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El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

Periódico Digital Qcom.es: El punto de encuentro de la cadena agroalimentaria

1 DE septiembre DE 2020

La resiliencia de la cadena alimentaria en la era Covid-19

Ricardo Migueláñez. @Rmiguelanez

No éramos pocos los que pensábamos que, pasado un tiempo, unos meses por ejemplo, la sociedad iba a echar de nuevo en el olvido el papel que la cadena alimentaria en su conjunto (desde el agricultor y ganadero, hasta el/la dependient@ del supermercado, pasando por toda la industria alimentaria y la logística de transporte y mantenimiento de alimentos) desarrolló durante el trimestre más duro (marzo, abril y mayo) de la pandemia del coronavirus y del confinamiento, cuando garantizó con óptimos resultados el abastecimiento de la mayoría de estos productos básicos ante una demanda, que se lanzó en los primeros días a comprar como si se acabara el mundo.

Como aquellos niños que ingenuos creen que la leche o los huevos vienen del frigorífico, la sociedad española parece considerar que el esfuerzo realizado por la cadena alimentaria para garantizar eficazmente la disposición de alimentos y bebidas no tiene mayor importancia, dado que, incluso en esos meses tan difíciles, no hubo demasiados problemas para que los ciudadanos encontrasen a precios razonables en el súper de la cercana esquina la mayor parte de los productos que necesitaban.

Como apenas hubo problemas y todos los eslabones y engranajes de la cadena alimentaria, salvo contadas excepciones, funcionó con mayor o menor esfuerzo de manera eficaz, dieron por hecho o por sentado que todo esto era algo “normal” dentro de la anormalidad en la que se instalaron sus vidas en esos días álgidos del confinamiento total por la Covid-19. Y, como sucede en tantas ocasiones, nadie valora lo que no cuesta o es fácil de conseguir. Y como no se valora, pronto se olvida también.

No obstante, nos encontramos con sorpresas positivas, como el informe realizado por el grupo de recursos humanos Randstad, -ver presentación en archivo adjunto- en el que destaca que la cadena agroalimentaria de nuestro país se encuentra entre los mejores sistemas agroalimentarios del mundo, siendo además un referente mundial durante la crisis sanitaria de la COVID-19.

Una de las claves, añade, está en la solidez del sector alimentario, que se refleja en que es la principal industria de nuestro país, empleando a cerca de medio millón de personas. Pero para continuar con su receta de éxito, la industria alimentaria debe abordar la digitalización y la automatización como sus principales retos.

El sector agroalimentario, según esta compañía, se ha erigido durante estos meses marcados por la pandemia en un ejemplo de resiliencia (capacidad para adaptarse y superar la adversidad) como lo demuestra la menor incidencia -distinto a la no incidencia- de los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), pues solo una de cada cuatro empresas dentro de esta industria recurrió a este salvavidas, prácticamente la mitad (49 %) que la media de todos los sectores.

El estudio de Randstad Research destaca que el 9 % de las empresas, la mayoría pymes, que desarrollan su actividad en este ámbito amplió su plantilla de forma puntual para afrontar los "picos" de actividad que se derivaron de la mayor demanda de alimentos en el supermercado registrados entre marzo y abril, cuando fue decretado por el Gobierno el confinamiento social y económico en nuestro país para frenar la desaforada expansión del coronavirus, que colapsó las urgencias de los hospitales.

Menor impacto laboral

Esta compañía de recursos humanos señaló en su informe que, a pesar de esta enorme resistencia ante la adversidad general, la cifra total de trabajadores en el sector agroalimentario se redujo ligeramente en términos absolutos: si la industria alimentaria empleaba a 465.000 personas en el primer trimestre de 2020,  en el segundo el número de trabajadores contratados disminuyó un moderado 1,7 %, hasta los 456.900, debido a que no todas las empresas, ni sectores (vino, espirituosos, alimentos gourmet, floristería, etc.) pudieron aguantar en sus negocios el cierre total del canal de hostelería, restauración y catering (Horeca), la práctica desaparición del turismo nacional e internacional y la clausura de las actividades de servicios y ocio (festividades, eventos culturales, actos sociales y religiosos…etc.).

