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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

15 DE julio DE 2020

La CE también tiene estrategia energética

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

Dicen que fue el francés Antonie-Laurent Lavoisier el que constató, allá por finales del siglo XVIII, que “la energía ni se crea, ni se destruye, solo se transforma”, lo cual ya es por sí mismo toda una defensa de la “economía circular”, de la que tanto se viene hablando en estos últimos años, frente a una economía lineal o “del derroche”, basada en el “comprar, usar y tirar” y  vuelta a empezar, que tanto daño está haciendo a la biodiversidad, al clima y al medio ambiente del Planeta por la ingente generación de desperdicios y residuos que tardan en muchos casos siglos en desaparecer.

En realidad, lo que dejó caer este autor (1743-1794), químico de profesión, es el “principio de conservación de la masa”, más conocida como Ley Lavoisier, por la cual “la materia ni se crea, ni se destruye, solo se transforma”. Una frase que marcó el nacimiento de la química moderna y el abandono paulatino de la alquimia, la ciencia que la precedió. Por eso, al científico francés se le conoce también como el padre de la química moderna, de acuerdo a su teoría de que “en una reacción química la suma de la masa de los reactivos es igual a la suma de la masa de los productos.” O, dicho de otra forma, “en una reacción química los átomos no desaparecen, simplemente se ordenan de manera diferente.”

Viene esto a colación porque el pasado 8 de julio, la Comisión Europea presentó otra de sus grandes estrategias en el marco del Pacto Verde Europeo (“Green Deal”) para llevar al continente hacia una posición climáticamente neutra de aquí a 2050. Y esto, además de las Estrategias “De la granja a la mesa” y “Biodiversidad 2030” y de la “Ley europea sobre Cambio Climático y Transición Ecológica”, incluye ahora las propuestas de  “Estrategia de la UE para la integración del sistema energético” y de “Estrategia de la UE sobre el Hidrógeno”.

La primera se sustenta sobre tres pilares principales: un sistema energético más circular, centrado en la eficiencia energética; una mayor electrificación directa de los sectores de uso final, a través de energías “limpias”, y la promoción del uso de combustibles “limpios” incluido el hidrógeno renovable y los biocarburantes y el biogás sostenibles.

La CE reconoce, como no podría ser de otra manera, que la energía es circular, que ni se crea, ni se destruye, sino solo se transforma; vamos, que siempre está ahí, aquí o cambia hacia otro sitio o lugar, de forma directa o indirecta. En el inmediato futuro persigue, con el objetivo siempre por delante de la neutralidad climática, que esa “circularidad” sea todavía más acusada y más eficiente, de manera que los beneficios para ese fin común sean mayores.

Para ser climáticamente neutra de aquí a 2050, Europa debe transformar su sistema energético, que representa el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de la UE. Todo esto pasa por una mayor integración del mismo (y por el hidrógeno, añaden) “para allanar el camino hacia uno nuevo más eficiente e interconectado, impulsado por el doble objetivo de un Planeta más limpio y una economía más fuerte.

En este contexto, “las inversiones previstas en una nueva agenda de inversión en energías limpias, que engarzan también con el Fondo de Recuperación (“Next Generation EU”) y el “Green Deal”, “tienen potencial para estimular la recuperación económica, tras la crisis del coronavirus, crear empleo y reforzar el liderazgo y la competitividad en las industrias estratégicas, cruciales para la resiliencia en Europa.”

Incidencias agro-mar-alimentarias

En lo que atañe a nuestro sector agro-mar-alimentario, la nueva Estrategia sobre la integración del sistema energético de la Unión (dejamos aparte, no porque carezca de importancia, la otra estrategia para impulsar el hidrógeno como energía limpia) incide en todo lo que tiene que ver con los  subproductos, desperdicios y residuos alimentarios o no, procedentes de la propia actividad y cuya gestión y  aprovechamiento “circular” para la generación de energía está ya a la orden del día, pero que deberá seguir potenciándose, y mucho, durante los años venideros.

Incide también en lo que puede contribuir este amplio sector, en su aspecto agroindustrial principalmente, en todo lo referido a la cogeneración energética. Es decir, al aprovechamiento de la energía generada, en exceso o no, debido al desarrollo de su actividad (agrícola, ganadera, industria de transformación y procesamiento alimentario o de materias primas “non food”), con la que luego puede producirse energía “limpia” ya sea eléctrica, de biomasa o de biogás…etc., que pueda volcarse en el sistema y también retribuirse.

Y, en tercer lugar, puede incidir en el fomento de biocombustibles energéticos sostenibles (biocarburantes, biogás, bioetanol, biodiesel), generados a partir de materias primas agrícolas o ganaderas, esencialmente no alimentarias (aquí radica un dilema “ético”, derivado del uso industrial de materias primas agrícolas, como el maíz u otros cereales, cuyo destino principal es el alimentario, mientras que existen en el mundo millones de personas que pasan hambre).

Pero… ¿qué busca la CE con la integración del sistema energético europeo? Ardua tarea. Nada menos que un marco para la transición hacia una energía “ecológica” o “limpia”, ya que “el modelo actual, en el que el consumo de energía en el transporte, la industria, el gas y los edificios se está produciendo  en “compartimentos separados”, cada uno de ellos con cadenas de valor, normas, infraestructuras, planificación y operaciones separadas. Y, de esta manera y con esta situación, la CE considera que no puede lograrse la neutralidad climática pretendida de aquí a 2050 de manera rentable.” En este punto se reconoce también que “los costes cambiantes de las soluciones innovadores deben integrarse en la forma en cómo gestionamos nuestro sistema energético, creando nuevos vínculos entre sectores y aprovechando los avances tecnológicos.”

