dificulta la transición a regímenes alimenticios más ricos en nutrientes y en proteínas basada en productos animales, pescados y mariscos, verduras y frutas, lo cual provoca a su vez, una continua y fuerte dependencia de los alimentos básicos.

En cambio, las preferencias alimentarias de los países de ingresos altos reflejan el creciente interés en los vínculos entre los hábitos alimentarios, la salud y la sostenibilidad, según muestra la ligera tendencia a la baja de la ingesta de grasas y edulcorantes, así como el giro a la ingesta de proteínas, y a su estabilización durante los próximos diez años.

Toda esta disparidad entre países hará necesario, según aseguró el director general de la FAO, Qu Dongyu, “poner en marcha estrategias que cierren las brechas de productividad entre los países de ingresos bajos y medios para aumentar la producción interna e impulsar los ingresos de los agricultores.”

Otra de las conclusiones importantes del informe es que se espera que en la próxima década aumenten los volúmenes de productos agrícolas básicos comercializados a nivel mundial entre las regiones exportadoras netas y las regiones importadoras netas, pero con cambios regionales que reflejen un mayor consumo mundial en la India y los países del Sudeste asiático.

En la seguridad alimentaria mundial van a tener una importancia crítica el “buen funcionamiento de los mercados agrícolas, la reducción de la pérdida y el desperdicio alimentario y las formas de producción más eficientes y menos contaminantes”, según citó Mathias Cormann, secretario general de la OCDE, para quien esto factores contribuirán también a garantizar que los medios de vida rurales se beneficien también de las cadenas de valor agroalimentarias mundiales.

Mejora de la productividad

El crecimiento de la producción agrícola mundial vendrá impulsado principalmente por aumentos de productividad en las tierras de cultivo ya existentes, en lugar de una expansión del área cultivada, según destaca este informe. Esto, a su vez, conducirá a una disminución de la intensidad de carbono de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) de la agricultura, que aun así aumentarían un 5% en términos absolutos durante la próxima década por la creciente producción agrícola.

También se espera que un porcentaje significativo del aumento de la producción ganadera y pesquera se logre mediante mejoras de la productividad, aunque la expansión de los efectivos (rebaños) contribuirán también al crecimiento de la producción.

La mejoría prevista, sin embargo, no será general, puesto que persistirán importantes diferencias (brechas) de productividad, en particular en los países con menores rendimientos productivos de África y Asia, en los que se pondrá en riego las rentas agrarias y la seguridad alimentaria, teniendo que aumentar a su vez las necesidades de importación de alimentos.

Brechas tecnológicas, uso limitado de insumos y condiciones climáticas naturales continuarán siendo en la próxima década algunos de los factores que mantendrán las disparidades en la productividad agrícola entre países.

Que los mercados internacionales de materias primas agrícolas y alimentos funcionen bien (como, al contrario, se está viendo en el difícil contexto geopolítico actual) es otro factor importante para garantizar la seguridad alimentaria mundial. Hoy en día, un 20% de las calorías se comercializan y este hecho apoya la creación de ingresos a partir de diferentes actividades agrícolas; contribuye a mitigar los efectos de las perturbaciones localizadas, como las malas cosechas o los fenómenos meteorológicos extremos, y mejora la participación en los mercados y en las cadenas de valor agroalimentarias de las comunidades rurales.

Aunque sea difícil vaticinar lo que puede suceder en un sector como el agroalimentario, cada vez más influido y dependiente de los riesgos climáticos y geopolíticos, en el informe se prevé (se supone que en situaciones de normalidad) que los precios internacionales de referencia de los principales productos agrícolas básicos reanuden su ligera tendencia a la baja en los próximos diez años, desde los picos que se alcanzaron en el periodo 2020-2022 debido a una conjunción de fenómenos como la pandemia de la crisis del Covid, la invasión rusa de Ucrania o las malas cosechas por razones meteorológicas en algunas regiones productoras clave.

Este descenso de precios se espera que, a corto plazo, sea rápido, mientras que a medio plazo, los precios reales (descontando el efecto inflacionista) de los productos del sector primario deberían seguir igualmente una tendencia bajista, relacionada con una mejora de la productividad.

No obstante, la bajada de precios de las producciones no es garantía de que luego esta tenga reflejo en una disminución paralela de los precios minoristas de los alimentos en los mercados locales.

Mayor consumo

El informe de Perspectivas dibuja también un escenario en beneficio de los consumidores y el medio ambiente. Reducir a la mitad la pérdida y el desperdicio de alimentos para 2030 recortaría a su vez el potencial del 4% de las emisiones mundiales de GEI en la agricultura para 2030, y llevaría a una caída de los precios de los alimentos, cuya contrapartida sería un aumento de la ingesta en los países con ingresos bajos y medios bajos del 10% y del 6%, respectivamente y, por ende, una reducción del número de personas desnutridas en 153 millones (-26%) para ese año.   

En cambio, todo este escenario podría conllevar un importante desafío para los productores y sus modos de vida, al tener que enfrentarse seguramente a precios en origen más bajos para sus productos e incluso a la disminución de su producción.

Según las proyecciones de mercado 2024-2033 para los principales productos básicos, se espera que la demanda de cereales continué estando liderada por el uso alimentario y muy de cerca para la fabricación de piensos destinados a la alimentación animal. En 2033, el 41% de todos los cereales serán consumidos directamente por los seres humanos; el 36% se utilizará para pienso, mientras que el resto irá a procesamiento para fabricar biocombustibles y otros productos industriales.

Las semillas oleaginosas tendrán el reto de su productividad, ya que los principales productos anotarían un crecimiento lento o incluso inferior de sus rendimientos, especialmente en Indonesia y Malasia para el aceite de palma, y la Unión Europea y Canadá para las semillas de colza.

En carnes, la de aves de corral continuará dominando el crecimiento de la oferta y la demanda de consumo, debido principalmente a su relativa asequibilidad y las ventajas nutricionales percibidas, previéndose que podría representar nada menos que el 43% de las proteínas cárnicas totales consumidas en 2033.

En el marco de estas “Perspectivas”, se espera que la producción mundial de leche crezca un 1,6% anual durante la próxima década, en su mayor parte principalmente en la India y Pakistán.

En el sector de la pesca, se vaticina que más del 85% de la producción adicional prevista proceda de la acuicultura, elevando la participación en la producción pesquera mundial al 55% del total en 2023.

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