Aun con todo, añade Randstad, el impacto fue leve si lo comparamos con otras áreas de la economía española, puesto que más de un 30 % de las empresas del sector lograron mantener su actividad al 100 % y conservaron su facturación, el doble de lo que lo hizo la media de todos los sectores.

Desde la patronal de la industria de alimentación y bebidas (FIAB) ya se había recordado que el mayor daño causado por la pandemia durante los meses álgidos de la misma correspondió a los subsectores y compañías más vinculados con el negocio de la hostelería y la restauración, profundamente afectado por la caída del turismo y las restricciones. Un hecho en el que no ha habido durante los meses de verano apenas una leve recuperación, temiéndose ahora lo que pueda suceder en los meses de otoño e invierno, que se vaticinan muy duros también, debido a los brotes y rebrotes del Covid-19 en nuestro país y en buena parte de Europa.

Por otro lado, la producción de la industria de la alimentación cayó el 15,2% y la de fabricación de bebidas lo hizo un 35,7% en mayo respecto al mismo mes de 2019. Una caída que contrasta con el aumento del 18,5% del total de la industria en general, pero que es debido a la recuperación del resto de actividades, tras la paralización casi total de producción por el confinamiento y el estado de alarma decretados, de la que se salvaron sectores considerados esenciales, como lo es la alimentación.

Ambos indicadores –empleo y producción- corroboran que, dada la importancia estratégica del sector, buena parte de las empresas tuvieron que mantener con su actividad. De hecho, y según lo expresado por los directivos del sector en este informe, el 76% de sus empresas no redujeron ni paralizaron temporalmente la actividad durante la crisis.

En cualquier caso, el director de Randstad Research, Valentín Bote, resaltó que “nos encontramos ante uno de los sectores con mayor resiliencia de nuestra economía, que ha mantenido e incluso aumentado la producción durante los meses de confinamiento total de la población”, destacando que también son mejores los índices de confianza en la industria agroalimentaria, puesto que, según dicho estudio, nueve de cada diez directivos del sector estima que la recuperación total llegará el segundo trimestre de 2021.

Otras de las claves de esta actividad industrial es la alta capilaridad de su implantación territorial, jugando un papel fundamental en la fijación de su población y desarrollo local. De hecho, las 31.000 empresas que componen este sector son en su mayoría pymes que se localizan principalmente en localidades de menos de 50.000 habitantes.

Característico del sector agroalimentario, destaca el informe, es la menor incidencia, evidente, del teletrabajo, con un 40 % de las empresas que han apostado por esta fórmula, frente al 56 % de la media nacional.

La envergadura y solidez de la industria alimentaria es responsable en gran medida del éxito de la cadena agroalimentaria que menciona el estudio “La receta del éxito”, elaborado por la consultora Llorente y Cuenca, FIAB y el grupo Mercasa, donde se destaca el peso relevante que tiene un sector que, con una producción por valor de 116.000 millones de euros, supone el 3% del Producto Interior Bruto (PIB) nacional, siendo la primera actividad industrial de nuestro país.

Retos

Precisamente, según la patronal española de empresarios, CEOE, la implantación de la digitalización y las nuevas tecnologías, con especial énfasis en el mundo rural, es uno de los retos a los que se tiene que enfrentar la industria agroalimentaria española si quiere mantener su senda de éxito, según esta compañía.

La automatización de determinados procesos es también fundamental para dar respuesta a una demanda que cambia a cada instante, con el fin de mejorar los tiempos de producción y reducir plazos de respuesta y de sobreproducción coyuntural, lo que permitiría al sector ser más sostenible.

En tercer lugar, otro reto importante al que la industria se tiene que enfrentar es el de la seguridad en el contexto actual de prevención de riesgos sanitarios. Al igual que todos los sectores, los trabajadores de la industria alimentaria han tenido que extremar las medidas de higiene y prevención, pero dadas las características de los productos del sector, se exige además una continua desinfección de locales y superficies, amén de una desinfección aérea para asegurar la seguridad de los alimentos.

Como no se trata de dar puntadas sin hilo, el grupo de recursos humanos, Randstad, “conscientes de la importancia de contar con el mejor talento de una forma ágil, en especial en su sector tan competitivo como el de la industria alimentaria”, ha puesto en marcha la iniciativa “Talento en una hora”, a través de la cual se compromete a facilitar en menos de 60 minutos los candidatos ideales que necesiten las empresas del sector agroalimentario.

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