La Comisión reconoce que el sistema energético actual sigue basándose en varias cadenas de valor energéticas paralelas y verticales (es decir, que cada una va a su bola), que vinculan rígidamente los recursos energéticos específicos con sectores específicos de uso final.

La primera consecuencia de esta falta de integración, añade, es que se desperdicia una cantidad significativa de energía. Y pone ejemplos: los productos petrolíferos son predominantes en el sector del transporte y como materia prima para la industria. El carbón y el gas natural se utilizan principalmente para producir electricidad y calefacción. Las redes de electricidad y de gas se planifican y gestionan de manera independiente. Por si fuera poco, las normas del mercado son, en gran medida, específicas para cada uno de los distintos sectores.

En conclusión: La CE considera que el actual modelo energético, de compartimentos estancos, separados, no pueden dar lugar a una economía climáticamente neutra, ya que “es técnica y económicamente insuficiente y conduce a pérdidas sustanciales en forma de calor residual y baja eficiencia energética.”
Integración energética

Pero… ¿qué significa esa integración del sistema energético europeo? Pues, simplemente (esto en apariencia) que el sistema se planifica y gestiona en su conjunto, vinculando los diferentes valores energéticos, infraestructuras y sectores de consumo. A efectos prácticos se considera que un sistema energético integrado, es decir, “conectado” y “flexible”, será más eficiente y reducirá  los costes para la sociedad. Un ejemplo: “la electricidad que “alimenta” (es decir, provee de energía) los automóviles de Europa podría proceder de panales solares en nuestros tejados, mientras que se mantiene la temperatura en nuestros edificios con el calor de una fábrica cercana, y la fábrica se alimenta de hidrógeno limpio producido a partir de energía eólica marina.”

Este sistema integrado permitiría combinar el suministro de energías renovables y descarbonizadas con tecnologías eficientes de gestión de la demanda, como los motores eléctricos, las bombas de calor y las pilas de combustible. La CE cree que “solo pueden lograrse reducciones sustanciales de emisiones de GEI mediante una combinación de eficiencia energética y cuotas muy elevadas de energías renovables, a las que contribuiría esa mayor integración.”

La estrategia para crear ese sistema energético más integrado en la UE cuenta con 38 acciones, Su plasmación deberá superar, tras los análisis pertinentes, los numerosos obstáculos y problemas que existen en la actualidad. Entre estas acciones se incluyen la revisión de la legislación vigente; el apoyo financiero; la investigación y el despliegue de nuevas tecnologías y herramientas digitales; las orientaciones para los Estados miembros sobre medidas fiscales y la eliminación progresiva de las subvenciones a los combustibles fósiles; la reforma de la gobernanza del mercado y la planificación de las infraestructuras, así como una mejor información a los consumidores.

Energía más limpia

La CE interpreta que un sistema energético más integrado e interconectado, mediante la captura y reutilización de energía residual, será más limpio, con un mayor uso del calor y de la electricidad a  partir de fuentes renovables aplicadas a la demanda de la industria, el transporte y la calefacción. Incluso, en aquellos otros sectores en los que la electrificación es más difícil de aplicar, se proponen medidas que promuevan combustibles más limpios, incluidos biocombustibles y biogás sostenibles, así como el hidrógeno renovable.

La comisaria de Energía, Kadri Simson, fue clara al afirmar que “teniendo en cuenta que el 75% de las emisiones de GEI de la Unión Europea proceden de la energía, necesitamos un cambio de paradigma para alcanzar nuestros objetivos de 2030 y 2050. El sistema energético europeo tiene que integrarse mejor, ser más flexible y adaptarse a las soluciones más limpias y con mejor relación entre coste y eficacia.”  Y en relación al hidrógeno, cree que este gas inflamable “desempañará un papel clave a este respecto, ya que la reducción de los precios de las energías renovables y la innovación continua lo convierten en una solución viable para una economía climáticamente neutra.”

El principio de “eficiencia energética primero” se sumaría a otras medidas que garantizarían que las decisiones de los clientes de ahorrar, cambiar o  compartir energía reflejan de forma adecuada el uso de energía durante el ciclo de vida y el impacto de los diferentes vectores energéticos, incluidos la extracción, producción, reutilización o reciclaje de materias primas, así como la conversión , transformación, transporte y almacenamiento de energía, junto a una cuota creciente de energías renovables en el suministro de electricidad.

En la actualidad, la UE importa el 58% de sus necesidades energéticas, principalmente en forma de petróleo y gas. Con esta transición hacia el objetivo de una energía “limpia”,  mediante la estrategia de integración del propio sistema energético, la Unión reduciría también su dependencia exterior de los combustibles fósiles. No solo consumiría menos energía en general, sino que lo haría recurriendo cada vez más a recursos renovables nacionales y diversificando gradualmente sus fuentes e importaciones de energía hacia vectores cada vez más limpios, como el hidrógeno renovable. Todo ello (ahorros energéticos, diversificación de fuentes y producción propia nacional) contribuirían a construir una economía europea más resiliente, según argumenta la Comisión, en el horizonte de 2050.

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