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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

12 DE julio DE 2019

La alimentación: clave en la planificación urbana

Isabel Fernández Cruz. Asesoría e investigación en agroalimentación

En la actualidad el  55% de la población mundial reside en áreas urbanas, en el caso de España entorno al 80%, según datos de la Organización de Naciones Unidas. Pasear por cualquier ciudad de nuestro entorno, nos devuelve la mejor instantánea del cambio de hábitos en consumo y alimentación que experimentamos desde hace décadas. En esta sociedad globalizada, con un éxodo campo-ciudad infrenable, las urbes, viven y crecen centradas en sus propias dinámicas y ajenas a lo que ocurre fuera de sus límites. Se prima lo rápido y pragmático y en consecuencia acciones habituales como el tiempo para comprar y cocinar se han reducido considerablemente

La ciudadanía delega el peso de su dieta en comidas rápidas y modelos de restauración donde  se sirven mayoritariamente alimentos procesados y preparados, frente a otros más tradicionales basados en productos frescos. La dieta del ciudadano del S. XXI poco tiene que ver con las dimensiones de salud y beneficios socio-económicos de la tan aclamada dieta mediterránea.

Las pautas de consumo han incidido directamente en la producción, transformación y transporte de alimentos, conformando complejas interconexiones entre los procesos sociales, económicos, ambientales y culturales que moldean esta nueva geografía mundial. Con el foco en la planificación urbana el desafío a futuro es garantizar: el acceso a alimentos seguros, la lucha contra la mala alimentación (no vinculada exclusivamente a la subnutrición; pero, también a la sobre nutrición), los retos derivados del cambio climático, la pobreza en las ciudades en un mundo de desigualdades crecientes y el acceso a tierra para actividades relacionadas con la alimentación.

Pare ello será clave trabajar en aspectos relativos a la producción de alimentos, su procesado, distribución, consumo, prevención del desperdicio y gestión de los residuos. Esta puede ser una oportunidad para crear nuevos empleos, mejorar la salud pública y frenar el cambio climático; o por el contrario, un obstáculo para generar sistemas alimentarios sostenibles.

No es menos cierto que, es una novedad que las políticas alimentarias se incorporen a las agendas municipales; y ahí estriba precisamente una de sus mayores dificultades (falta de conocimiento, especialistas, presupuesto…). A esto habría que sumar que los ayuntamientos no tienen control sobre políticas en agricultura, salud o educación; falta comunicación y coordinación con otros niveles regionales y nacionales de la administración, y existe en algunas organizaciones profesionales agrarias y administraciones públicas una idea hegemónica del productivismo, muy alejada del paradigma de un sistema alimentario sostenible en lo ambiental, social y económico.

Sin embargo empieza a ser unánime la idea de que la alimentación puede contribuir a romper la dicotomía rural-urbano y tanto las autoridades municipales como los gobiernos nacionales y la comunidad internacional, reconocen el papel clave que desempeñan las ciudades para abordar los desafíos nutricionales. Así el informe realizado en 2018 por el Comité Permanente de Nutrición del Sistema de las Naciones Unidas; con objeto de revisar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), recomienda la inclusión de aspectos relativos a la alimentación, entre otros, en el objetivo 11: “Ciudades y comunidades sostenibles”. El marco de la FAO para la nueva Agenda alimentaria urbana 2030; apunta que alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 11, es “fundamental” para lograr todos los demás ODS, y destaca la necesidad de un desarrollo urbano y territorial integrado; además de reconocer la centralidad de la seguridad alimentaria y la nutrición en la planificación de ciudades sostenibles.

En el  2015 se firma el Pacto de política alimentaria urbana de Milán, que nace como una estrategia alineada con los procesos internacionales (ODS, Habitat III, COP 21…) para promover sistemas alimentarios más saludables y sostenibles. En la actualidad cuenta con casi dos centenares  de ciudades de todo  el mundo adheridas, más de una veintena españolas -entre ellas siete de las más pobladas del territorio nacional-.

El marco basado en la experiencia propia de las ciudades plantea intervenciones que  tendrán un impacto en diferentes dimensiones (económica, social, sanitaria, ambiental) del desarrollo sostenible. Se identifican como ejes clave de trabajo: la promoción de políticas urbanas nacionales e instituciones transformadoras, gobernanza local y planificación del sistema alimentario, cadenas cortas de suministro de alimentos y compras públicas de alimentos; innovación agroalimentaria en pequeños pueblos, ambiente alimentario y espacios públicos verdes, cadenas de suministro optimizadas y bioeconomía sostenible para reducir las pérdidas de alimentos.

En esta nueva planificación urbana se observan dinámicas comunes; con gran parte del trabajo centrado en la población infantil y juvenil, incidiendo en la importancia de la alimentación saludable y la educación ambiental. Entre las herramientas más utilizadas: los huertos urbanos y comedores escolares o la compra pública para introducir productos de proximidad, agroecológicos, de comercio justo…También se ha puesto el foco en la incorporación de emprendedores  jóvenes mediante “agroincubadoras” o bancos de tierra que faciliten el acceso a la tierra y formación en agricultura ecológica para capacitar a aquellas personas interesadas en emprender en el sector productivo. Para impulsar el abastecimiento y la distribución se han creado mercados de venta directa, ferias y espacios en mercados municipales con afluencia de público consolidada.

El hecho de que en la actualidad más de 450 millones de personas a nivel mundial; viven en urbes que se han adherido al Pacto de política alimentaria urbana de Milán, supone una declaración de intenciones por parte de las ciudades; a tener en cuenta por los estados a la hora de desarrollar políticas alimentarias y asignar los medios y recursos suficientes  a este ámbito.  

Los residentes en las ciudades ya no pueden ser considerados como meros consumidores, y las comunidades rurales no deben plantearse exclusivamente como productores de alimentos. Es fundamental que la ciudadanía en general se reconozca como actor clave para hacer frente a los problemas socioeconómicos y ecológicos complejos que inciden y condicionan la alimentación y la nutrición; habrá que enfatizar su participación en la decisión, planificación y gestión de las políticas locales.

Podemos afirmar que en esta transición hacia una alimentación sana y sostenible que romperá con la disociación rural-urbana, nos encontramos todavía en un escenario lejano a una dieta que permita mejorar nuestra salud y la del planeta, y por lo tanto ante una oportunidad para la acción que contribuya a afianzar procesos iniciados por distintas organizaciones e instituciones a todos los niveles.

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